27 octubre, 2021

“HOY, A LA GENTE, LE CUESTA SONREIR”… 1era DE TRES ENTREGAS.

Interesante es lo que nuestro amigo Paco Camino Gaona, hijo mayor del “Niño Sabio de Camas” nos comparte. La entrevista la hizo ya hace varios meses Covadonga Saiz Bernuy y la publicó en “Claridades”.

A caballo entre las provincias de Ávila y Cáceres, en el término de Talayuela, camino de Madrigal de la Vera, se encuentra la Finca “Los Camino”, donde el maestro cuida de sus negocios y su ganadería, una pequeña camada de reses de Santa Coloma que compró en los años 60 a Joaquín Buendía, y es la forma de seguir ligado a los toros que le dieron la gloria, pues fue un encaste con el que cosechó importantes éxitos en su carrera.

Interesante es lo que nuestro amigo Paco Camino Gaona, hijo mayor del “Niño Sabio de Camas” nos comparte. La entrevista la hizo ya hace varios meses Covadonga Saiz Bernuy y la publicó en “Claridades”.

A caballo entre las provincias de Ávila y Cáceres, en el término de Talayuela, camino de Madrigal de la Vera, se encuentra la Finca “Los Camino”, donde el maestro cuida de sus negocios y su ganadería, una pequeña camada de reses de Santa Coloma que compró en los años 60 a Joaquín Buendía, y es la forma de seguir ligado a los toros que le dieron la gloria, pues fue un encaste con el que cosechó importantes éxitos en su carrera. La finca está dividida en dos, la de regadío y la de secano, y en ella se cultiva tabaco, espárragos, azúcar y maíz.

Al entrar en la propiedad, se escucha el ruido de la segadora y huele a hierba mojada recién cortada. Nos recibe el “sabio de Camas” en el porche de una preciosa casa engalanada con un toque entre la coquetería andaluza y la sobriedad extremeña. Por dentro, se respira ese aroma de las casas muy vividas y al mismo tiempo bien cuidadas.

Nos sentamos en un cómodo sofá rodeados de recuerdos, cabezas de toros importantes y fotografías entre las que llama la atención una en la que Charlton Heston departe amistosamente con Camino desde una barrera en las Ventas. Otros tiempos, cuando el toreo tenía “glamour” y el torero ocupaba otro puesto en la sociedad. La estancia tiene el encanto añejo de los recuerdos que cobran forma de esculturas, cuadros, imágenes y trofeos… Es sencillamente la casa de un torero de ayer.

Le agradezco al maestro la hospitalidad y el detalle de abrir las puertas de su casa a Clarín Taurino. “Hombre, eres la nieta de Claridades, y fui muy amigo de tu padre…” Y compruebo que don Paco Camino tiene buena memoria porque al coger la revista entre sus manos, y ver la foto de mi abuelo, me recuerda la terna de toreros por los que Claridades sentía verdadera devoción: “Pepín Martín Vázquez, Benítez y yo”.

Efectivamente. Con esta entrevista yo cumplo con ese brindis familiar hacia “Claridades” pues en el Clarín Taurino de 1996 mi padre redactó el mano a mano con Pepín Martín Vázquez, en el número de 2014 yo la llevé a cabo con Manuel Benítez “El Cordobés” y en el 2015 con Paco Camino. La terna de mi abuelo está completa.

Comenzamos la entrevista hablando de su infancia. Paco Camino nació en Camas (Sevilla) el 14 de diciembre de 1940. Era hijo de un modesto banderillero que se anunciaba como “Rafaelillo de Camas”, y él trabajaba como aprendiz en una panadería del pueblo.

— ¿Cómo llega el toreo a su vida? ¿A través de su padre o por el ambiente de Camas?

— En Camas había mucho ambiente de toros y la gente iba a jugar al toro al campo de futbol, pero a mí no me gustaba eso de torear en un campo de futbol así que iba allí solo a ver entrenar a los demás: Marqueño, Curro Romero, el Congo, el Pío, Pepe Riva… todos de Camas. Y yo volvía a mi casa y toreaba solo.

