MADRID 12 DE JULIO DE 1914

Día aciago. Un espectador y Miguel Freg muertos y un herido grave.
POR LA MAÑANA

La becerrada de los zapateros.

Con gran alegría y animación se lidiaron una becerra y cinco becerros, siendo infinito el número de revolcones.

Presidieron las guapísimas Aurora y Pilar Molina, Anita García, Manolita Gómez, Pepita Masegosa y Concha Montes. ¡De allí al cielo!

De los matadores se destacó José Díaz, que es un «vivo» con mucho salero.

Incidentes: Uno de los lidiadores se clavó una banderilla en el pecho. A un joven espectador, llamado Ángel Herencia, le ocurrió un gravísimo percance. «Regaterín» intentó el descabello en el último, becerro y el estoque, saltando velozmente, fué á clavarse en el pecho del infortunado Ángel, interesándole el corazón.

Cuando llegó á la enfermería, trasladado por otros espectadores, era ya cadáver.

POR LA TARDE.
Cartel: seis novillos (desecho de tienta) de D. Juan Contreras, para «Valencia», Miguel Freg y el debutante «Hipólito».

La entrada fué regularcita.

Rompió plaza «Pies de liebre», castaño, mogón del izquierdo (núm. 11), al que dió unos lances de capa. «Valencia». Tardo en picas, relapso y judaizante, es condenado á la hoguera. «Valencia» le pasa de cualquier modo, porque «Pies de liebre» se marchaba del mundo, y le propina una baja.

¡Muy feo, amigo Roger!

El segundo se llama «Saltador», de capa negra (núm. 8), apretado de pitones y de bonita estampa. Justifica su nombre porque toda la lidia la hace nerviosillo, pero dando la cara.

Miguel Freg se abre de capa y le saluda con unas verónicas de valiente y metiendo el cuerpo entre los pitones. Una de las verónicas, marca belmontina, hizo levantar de sus asientos al público, y el diestro fué objeto de una ovación estruendosa y merecida.

Banderilleado el «Saltador» por Rivera y el hermano de Freg, pasa á manos de Miguel (de encarnado y oro) que da unos naturales apañaditos, para un pinchazo en buen sitio.

«Saltador» salta de un lado á otro como un saltamontes. Vuelve Freg á pasar y, en cuanto iguala el morucho, se tira junto á los toriles, resultando enganchado y arrollado aparatosamente. Freg se levanta echándose la mano al cuello, que aparece lleno de sangre. Por su pie se dirige al callejón y pasa á la enfermería, sin que nadie crea que la cornada sea grave. Continúa la lidia, pues «Valencia» coge los trastos y de dos metidos hace que el toro doble.

En el tercero, negro zaino, «Cristino» (núm. 69). Un mono hace un buen quite á un peón que cae en la cara. El buey es sentenciado al tueste. El debutante Hipólito (de encarnado y oro) hace una faenita regular, con valentía y vista, para un pinchazo, luego otro (con volteo á campana) y después una hasta las cintas rodando el pundonor de «Hipólito». (Durante la lidia de este toro circulan noticias alarmantes acerca del estado de Miguel Freg. Asegúrase que ha sufrido una grave cornada en el pecho).

Es el cuarto, negro meano y largo de púas («Ratón, número 75), que no hace nada en picas, y lo muletea «Valencia» con naturales y molinetes (en uno de éstos, al dar la vuelta, da con la espalda en el testuz), larga una atravesada, cinco ó seis intentos de descabello y un golpe de puntilla. Las impresiones que llegan de la enfermería son muy pesimistas. Se da como segura la muerte de Miguel Freg.

El hermano de este, enterado del caso por el revuelo que observa en los tendidos, quiere entrar en la enfermería, pero se lo impiden los guardias. El rumor se acentúa, y al iniciar la banda los primeros compases de un pasodoble para la salida del quinto toro, el público protesta y cesa la música. En este momento se confirma la horrorosa tragedia: el pundonoroso, el valiente Miguel Freg, una verdadera esperanza del arte, ha muerto. El público, hondamente impresionado, se levanta de sus asientos y pide al presidente suspenda la corrida. Ni una voz en contra, ni un ademán de oposición á esta medida. Y ante el voto unánime de la asamblea, se declara suspendida la corrida, y la gente sale haciendo los naturales comentarios acerca de la desgraciada suerte de Miguel Freg. En el patio de caballos se agolpaba la muchedumbre, ávida de conocer detalles de los últimos instantes del desventurado torero.

EN LA ENFERMERÍA.
Llegó Freg á la enfermería casi sin alientos, pronunciando estas frases:
— ¡Me ahogo! ¡Me muero!

Pudo administrársele la Extremaunción. Veinte minutos después de su entrada en la enfermería, falleció.

PARTE FACULTATIVO.
«El espada Miguel Freg ha ingresado en esta enfermería, padeciendo una herida contusa en la región infracoidea derecha de doce centímetros de extensión, con rotura del esternoidéo mastoideo, llegando hasta las apofixis transversas cervicales, dejando al descubierto el paquete vásculo-nervioso del cuello; lesión que le impide, continuar la lidia.— Doctor Mateo Milano». (Sic).

A LA SALIDA.
Los guardias de Seguridad despejan los grupos. Nosotros abandonamos la plaza cuando llega el automóvil del juzgado.

¡Descanse en paz el infortunado Freg!

FIRMA EL TÍO PACO.

FUENTE/Revista PALMAS Y PITOS/ AÑO II… MADRID 13 DE JULIO DE 1914… NUM. 69.

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