27 octubre, 2021

LOS PERDIMOS

No, si de que los hay, ¡los hay!

Ya decía mi abuela, que todo lo arreglaba con refranes: “Ay m’hijo, ves la tempestad y no te hincas”.

Todos sabemos que ese dicho se utiliza cuando estás atravesando una situación difícil y no sólo no haces nada para remediarla, sino que haces precisamente lo contrario, aquello que la va a empeorar.

Le acaba de suceder a JULIÁN SÁNCHEZ en la plaza de toros de la capital poblana, “El Relicario”.

No, si de que los hay, ¡los hay!

Ya decía mi abuela, que todo lo arreglaba con refranes: “Ay m’hijo, ves la tempestad y no te hincas”.

Todos sabemos que ese dicho se utiliza cuando estás atravesando una situación difícil y no sólo no haces nada para remediarla, sino que haces precisamente lo contrario, aquello que la va a empeorar.

Le acaba de suceder a JULIÁN SÁNCHEZ en la plaza de toros de la capital poblana, “El Relicario”.

JULIÁN no es aficionado a los toros; jamás ha ido a un festejo taurino. JULIÁN es un gran fotógrafo, un artista de la lente y su pasión es retratar todo aquello que pueda servir para promover los atractivos turísticos del Estado. JULIÁN hace todo esto de manera altruista, sin afán de lucro porque su fuente de ingresos es otra. Y un buen día, al ver que en la feria de Puebla hay corridas de toros se dijo: – Sería bueno fotografiar esto de las corridas, me han dicho que ahí se producen imágenes muy bellas llenas de colorido. Creo que sería un excelente elemento turístico para ser difundido.

JULIÁN se informó que el sábado 16 de Abril darían el primer festejo y, con mucho profesionalismo, hizo planes anticipados para comprar su boleto de tendido. Pero una duda le asaltó: ¿Me permitirán ingresar con mi cámara? Así que JULIÁN se comunicó con la oficina de Relaciones Públicas de la empresa taurina de “El Relicario”, NO PARA BUSCAR UNA ENTRADA GRATIS, sino para saber si podría pasar su cámara de fotos. Pasaron días y más días sin que la empresa le diera una respuesta.

En fin, valiente como es JULIÁN, tomó el riesgo y se fue a la plaza el día del festejo directo a la taquilla para adquirir su entrada, pero ahí tuvo la precaución de preguntarle al taquillero y este, sí, le dio respuesta rápida y tajante: No, no va a poder ingresar su cámara.

Por supuesto JULIÁN no compró boleto, no fotografió un festejo taurino ni, mucho menos, difundió para su público las escenas llenas de plasticidad y colorido de la fiesta brava. Esta Fiesta tan necesitada hoy más que nunca de apoyos y divulgación, de ingresos en taquilla y de nuevos adeptos.

En el correo electrónico donde me cuenta todo esto no advierto cólera ni rencor, pero sí resignación y tristeza.

Temo que JULIÁN no será ya un nuevo aficionado a los toros ni lo serán tampoco todos aquellos que admiran sus fotografías.
Los perdimos.

¿Serán en verdad los antitaurinos los peores enemigos del toreo?

Nunca lo he creído así.
Son los propios “taurinos” y los “profesionales” de la Fiesta, esos que se cruzan de brazos frente a la tempestad, los que acabarán por aniquilarla tarde o temprano.

Estos novatos “profesionales” de la Fiesta que abundan ahora en México son muy modernos; saben emplear los adelantos de la mercadotecnia, medios publicitarios, redes sociales y mucha electrónica y cibernética. Pero en la Fiesta y en la vida hay cosas que no necesitan de modernidad, sino el uso de la lógica y de la verdadera educación. Esa lógica y esa verdadera educación que están disponibles ahí en la sabiduría popular de siglos.

Acuérdense que:

“Los dichos de los viejitos
son evangelios chiquitos”.

Ah!… si estos nuevos “profesionales” de la Fiesta hubieran escuchado a mi abuela, la que todo lo arreglaba con refranes, se ahorrarían una buena cantidad de tropiezos. Pero mi abuela ya no está…y tampoco estoy seguro que ellos tengan a la suya.
Correo electrónico: teran.paco@gmail.com

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