Cuando aún estaba en el colegio, le llevaron un día en bicicleta a un lugar de Camas llamado “la Tocinera”, y se puso delante de una becerra cruzada, colorada de retienta y allí le vieron y… “se corrió la voz entre ganaderos de que había un chiquillo en Camas que toreaba muy bien y empezaron a llevarme a tentaderos. Y Chicuelo padre y Pepe Luis Vázquez me llevaban mucho al campo donde observaba y aprendía”.

Al hablar del aprendizaje del torero, le pregunto por el método con el que aprendió a torear y hablamos de los entrenamientos: “Yo no entrenaba mucho porque no tenía tiempo, trabajando de 12 de la noche a 12 de la mañana te imaginarás que lo que me pedía el cuerpo era dormir. Yo eso de entrenar no lo he entendido como otros muchos que van a correr y torean tanto de salón… ¿Para qué me voy a poner yo a correr y correr si luego sale el toro y me tengo que quedar quieto? Para mí el mejor entrenamiento era observar a los buenos, a Bienvenida, Pepe Luis, Chicuelo… y estar delante del animal, en el campo, en los tentaderos, pero eso de correr y torear de salón, no era para mí. El toreo es quietud y muñequeo. Correr solo sirve para salir a la plaza y saber saltar bien al callejón…”.

— Habla usted de Chicuelo y Pepe Luis, como los toreros en los que se fijaba. ¿Hubo algún detalle o un instante por el que usted decidiera definitivamente que el toreo era lo suyo?

— Bueno, yo lo que recuerdo es que me gustaba torear, observar y tenía afición. Me gustaba ir a ver entrar y salir a los toreros de la plaza. Un día toreaba Ordoñez en Sevilla y me fijé en él y luego me iba al hotel para verle entrar. Y después me volvía a Camas rápido, porque tardaba dos horas en volver andando.

Vistió su primer traje de luces en 1955 en Cumbres Mayores (Huelva) alternando con Diego Puerta, que sería uno de los rivales más fuertes de su carrera, y debutó con picadores en Zaragoza un 7 de septiembre de 1958. La alternativa tuvo lugar en Valencia el 17 de abril de 1960, siendo su padrino Jaime Ostos y actuando de testigo “Mondeño”, con toros de Urquijo, y confirmó en Madrid el 12 de mayo de 1961 con toros de Antonio Pérez de San Fernando, siendo su padrino Julio Aparicio y testigo José Mª Clavel.

Desde el principio destacó por ser un diestro dominador de todas las suertes, poseedor de una técnica depurada con la muleta, un excepcional matador de toros y pionero con la capa en la suerte de la chicuelina ejecutada de frente al toro, imagen que ha quedado grabada en muchas filmaciones y ha servido de inspiración a otros toreros. Su gesta en la Corrida de Beneficencia de 1970 matando 6 toros de diferentes ganaderías a los que cortó 8 orejas, en Las Ventas, fue un acontecimiento histórico. La variedad de repertorio y su capacidad lidiadora quedaron patentes.

— Y hablando de capacidad y técnica… creo que usted sostiene la teoría de que el torero no debe esperar a que salga por chiqueros el toro que le permite hacer el toreo que lleva dentro. Es decir, usted considera que a través de la técnica el torero siempre debe de estar bien y adaptarse a todos los tipos de toro, ¿no es así?

— Hombre, es que como te quedes esperando a que salga el toro bueno, bueno, bueno… puedes esperar sentado. Hay que adaptarse a todo tipo de toro y saber pensar delante de el pero con rapidez para resolver situaciones. Para eso está la técnica, para ser capaz de torear el mayor número de toros posible. Claro, que eso también lo da el oficio y el torear mucho, pero mi concepto es que si el torero quiere dedicarse a esto, debe de intentar estar bien siempre, tenga delante el toro que tenga. La inteligencia y la capacidad están para eso, para no tener que esperar a que salga el toro perfecto.

