LXIII LEGISLATURA FEDERAL SENADO DE LA REPÚBLICA P R E S E N T E

Eduardo Ramírez Ortiz, mexicano, casado mayor de edad, con domicilio bien conocido en la ciudad de Zacatecas, capital del mismo nombre, y al corriente de toda obligación hacendaria, haciendo uso de mis derechos civiles, me permito emitir mi opinión a esta Soberanía, con respecto al interés que han mostrado las y los señores Senadores de la República Mexicana, en el sentido de que las personas puedan acudir a las plazas de toros a presenciar cualquier tipo de espectáculo taurino hasta que tengan la edad de 18 años cumplidos.

Para exponer mis argumentos no me referiré ni al poeta gitano Federico García Lorca ni al pintor Pablo Picasso; tampoco haré mención de autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez.

Tampoco citare al recién laureado cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu ni a ningún los miles de creadores o personaje de las bellas artes, quienes no sólo disfrutan del arte del toreo, sino que, de manera clara y contundente, han explicado el por qué de su gusto por esta fiesta.

Para emitir mi postura y opinión respecto a la iniciativa en comento, impulsada por las señoras y señores senadores: Diva Hadamira Gastélum Bajo (PRI), Gabriela Cuevas Barrón (PAN); Dolores Padierna Luna, Luz María Beristaín Navarrete, Mario Delgado Carrillo, Alejandro Encinas Rodríguez y Zoé Robledo Aburto (PRD); Ana Gabriela Guevara Espinoza, Layda Sansores Sanromán (PT) y la independiente Martha Tagle Martínez.

Me dirijo a todos los integrantes de esta Cámara Alta en uso de mis atribuciones como ciudadano representado por ustedes, quienes, a la sazón constituyen la voz de todos nosotros, mujeres y hombres plurales, en la Máxima Tribuna de los Estados Unidos Mexicanos.

Aludo para ello la preocupación manifiesta de los señoras y señores senadoras, con relación a la adición del párrafo segundo al Artículo 46 así como una fracción VIII al artículo 47 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para prohibir que las y los menores de edad lidien novillos o toros; en la que se establece que queda también prohibida la entrada a menores de 18 años a la celebración de corridas de toros, rejoneos, vaquilladas, tientas, novilladas y peleas de gallos.

En su exposición de motivos, los señores legisladores argumentan que la salud física y emocional de los menores de edad que son entrenados para ser toreros o participar de alguna manera en espectáculos taurinos, es una de las peores formas de abuso laboral.

Aducen también que: «México debe de manera urgente adoptar, en todos los niveles de gobierno, reformas legales que prohibían la participación de menores en espectáculos taurinos, ya sea como protagonistas o como espectadores».

«Es una de las peores formas de abuso laboral», retomo lo expuesto por ustedes para apuntalar mi argumento, en el sentido de que si bien es loable su deseo y preocupación por la salud de las niñas y niños mexicanos en este sentido; es digno también de llamar la atención el hecho de que sea señalado lo anterior en un país donde el trabajo infantil registra cifras alarmantes.

Según el Consejo Nacional de Población, los infantes menores de 15 años representan el 28 por ciento de la población total y, según cifras del INEGI (2011) alrededor de tres millones de niños y niñas de entre 15 y 17 años se encuentran trabajando.

Y si le agregamos que la pobreza alimentaria en México alcanza a 11.7 millones de menores de edad, de acuerdo con un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Son alrededor de 10 mil los menores que mueren al año en nuestro país por problemas asociados con la mala alimentación; dos millones padecen desnutrición crónica, hecho que se agudiza en las zonas de las altas montañas, semidesérticas y en los asentamientos indígenas.

Cito también el caso de los 50 mil niñas y niños que son víctimas del tráfico sexual a lo largo de la frontera con los Estados Unidos de América, donde son mercancía del llamado ‘turismo sexual’ con casos aberrantemente documentados donde ya son comercializados desde los primeros meses de vida, sufriendo todas las consecuencias que esta brutalidad acarrea, no sólo en la franja fronteriza sino también en otras ciudades del país.

O qué decir de los niños que trabajan en verdadera condición de esclavitud en los campos agrícolas de Sonora, Sinaloa y Coahuila, donde también dejan la infancia y la vida en las minas de carbón.

Hablamos de niños que no dan la talla que a la edad de nueve años deberían dar, cuyos semblantes lucen cansados y la piel de sus caras y brazos es opaca reseca llena de manchas, producto de la desnutrición crónica que los hace presas fáciles de cualquier infección.

Señoras y señores senadores:

La realidad del país en materia del bienestar infantil es bastante debatible. Luego entonces también es evidente que la prioridad, en este sentido, debe enfocarse a legislar a favor de que el Estado genere políticas públicas para que todas las niñas y todos los niños de México se desarrollen en igualdad de oportunidades, para que todos tengan una buena alimentación, educación de calidad, acceso a la salud y sobre todo, por encima de cualquier cosa, sea garantizado el respeto irrestricto a sus derechos elementales como niños y futuros ciudadanos.

Las niñas, niños y adolescentes que asisten a la fiesta del toreo lo hacen acompañados de adultos: padres, madres o familiares directos, por lo regular. Hablamos de familias que encuentran también en los espectáculos taurinos un sitio para reafirmar los lazos de la célula más importante de la sociedad. Amén de que la gran mayoría de los infantes que demuestran interés por dedicarse al toreo, o que laboran en las áreas de la tauromaquia, también provienen de familias que han hecho de esta actividad una forma de vida y una tradición no de ahora, sino que tiene su carta de naturaleza varias generaciones atrás.

Coincido plenamente con ustedes, en el sentido de que la primera etapa de la vida de los seres humanos es determinante. También secundo la moción y su interés de erradicar de nuestro país cualquier forma de abuso laboral y maltrato contra las niñas, niños y adolescentes de México; no obstante, también preciso hacer de su conocimiento que no restringir la edad de quienes asisten a eventos como las corridas de toros no contribuirá a erradicar el problema.

Estoy cierto que la tarea legislativa coadyuva a la creación de políticas públicas que el Estado Mexicano está obligado a instrumentar e implementar para beneficio de todos los sectores de la sociedad; pero también tengo la certeza de que existen temas mucho más apremiantes como los arriba expuestos, que requieren de la urgente atención no sólo del Poder Legislativo, sino también de todos los órdenes de gobierno y de la sociedad en su conjunto para que sus resultados se traduzcan en beneficios palpables.

Quedo de ustedes.

Heroica y muy noble ciudad de Zacatecas, a los siete días del mes de marzo de dos mil dieciséis.

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