“HOY, A LA GENTE, LE CUESTA SONREIR”… 2a DE TRES ENTREGAS.

Cambiamos de terció y le hablo de cómo el cine fue la razón por la que yo me hice aficionada, al ver torear primorosamente a Pepín Martín Vázquez en “Currito de la Cruz”, y enlazamos con su incursión en el mundo del celuloide al protagonizar “Fray torero” mientras le pido que me hable de esa época romántica del toreo de los años 60, tan diferente a la de hoy.

“El toreo de antes era puro romanticismo y además entre toreros había más compañerismo, o al menos yo lo veo así. En mi época, El Viti, Puerta,… y yo, toreábamos juntos en todas las ferias y nos juntábamos en la carretera, parábamos a comer y lo pasábamos bien. Pero eso sí, al llegar a la plaza nada de nada, casi ni saludarnos porque la competencia era brutal. Ahora se abrazan, se besan, se tocan la mejilla… Eran otros tiempos y sobre todo teníamos cada uno una personalidad diferente y una forma de estar en la plaza que no nos permitía ni estar de charla, ni fumar ni nada que no fuese estar atento en la boca del burladero por si pasaba algo. Y desde luego, no perdonábamos un quite”. — Hábleme de sus compañeros. ¿Cómo era Diego Puerta?

— No se casaba con nadie. Era un perro de presa, con mucho valor, mucha casta y un toreo sevillano que gustaba mucho. Y desde luego, no perdonaba una. Debutamos juntos en el 53, y coincidimos después muchas tardes. Gran torero.

— ¿El Viti? — Era más tranquilo, castellano, sobrio, muy profundo. Un torero extraordinario y sobre todo gran amigo, aunque en la plaza nos hacíamos perrerías. Pero fuera de la plaza hemos vivido muchas cosas juntos, yo me iba a su finca y nos pasábamos horas hablando, comiendo… ya digo que era una época más romántica en el toreo porque éramos buenos amigos fuera de la plaza pero en el ruedo mordíamos.

— ¿Ordóñez?

(Camino enfatiza la expresión y desde un respeto casi reverencial afirma con mucha seriedad)
— Ordoñez era un gran torero. Era bueno en todo. Tenía empaque, figura, capacidad,… y habilidad hasta para encontrar incluso el famoso rincón a la hora de matar, que hoy en día no lo encuentra nadie. Quieren matar como él y pegan unos bajonazos horribles. Era un torero extraordinario, y Luis Miguel también. Eran genios del toreo.

— ¿Benítez?

— Un fenómeno. Se ha hablado mucho de un altercado que tuvimos en Aranjuez. El había llevado una corrida de Bernardino Jiménez, que era muy amigo suyo y yo le avisé que iba a salir mala, que mejor la matábamos en otro sitio, pero se empeñó y al único toro que salió medianamente bueno, le hice yo un quite y se enfadó. Pero no llegamos a tocarnos la cara aunque estuvimos cerca. Y como torero, con su personalidad, un fenómeno, y también un genio de la muñeca con las dos manos. Cuando él llegó, el toreo estaba dormido, faltaba un revulsivo y él revolucionó todo.

— Eso se necesitaría hoy también…

— Es necesario algo nuevo, alguien que caliente a la gente… que llene plazas y dé espectáculo.

— ¿Quizá José Tomás?

— No, al tren que va José Tomás no se puede ir. José Tomás torea 50 corridas en un año y se muere…

— Pero ¿le gusta su concepto de la tauromaquia?

— Sí, porque todo lo que hace lo hace con verdad, se queda quieto y torea con la panza de la muleta. Es lo que yo puedo decir, que no hay nada falso en su toreo.

— Cerremos el capítulo de toreros, hablando de usted. Defínase usted mismo…

— Yo creo que fui bueno en los tres tercios. No he sido un monstruo pero tenía cabeza y capacidad para resolver.

— Se dice que usted era el único que hubiera podido con el Cordobés…

La última parte espérela el martes…

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