SESCOSSE Y HERNÁNDEZ, PAR DE CHAVALES CON DESPEJADO HORIZONTE

Poco faltó para que en la cuarta novillada de la campaña el antañón coso San Marcos se llenara. Dando vértice a las acciones, se desenchiqueró un encierro manso de la dehesa de Pastejé, hierro con gran historial que hoy en Aguascalientes ha dejado una mala nota, misma que habrá de escribirse en los libros de su despacho. Resultó incompleta la partida de esta vacada, conformada con seis novillos de buenas cajas pero de “inofensivas” y patéticas mal armadas testas.

Todos cumplieron, más o menos, ante los montados pero al probarse en las telas fueron sólidamente uniformes… sosos todos y cada uno.

Suelto y soso se destapó el primer bicorne de la función y ante él Rodolfo Mejía “El Tuco” –vuelta robada tras discreta petición de oreja-, pretendió hacer de todo con los vuelos de la capa; realmente lo subrayable fue solamente un breve pero bien hecho quite por caleserinas; el adversario resultó soso de marca pero el novillero apareció en el anillo con indefinido plan. Esta tarde no incendió el ruedo, apenas dio una luz tenue de su pasada antorcha quemante y un boceto de la profundidad de faenas pretéritas. Se entregó en la suerte suprema dejando un espadazo contrario. Con lo realizado apenas si podrá, quizás, seguir respirando taurinamente.

Novillo evidentemente huarachón de los delanteros apareció en segundo turno. Desenrazado para mayores señas y planteando pocos problemas. El defeño Arturo Soto –silencio- quiso resolver su tauromaquia pegando pases, empero sabe poco de la geodesia del escenario. Su hacer intrascendente, a la mayoría enfadó y luego dejó claro que de matar bóvidos de lidia no sabe aún nada.

El tercero fue complejo desde el mismo instante de su aparición en la arena, armándose siempre con la testa por el cielo, nada bueno auguraba.

El terco albaceteño Pepe Vargas –elocuente y amable silencio- tuvo un fracaso muy para su personal reflexión. Con los ojos desorbitados, pálido como los difuntos y sin la menor idea de que hacer, por momentos daba la impresión de que tampoco sabía en qué sitio y en qué condiciones se encontraba. Sufre estando en la cara de los enemigos y por mera coincidencia mató de tres cuartos de acero y un par de descabellos, pues no encontraba siquiera la forma de tirarse tras el arma. Enfadó realmente su acto ocioso.

Mariano Sescosse –vuelta al ruedo- perdió un apéndice por sus desatinos con el estoque, sin embargo calcó que es un joven lleno de clase, recursos, empaque y refinado gusto por la tauromaquia práctica. Al cuarto novillo, primero lo centró en la tela de su capa, y posteriormente le señaló formidables verónicas firmadas con una media de arte hondo. Está enterado del oficio de lidiar y ya la muleta en sus manos forjó una faena meritoria y bien cimentada, templando y acompañando las malas embestidas de la res la cual, finalmente, acabó rajada y buscando el amparo de las maderas, no obstante el zacatecano imberbe amacizó su proyecto y estuvo por encima de ella.

Iván Hernández –oreja-, joven que debutó en esta función con caballos, no dejó que el fuereño se llevara solo las glorias y se destapó con un toreo variado, de gran intención, expresión, idea y recursos. El soso animal acabó por amarrarse en la corteza del redondel pero el local puso una terquedad muy bien aplicada y logró hurtarle agua a una peña. Mató al segundo viaje, sin embargo se entregó por derecho en la suerte y le llegó el ansiado trofeo que lo colocó como el triunfador numérico de la tarde.

Otro debutante fue el igualmente aguascalentense José Fernando Sandoval –silencio tras dos avisos-, chaval que se vio al principio muy nervioso aunque conforme avanzaba la lidia apaciguó sus medras y salvó su incursión con buena actitud, no obstante batalló al empuñar el estoque.

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