“HOY, A LA GENTE, LE CUESTA SONREIR”… FINAL.

— En ese momento, con el Cordobés no había quien pudiera, ni yo ni nadie que hubiera venido de otro mundo. Era un fenómeno para todo, ¡pero si hasta las mujeres que limpiaban las escaleras, iban a buscar al Cordobés!

Paco Camino reflexiona en alto sobre la importancia que tuvo la llegada del Cordobés, el hombre que rompió con todo porque además era un torero que se reía. Benítez consiguió llenar plazas porque era diferente, pero lo más importante es que transmitía alegría.

“¿Tu no te has fijado que hoy día la gente no se ríe?, está todo el mundo tan amargado por las deudas y lo que debe a Hacienda y el trabajo y lo que les roban… que nadie se ríe”.

— Volvemos al tema del cine y recordamos su experiencia ante las cámaras en “Fray Torero”. ¿Cómo surgió esa propuesta y qué recuerdo tiene de aquello?

— Yo era muy amigo del productor Cesáreo González que llevaba a Lola Flores, Carmen Sevilla… y yo iba mucho a comer a un sitio de moda en Madrid cerca del Villamagna, donde alternaban chavalas, había música… y allí le conocí. Charlamos y le dio por decirme que quería hacer una película. Le dije que tenía que irme a América y que solo tenía ocho días. Y el propuso rodar ocho días y otros ocho a la vuelta de América. Pero, uuufff, aquello era muy cansado. Había que repetir muchas tomas y como no se me entendía nada por mi forma de hablar, tuvieron que doblarme.

Cambiamos de tercio para hablar de las ganaderías con las que triunfó. En la época que protagonizó el maestro de Camas, los toreros mataban tanto lo de Urquijo, como lo de Miura, Murube, Santa Coloma, o Parladé. Y fue con los “santacolomas” con los que realizó faenas para el recuerdo, aunque él se reafirma en la tesis de que se enfrentaba a lo que fuese necesario porque los toreros de su tiempo no eludían responsabilidades.

— ¿Cómo se entiende a los toros de Santa Coloma?

— Al toro de Santa Coloma hay que torearlo en línea recta y no molestarlo. Hay que darle distancia y no ponerse muy encima porque protestan. Son toros que se quedan en los tobillos.

— Una pena que el encaste Santa Coloma se esté perdiendo…

— Solo queda lo de la Quinta y lo que tengo yo aquí. La compré en el año 68 a Don Joaquín y después unas becerras añojas a la mujer de Don Pablo Chopera, a Doña Luisa. Pero la ganadería es un capricho. No lidio nada, los tiento, el que sale malo lo mato y el que sale bueno lo vendo, mando todo fuera. La camada es de 50 vacas de vientre.

— ¿Suele recibir a toreros en sus tentaderos?

— Si, ha venido Talavante, José Tomás… pero tengo muy poco. Suelo tentar 15 becerras y de esas, 3 ó 4 son las que pasan la nota…

— ¿Y nunca le ha picado el gusanillo de ponerse delante y dar unos pases en un tentadero?

Responde firmemente con una negativa que no admite réplica.

— ¿En qué momento se deja de tener esa necesidad de ponerse delante?

— Cuando se es consciente de que uno empieza a hacer el ridículo y con 60 años, se hace el ridículo. Yo me vestí por última vez en la alternativa de Rafa y fue bonito pero pasé mucho miedo.

Hablamos de su hijo y en breves trazos esboza su idea sobre el relevo generacional en las Dinastías de toreros importantes que ha dado la historia y lo que es imprescindible para continuar en la senda de quienes escribieron páginas de oro en la tauromaquia.

“Rafa hubiera podido ser buen torero pero para esto hay que tener mucha afición, muchas ganas… Yo no puedo mentir. Lo tenía todo en bandeja y no salió. Para dedicarse a esto hay que estar muy centrado y él estaba en otra historia. El toreo es muy serio, hay que sacrificar muchas cosas y si no se está dispuesto a ello, mejor irse. Tener buenas maneras no es suficiente”.

Cuando Paco Camino ha citado a Don Pablo Chopera mientras hablábamos de la ganadería, rescato una pregunta que se ha quedado en el tintero.