— Después de Paco Camino, ¿Quién ha sido el torero que más se ha acercado a esa tauromaquia tan completa como la suya, de absoluto dominio de todas las suertes?

Se lo piensa y aunque manifiesta sus dudas, afirma que: “De los de hoy el Juli es un torero completo, y Joselito ha sido muy capaz en sus encerronas con seis toros y mató más corridas que yo en solitario, aunque 8 orejas en aquella tarde en Madrid en 1970, fue por entonces algo único. Lo de Madrid tuvo mérito porque fue con toros de diferentes ganaderías y estaba preparado para ello. Pero lo importante es que fueron 6 toros pero podían haber sido 7 porque yo no me fatigaba mucho delante del toro. El toreo no es para cansarse, es para estar cómodo, ser natural.

Me sonrío cuando habla de la falta de fatiga delante de la cara del toro, pero el maestro insiste: “Pero si es que no tiene sentido. A mí eso de esforzarse demasiado no me va. Mi estilo era ir al ritmo de cada toro pero sin agobios, al paso sin que parezca que está uno trabajando a destajo”.

Pese a la técnica, Camino fue un torero que sufrió numerosos percances a lo largo de su trayectoria. No hay secreto, se ponía en el sitio donde los toros no perdonan y la huella de su exposición está grabada sobre la piel del maestro con 30 cicatrices. En la temporada de 1961 fueron tres seguidas las sufridas y dos de ellas de máxima gravedad y en su reaparición en 1980 recibió una cornada brutal en el cuello que le llegó hasta el tórax.

— Fue usted un torero muy castigado por los toros. De hecho en la temporada de 1961 sufrió tres cornadas seguidas y le administraron la extrema unción ¿Cómo se sobrepone uno a la cornada y cómo se convive con ello?

— En el 61 fueron tres, en Pamplona, Bilbao y Salamanca. Pero eso de la extrema unción… bueno, son cosas que ni me acuerdo. Así es esta profesión, pero nunca le he dado muchas vueltas. Y lo de sobreponerse va en el carácter, la mentalización y sobre todo… la necesidad. El que nace en una buena familia con comodidades, no necesita ni torear ni volverse a poner delante después de una cornada. Pero una vez que te coge la primera vez y ya conoces la sensación, te acostumbras y no queda más remedio que volver a torear porque en mi caso era necesidad. Pero es que no me paraba yo mucho a pensar en la cornada. A mí me cosían y a los 15 días a torear, y si la herida se abría, pues ya volvería a cerrarse. La cornada se afronta como se afronta cualquier accidente, como una mala suerte y con naturalidad.

— La muerte en el ruedo de su hermano Joaquín, ¿hizo que se planteara la retirada?

Camino relata los hechos con mucha naturalidad.

— Aquello me afectó muchísimo pero forma parte de la vida. Fue un accidente. Yo me fuí ese año porque la familia me pidió que descansara. Así que me retiré unos meses y volví para la temporada de América.

Le pido al maestro que hablemos de América por donde sentían pasión por él desde el año 1962 en que confirmó la alternativa con toros de Llaguno y Antonio Velázquez de padrino y Humberto Moro de testigo.

— Yo en América toreaba 20 ó 25 corridas, incluso un año toreé 58 entre Méjico, Venezuela, Ecuador y Colombia.

— ¿Qué diferencia hay entre el público español y el americano?

— Es un público muy apasionado, muy entregado y con una gran afición. Perú también y Ecuador era una afición nueva que se estaba haciendo cuando yo toreaba allí…

—Buena afición y… las mujeres más guapas del mundo, ¿no?

El maestro se sonríe y reacciona rápido…

— En Cali, si, muy guapas. Dieciséis años estuve yendo a torear… pero yo no estaba en esas cosas, me fijaba, me gustaban pero… nosotros allí íbamos… “a toreá”. ¡Hombre, con ventitantos años, cómo no me iba a fijar! Pero no he sido yo hombre de grandes juergas. Yo si quería hacer algo, me iba a donde nadie me viera…

La segunda parte espérela el martes…

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