BARBA Y UREÑA, ¡TOREROS!

Teniendo acaso algo más de un cuarto el graderío del coso Monumental, en su redondo escenario se ofreció la décima corrida de la feria de San Marcos.

Para dar efecto a ésta, se corrió un encierro de muy buena presencia de Villa Carmela, de cuyos potreros, para completar la partida, se arrearon seis toros de hermosas hechuras y buen tipo; sin embargo las reses estas manifestaron un malo y complejo juego. Por presencia fueron aplaudidos al pisar la arena, el segundo, tercero y quinto.

Toros bien armados, de acusada edad adulta que acudieron con potencia a la suerte de varas pero que en la muleta, sobre todo, sometieron a examen a los actores.

Barba y Ureña han pasado con calificación aprobatoria por haber estado a la mar de toreros, quedando por encima de sus respectivos lotes, mientras se vio a un Mario Aguilar, arrumbado, sin plan, sin sitio y en franco retroceso como torero.

Muy a pesar del tiento con que trató Fabián Barba –oreja y al tercio- al primer toro, poco de interés pasó en el redondel sin dejar de apreciar su bien aplicada técnica, pues la debilidad de aquel fue rotunda, y su notado estoconazo, bien ejecutado y mejor colocado.

Su segundo fue un burel que tuvo alma de diablo; agudo sentido desarrolló para siempre buscar la humanidad del diestro, ya retornándose sobre las delanteras, ya canteándose hacia las tierras de adentro. Lo que a este bóvido maldito hizo el de Aguascalientes, fue de un mérito incuestionable y de un denuedo resaltado. Bien merecía otra oreja de importancia, sin embargo antes de la estocada desprendida que atizó, señaló un pinchazo.

Las verónicas con que Paco Ureña –palmas y oreja- saludó al segundo de la tarde fueron cabales, de buen trazo, con los pedestales bien clavados en el albero y correcto juego de brazos. Antes de presentar la sarga, apostilló con ceñidos mandiles para luego concentrarse en hacer una faena maciza, enérgica y honesta en la que doblegó con poderosos y limpios muletazos a un toro que presentó serias complicaciones embistiendo con fuerza y tirando la cuchillada al final del pase, y que por su valor merecía mejor estocada que la defectuosa que dejó ver antes de la definitiva que quedó en incorrecto sitio.

El quinto presentó también dureza y complejidades; descoordinado de remos, al ir tras el engaño llevaba como aspas la testa produciendo peligrosa dinámica. Y pese a que la clientela fue inconsciente al principio de la etapa muletera, el murciano, con oficio, técnica, poder y correcta colocación le hurtó momentos de sólida torería y mucha intensidad. No fue sino hasta las últimas tandas que el cotarro se enteró de la importancia de su seria labor. Aquello fue como del que saca agua de una peña reseca. Hecha la faena, se fue tras la toledana y dejó una estocada caíd que sin embargo no impidió que el auricular llegara a su diestra. Bien valió la pena por lo que marcó con su muleta a la que empuñó y manejó además con temple.

Las pocas opciones del tercer toro y el borroso proyecto de Mario Aguilar –palmas y silencio- aburrieron y enfadaron por su acto volátil, sin gracia, sin alma y sin sustancia. Menos mal que lo terminó de un espadazo decente.

Con mejor disposición salió para dar cara al sexto, un toro aparentemente burriciego que jamás se entregó a la tela roja y que paso a paso iba con la testa muy en alto. El diestro, como el toro, nunca rompieron y se observó una faena conformista y por demás intrascendente que fue concluida de muy mala forma cuando sacó el acero.

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