El 1 de abril de 1978 se despidió del toreo y fue Don Manuel Martínez Flamarique quien le cortó la coleta en la Méjico. ¿Hay un vínculo con la casa Chopera más allá de lo profesional?

— Hombre, ellos fueron mis únicos apoderados. Me trataron muy bien, me sentí bien pagado en lo profesional y en lo personal. Eran honestos y muy señores. De hecho me cortó la coleta don Manuel en mi despedida. No tengo ninguna queja. Defendieron mis intereses desde que comenzaron conmigo hasta que terminó mi carrera.

— ¿Ve usted toros por televisión?

— Si. Me gusta mucho. Yo almuerzo pronto, me hecho mi siesta y después me siento aquí y lo veo todo.

— ¿Y cómo se ven desde el sofá?

— Muy tranquilo.

El maestro se ríe como si quisiera dar a entender que ahora ve las corridas sin sobresaltos aunque no le guste ver a nadie en peligro. Pero disfruta observando desde la distancia.

— ¿Y no encuentra demasiados defectos?

— ¡Todos!. A veces veo algunos programas que echan estos del plus de esas filmaciones antiguas que se hacían antes llenas de defectos. Las veo, y pienso en la cantidad de cosas mal hechas que hay… y luego me fijo más y digo… “¡Anda, si ese soy yo!”.

De nuevo cambiamos de tercio y me perfilo para concluir la entrevista con una pregunta que afecta a la afición.

— Usted ha sido un torero nacido y formado en Sevilla pero considerado torero de Madrid por su complicidad con la afición de las Ventas y el mutuo entendimiento. Digamos que había más complicidad con Madrid, como le sucedió a Manolo Vázquez y a Pepín Martín Vázquez.

— Sí, sí, yo soy torero de Madrid. Mira, esto es muy fácil. Sevilla da, pero poco. Lo que te da la gloria, categoría y dinero es Madrid y el remate, Bilbao. Y hablo de categoría.

— ¿Cómo recuerda la plaza de Bilbao?

— Como una afición seria, con mucha categoría, sin amiguismos como puede ser el caso de Sevilla. Un público equilibrado, no excesivamente apasionado pero tampoco caprichoso. El que vale, vale y punto. Y lo saben ver, como en Madrid.

Damos por finalizado este mano a mano, al menos en su parte más “formal”. Don Paco nos invita a dar un paseo en coche por la finca y bajar a tomar un aperitivo al pueblo. Allí, en un local con aire de Cortijo y a ritmo de rumba flamenca, nos sentamos a disfrutar de un vino blanco que nos sabe a gloria. La gente saluda al maestro con admiración y cercanía. Le preguntan por su hijo Rafa, que por su participación en un concurso de máxima audiencia televisiva, está en este momento y nunca mejor dicho… en el candelero. Pero el maestro se sale de la suerte con torería. Ole.

Es en este segundo tercio de nuestro encuentro con Paco Camino, con una botella de vino, unas olivas, queso curado y unas tapas de guisado cacereño, cuando el maestro abandona la “rigidez” del entrevistado y se relaja. Ya no estoy grabando sus respuestas y eso hace que la comunicación fluya con naturalidad. Es en este ambiente donde el “niño sabio de Camas” se desinhibe y se arranca a compartir anécdotas que amenizan la entrevista.

Hablamos de Bilbao, de sus recuerdos en el Hotel Carlton, la merluza con tomate que degustaba donde “Santi, El Marinero” que tenía un restaurante frente a la plaza de toros de Vista Alegre, de amigos como Emiliano Uruñuela “Litri”, Achúcarro, Santiago Corral, Francisco Zubillaga y de las muchas ocasiones en que toreó el Festival Benéfico del Club Taurino del que fue presidente un personaje muy representativo del taurinismo de la Villa. Se trata de Siro Muriel, aquel hombre procedente de Arévalo que ponía tanto entusiasmo en publicitar su pueblo como en defender al Viti y a Camino; o de su presentación en nuestra plaza alternando con Chacarte en el año 59, por cuya actuación sensacional mi abuelo “Claridades” le dedicó una crónica titulada “Ha resucitado Joselito El Gallo”. Desde entonces Antonio Saiz Navas se declaró incondicional del torero de Camas a quién aconsejaba tanto que Camino llegó a decirle un día… “¡ya está bien, que pareces mi padre!”; o de ese tiempo de convalecencia que tuvo que vivir en nuestra ciudad en el 61 después de la gravísima cornada, pues se tiró en Bilbao un mes…

