SÁNCHEZ CORTA UN AURICULAR MIENTRAS “PAYO” PINCHA LA FAENA DEL SERIAL

Con ingenio y puntería, un conjunto de aficionados rebautizaron la divisa de San Isidro como “San Mansidro”, en atención a la sosería sólida e incorregible de los bóvidos que en esos potreros se crían. Por la mansa historia de la explotación, rédito del concepto de sus amos, de cara a las comodinas y abusivas figuras y por su puesto de espaldas a la grandeza de la fiesta y al público aguantador y pagador, menos se esperaba de los cuatro ungulados que de esas tierras se jugaron; sin embargo los rumiantes tuvieron cualidades en mayor o menor grado. Como pleitesía a la nobleza y a la clase que mostraron el público remitió aplausos cuando eran arrastrados los despojos del segundo y tercero de la lidia ordinaria.

Esto pasó durante la séptima corrida de la feria sanmarqueña en el coso Monumental de Aguascalientes que atrajo a una cantidad regular de público que cubrió algo más de medio aforo del edificio taurómaco.

Pablo Chapucero de Mendoza –palmas y silencio-, o como dijo con certero adjetivo una aficionada al salir del coso: Intrascendoso de Mendoza, es ya un jinete que hartó y no muy fácil divierte y menos emociona. Durante los muchos años que ha venido a México, se ha cansado de burlarse de nuestra fiesta, pasando por encima de la norma, imponiendo carteles insulso y además metido a mal comprador de ganado, adquiriendo, a costa de muchos malos mexicanos que bien colonizados están por España, bastante dinero.

Ayer quedó firmada su carta de retiro temporal, por lo menos en Aguascalientes. Ante dos reses de Fernando de la Mora que se dejaron, como no, si es cliente incondicional de semejante ganadería, actuó en dos ocasiones alternando -malamente- con los de a pie, y sin estar mal, que va, más bien estando en ringla y haciendo el torero a caballo con ortodoxia y caligrafía, no logró divertir como en tardes pasadas y mucho menos emocionar. Intrascendente fue su cabalgar sobre la arena del anillo de la Monumental.

“El Payo” –silencio y vuelta- toreó muy bien con la capa a su primero; el adversario llegó a la muleta embistiendo sin clase, tirando muchos derrotes mientras pasaba tras el engaño, y para mal acabar, comenzó a dar medias embestidas y retornándose en las delanteras. Mientras tanto el queretano resolvió con bastante oficio, atino y sitio los problemas más o menos serios que tuvo delante, acabando de una estocada efectiva aunque tendida.

Salido su segundo, se limitó a bregar, pero en el tercio final el astado mostró fijeza y clase aunque la inconveniencia de ser tardo; pero el rubio diestro está muy puesto con los toros y le trazó una faena compacta, torera, firme, mejor que bien estructurada, importante y aséptica, formada con series de pases templados y bien alineados aunque mal correspondida con la espada pues vinieron tres pinchazos, el tercero hondo que fue suficiente para hacer doblar al antagonista.

Diego Sánchez –oreja y palmas tras petición- se observó cumplidor con el capote al enfrentar a su primero. En la etapa muletera vimos a un rumiante demandante y enrazado que pedía atención y firmeza; el joven diestro, sin estar mal, se vio en problemas pero mostró disposición y ahínco aunque con todo y ello no pudo colocarse a la altura del cornicéfalo, pegando pocos muletazos de calidad, consecuencia ésta de que torea bien poco en público. De cualquier modo gustó su terquedad y tras matar bien vino la orden de que en su diestra se pusiera el apéndice mencionado.

El que cerró la fiesta también fue un animal demandante y correoso, aunque al llevarlo muy atento al engaño lo hacía con clase; el imberbe espada, que sí alargó inútilmente, incluso estuvo con él mejor de lo que se portó ante el primero y además de luchón igualmente se le apreció vehemencia plausible, antes de que bajara el telón de un golletazo.

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