LA PASIÓN Y EL ABOLENGO

Conocer gente como él es una de las recompensas con que la vida sabe regalarnos sabiduría, inteligencia, orgullo, señorío, regocijo y, por encima de todo, pasión. Era don JOSÉ JULIÁN LLAGUNO de los escasísimos personajes que aún quedan con tantos dones juntos.

Sí; con él te topabas a un gran personaje, al prototipo del ganadero de bravo de abolengo, de categoría; en cuya voz, brillante y metálica, parecían venir siglos de erudición sobre la crianza del toro de lidia. A cada instante te comunicaba genuinamente lo que es ser un ranchero de verdad, de cuna y de linaje.

Su personalidad fortísima y la autoridad de un General me impactaron cuando, en mis años de joven reportero, le hice entrevistas para el periódico, la revista, la radio o la televisión siendo don JOSÉ JULIÁN, además de un ganadero de primera línea, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia. Pero pronto supe de su cordialidad y su prontitud para la broma y la carcajada frecuente.

Era dueño de una muy acentuada mirada de águila y la sagacidad del águila. Por ello, sin duda, supo llevar con inteligencia ese cargo que requiere aptitudes políticas. Recuerdo, por ejemplo, que te argumentaba muy firme y sabrosamente sus conceptos, pero si en algún punto diferías con él, su respuesta solía ser diplomática, ingeniosa y risueña.

Aunque se sabía el tema de la ganadería brava de la A a la Z y te relataba anécdotas que vivió desde “EL SOLDADO” y “MANOLETE”, lo más atractivo de su personalidad eran su energía y pasión con las que te hablaba y vivía. De ello dejó constancia en aquel panel que armaron en la televisión los periodistas RAÚL ORVAÑANOS y Heriberto Murrieta para reunirnos a ALFREDO LEAL representando a los toreros, a CHUCHO ARROYO por los empresarios, no recuerdo si a BENY CARMONA o a JUAN VÁZQUEZ por los subalternos, a mi menda por los cronistas taurinos y, por supuesto, a don JOSÉ JULIÁN por los ganaderos. Sus intervenciones, por vehementes, fueron las más emotivas, llenas de amor y romanticismo por el toro y la Fiesta.

Con igual pasión defendía su dignidad y la de sus nobles apellidos. Como aquel día del famoso MONTERAZO en la plaza “México”. Sus toros, además de bravos y de buen estilo, siempre fueron poderosos; pero esa tarde, como nunca, les dio por caerse todos. Quizá alguna infección o vaya usted a saber. El caso es que, ya para el quinto de la corrida, el público explotaba contra el ganadero gritándole lo que no está escrito y, en esas, al matador de turno se le ocurre la venenosa idea de cruzar todo el ruedo para brindarle la muerte del toro precisamente al ganadero increpado. Como era de esperarse, la bronca se multiplicó en contra de JOSÉ JULIÁN. Acto seguido, sólo se vio volar del palco de ganaderos la montera lanzada como proyectil de vuelta al ruedo como respuesta valiente y con temperamento ante semejante insolencia.

La cosa no paró ahí, pues JOSÉ JULIÁN esperaba que terminara el festejo para irse contra el torero. Sólo la intervención mediadora, nerviosa y angustiada de PEPE CHAFIK (“Pepito cálmate, por favor Pepito, por el amor de Dios Pepito”) evitó un desaguisado mayor. Ese también era LLAGUNO IBARGÜENGOITA, el señorón que nos dejó el jueves de la semana pasada con sus noventa esplendorosos años.

Venía con frecuencia a visitarme a la oficina cuando era yo Secretario General de la AMET (Asociación Mexicana de Empresas Taurinas) y, sin perder nunca su alegre vivacidad, me dejaba claras sus prioridades en la crianza de toros: bravura, buen estilo y trapío. Pero usaba a menudo un concepto que me encantaba, el de lograr en el toro la capacidad de ayudar al torero a TRANSMITIR su sentimiento. Y esa, para mí, es la definición más hermosa del arte.
Correo electrónico: teran.paco@gmail.com

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