Se apasiona cuando tocamos el tema de la influencia de la crítica de su época, aquella que recibía “sobres” de algunos apoderados por hablar bien de sus toreros… o periodistas polémicos como Lozano Sevilla y otros nombres que mejor no mencionar. La picardía y el sentido del humor salen a relucir cuando el maestro se recrea en la narración de historias vividas con sus compañeros de quinta o al describir lo que supone torear en la Monumental de Méjico, donde le adoraron desde que confirmara la alternativa. Esa pasión por América le hizo sentir la inquietud de conocer a través de la lectura la vida de los conquistadores.

Cuando le tiro de la lengua para que me hable de esa relación con la plaza de Madrid, siendo un torero sevillano, no duda un ápice en afirmar que ese “feeling” responde a un concepto del toreo que es más acorde a la idiosincrasia de las Ventas. A Paco Camino se le puede considerar torero de Madrid y de Bilbao, y cuando él recuerda sus actuaciones en ambas plazas, sentencia: “Bilbao y Madrid te dan categoría, y Sevilla te da gracia”. De hecho se ríe de sí mismo cuando nos confiesa que no le va mucho lo sevillano y que su hermana bromea con él diciéndole… “¡¡pareces de Burgos, por lo esaborío que eres!!”

Justo en ese preciso instante, nos llegan las voces de la salve rociera que suena de fondo en el restaurante y a mí personalmente los “olés” cantados a coro me estremecen. Paradójico el comentario del maestro en contraposición con mis sensaciones.

En la primera parte de la entrevista no habíamos hablado sobre supersticiones, manías o costumbres arraigadas a lo largo de su carrera a la hora de proceder en sus rituales cotidianos, antes de vestirse de luces, si rezaba, si llevaba estampas o capilla…

“Yo, además de estrenar siempre terno nuevo cada vez que toreaba en Bilbao, Sevilla, Madrid y Pamplona… te puedo decir que antes de que viniera el mozo de espadas a vestirme, lo que hacía era leer tebeos de Objetivo Birmania, Roberto Alcázar y Pedrín o novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía del que tenía sacos con 60 libros y al que llegué a conocer en Arenas de San Pedro”.

Tal vez esa evasión que el torero experimentaba leyendo aventuras era el único momento en el que podía sentirse como un joven de su edad, ya que los toreros es habitual que estén rodeados de gente mayor. Y era el caso de Paco Camino…

Desviamos la conversación hacia los toreros de hoy. No le gusta emitir juicios sobre nadie en particular. Reconoce las virtudes de los que le gustan y se refiere con especial interés a José Tomás. Es obvio que le gustan muchos toreros pero se identifica más con los que abanderan un concepto puro, clásico y auténtico de la tauromaquia. Admira el valor pero tampoco le gusta sufrir viendo a un hombre al filo de lo imposible. Si enumeramos las virtudes que debería tener un buen torero, Camino tiene una reflexión peculiar: “Para triunfar en el toreo se debe de tener: buena figura, ser agraciado, técnica, capacidad y ser agradable… porque se puede ser serio pero hay toreros que en la plaza no les sale ni media sonrisa”.

Volvemos a insistir en lo poco que la gente sonríe hoy en día.

Después de rematar la segunda botella de Vino Blanco, el maestro mira el reloj. Como si fuese a sonar el tercer aviso, anuncia su retirada. Ya se ha hecho tarde para comer pero la siesta es de obligado cumplimiento. Y después, a ver los toros por televisión, que se ven muy bien.

Nos despedimos del maestro de Camas a una hora en la que ese calor sofocante de Extremadura en primavera invita a buscar una sombra debajo de una encina para entregarse al mismo placer que don Paco Camino, con quien hemos compartido unas horas de su día, las horas de un torero que en su tiempo lo consiguió todo, al menos todo lo que se propuso, y que hoy disfruta de la soledad del campo, de sus recuerdos, su esposa y como cualquier mortal que ya no viva del toreo… disfruta de las cosas sencillas.

FUENTE: Covadonga Saiz Bernuy/”Claridades”.

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