25 octubre, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Sescosse y Hernández, par de chavales que auguran la continuidad de nuevas tauromaquias.

El primero llegó el domingo al coso San Marcos con dos festejos novilleriles y el segundo con la ilusión de debutar exitosamente en el rango novilleril.

Ambos se adueñaron del interés de la clientela mostrando, además de actitud, expresión de torería y buen gusto para la práctica profesional de lidiar reses de casta.

Sescosse y Hernández, par de chavales que auguran la continuidad de nuevas tauromaquias.

El primero llegó el domingo al coso San Marcos con dos festejos novilleriles y el segundo con la ilusión de debutar exitosamente en el rango novilleril.

Ambos se adueñaron del interés de la clientela mostrando, además de actitud, expresión de torería y buen gusto para la práctica profesional de lidiar reses de casta.

Ante reses mansas del hierro de Pastejé, criadero de formidable historial el cual que quedó mellado con el mal juego de sus seis ejemplares, iluminaron una función que se encaminaba al precipicio de las intrascendencias.

Sescosse es elegante, serio, centrado y enterado de la profesión, estuvo por encima de su antagonista, mientras el local Hernández gustó por su pasión, su ardiente sangre y su variado concepto para realizar el toreo tanto de capa como de muleta.

El resto de lo sucedido en el anillo del viejo inmueble, está listo para desechar en las hojas del olvido.

Un día, el presbítero Jesuita Ramón Cué declaró que la vida de un torero podría compararse con la de Jesús, desde un domingo de Ramos con palmas y vueltas al ruedo, hasta un viernes de Calvario en las astas de los toros.

Las empresas, sin examen de conciencia, ni perdón para sus pecados y menos con propósito de enmienda, complacen a las figuras, tan solventes, tan capaces y experimentadas como de doble moral, acomodándoles a capricho torillos de poca exigencia, entre que a los diestros de famélico rodaje les compran lotes cuajados, encastados y demandantes, sin faltar, por su puesto el poner en carteles amables hasta el cansancio y la ociosidad a señoritos pegapases y “cazatoros a modo”, independientemente de sus méritos o progresos taurinos.

Salió al redondel “Peletero”, quemado con el egregio hierro de José Julián Llaguno –el título de la dehesa dice todo sobre el toro-. Y en su órbita se clavó un espada que lleva la vieja estirpe de la tauromaquia azteca; Eolo se interpuso entre la humanidad del diestro y el burel y se consumó la contingencia. El de la recia muleta calló con una herida brutal que corrió longitudinalmente del cuello a la frente en el flanco siniestro. En el umbral que separa la vida y la muerte flotó por unos días la existencia de Juan Luis Sílis.

Pero los toros, aún con su inflexible y trágico poder, han quitado del camino de la madre tauromaquia a pocos coletudos; el mal organismo y el dupolio de los últimos veinte años son realmente quienes han sofocado la producción de toreros competentes, frescos y dinámicos.

Sílis vino hasta la capital de las aguas termales el pasado jueves y se encontró en intima plática con los miembros de CITA –Cronistas e Informadores Taurinos de Aguascalientes-; y allí, en atmósfera de amigos habló de sus miedos y torturas infringidas por parte de los toros y las organizaciones taurómacas. Desairado y mal valorado por la empresa de la Señora de Insurgentes, se le ofreció un jueves taurino, oferta incongruente que acertadamente desechó. Ya sus anteriores apoderados incumplieron con las perlas de la virgen que le habían prometido y retornó a su relación administrativa con Fernando Rosique y Ramón Martínez Salas, quienes calcaron que primero son sus amigos. Hoy el macizo espada, como premio a su torería y a la muestra de hombría que dentro lleva, está congelado, sin verse colgado en algún cartel. Empero su proyecto sigue bulléndole en el alma. Él lo dijo radical y sentimentalmente: “Solamente quiero ser figura del toreo…”

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