UN BISNIETO DE ANTONIO LUQUE, “EL CAMARÁ”, SIRVE LOS ESTOQUES A MANOLETE

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GILLERMO GONZÁLEZ Luque —«Guillermo», a secas, entre los taurinos, y basta para, su popularidad es algo más que el mozo de estoques de Manolete: es el familiar y el amigo. Es el compañero de andanzas taurinas cuando el chaval Manolo Rodríguez soñaba al raso muchas noches de luna en las cortijadas cordobesas con lo que luego ha sido para él una espléndida realidad. Al hablar de Guillermo, pues, no podemos emplear el manido tópico de «fiel mozo de estoques»; Guillermo es el fiel amigo de antes, de ahora y de siempre: Y el leal mozo de espadas de Manolete desde aquel día a —allá por el año 1938 — en que enfermo incurable “Curro” Molina, el hombre que en sus tiempos novilleriles sirvió los «trastos» al torero, de Córdoba -y que había de morir el 27 de marzo del 39- Manuel Rodríguez llamó a Guillermo a su lado, seguro de que para él sería una grata tarea la de acompañarle en su peregrinación artística. Y así, seis años ya -uno de novillero y cinco de matador de toros- no sólo en calidad de mozo de estoques, sino también como conductor del automóvil del moderno «Califa» ha vivido Guillermo junto a Manolete. Las impresiones quede tan amplio periodo de tiempo guarde este muchacho deben ser muy interesantes. Nosotros -ya en el trajinar de la temporada se lo prometimos- vamos a aprovechar esta ocasión de descanso -bien ganado- para recoger de sus labios unas declaraciones para EL RUEDO.

Guillermo -lo diremos también- es un gran aficionado a la cacería.

Después de los toros -empieza declarándonos- la caza es mi mayor afición. En ello empleo la temporada invernal. Aunque este año es difícil dar con los conejillos…

Y Guillermo evoca sus jornadas cinegéticas, ahora interrumpidas por el frío, la nieve, la lluvia… Luego hablamos de toros, que es el objeto de nuestra entrevista. De su amistad con Manolete. Y Guillermo nos hace esta declaración sensacional.-

-Verá usted. Yo soy bisnieto de Antonio Luque, “El Camará”, aquel matador de toros cordobés que fué sobrino de Panchón y padre de Cuchares de Córdoba. Todos los del barrio dé la Merced somos, puede decirse, una misma familia. Y, aunque lejano, yo soy pariente de Manolo Rodríguez.-

-Bien. ¿Entonces vuestra amistad data de mucho tiempo?.-

-Desde niños, sí señor, estuvimos juntos. Yo le acompañé, con tantos otros chicos del «barrio», en sus primeras andanzas. Y observé siempre en Manolo un gran amor propio para realizar cuanto se proponía. El que tiene ahora.-

-Y tú, Guillermo –inquirimos- ¿no tenías la aspiración de llegar a ser torero?.-

-Sí, pero de a caballo. Quise ser picador únicamente. Y llegué a actuar en numerosas tientas y en algunos festivales. Una vez -el 1o de junio de 1932- piqué en la becerrada del Club Guerrita.

-¿Cuántos mozos de espadas tuvo «el torero» antes de entrar tú a su servicio?.-

-Dos, solamente. Enrique Vasallo, que fué con él a una novillada a Ecija, y Curro Molina, que le acompaño hasta el año 1937.-

-Y desde el 1938, en que entraste a su servicio, ¿no has dejado de acompañarle nunca?.-

-Una sola tarde, el año último. Terminada la feria de Linares, el 30 de agosto, la inmediata corrida era la de Jerez. Yo me quedé en Linares. Y la corrida de Jerez se suspendió por lluvia.-

Guillermo pone, al decirnos esto, un gesto de satisfacción. Ni una sola vez toreó Manolete sin su compañía Esto supone mucho para quien tanto estima al «torero». Aprovechando la coyuntura, le espetamos esta pregunta; ¿Y no ha cambiado Manolete de carácter desde aquella época de sus comienzos a ésta de su apogeo? Guillermo contesta rápido, convencidísimo.-

-En absoluto. Es el mismo que era: bueno, sencillo, cariñoso. Como persona, puedo decir que es tan bueno como torero. ; Y ya ve usted como torero…-

Dice esto Guillermo con la admiración pintada en el semblante. Y cuando le preguntamos cuál ha sido la mejor tarde que le ha visto a su matador, no piensa nada para contestar.-

-No puedo decirlo. Todas las tardes tiene Manolo algo magnifico. Ponga usted que una de las mejores fue la del toro de Pinto Barreiro, en la corrida del 6 de julio en Madrid.-

-¿Todas?.-

Medita Guillermo unos momentos. Piensa seguramente en los momentos tristes, que también se padecen no pocos, a pesar de estar situado en el pináculo de la fama.

-Recuerdo, entre todos los malos ratos del ruedo, el que padecí la tarde del 28 de abril del año 1940, Barcelona. Figúrese usted que Manolo, después de hacer una gran faena de muleta a un toro de Santa Coloma, recibió dos avisos. No he pasado un rato peor, pero más tarde la reacción del público me sirvió de consuelo. Manolete fué obligado a dar la vuelta al ruedo por dos veces..

-¿Muestra intranquilidad el matador antes de la corrida?.-

Nada de eso. Su jornada en día de toros es ésta; duerme hasta las once y media de la mañana. A dicha, hora le despierto y le hago traer el desayuno. Vuelve a dormirse mientras le preparo la ropa de torear. Las medias siempre tiene por costumbre prepararlas él. Se levanta, saca de la maleta los tres pares que usa -las de goma, las blancas y las rosa- y las coloca en la cabecera de la cama hasta la hora de ponérselas. A la una de la tarde almuerza ligeramente -un filete, una tortilla o un ponche- v dos horas y media antes de la corrida comienzo a vestirle.-

-¿Siempre le vistes tú por completo?.-

—Siempre. Pero Camará acostumbra invariablemente a apretarle los machos de la taleguilla Le pedimos a Guillermo que nos cuente alguna anécdota ocurrida en el momento de vestir al torero. -Solo recuerdo una responde. Fué en Villanueva del Arzobispo- A la hora de prepararle la ropa noté que me había olvidado de echar la camisa en el equipaje. Figúrese la confusión. Manolete tuvo que aceptar el ofrecimiento del banderillero Vito Y tuvo que vestir una camisa, cedida por él subalterno sevillano.-

-¿En qué plaza torea más a gusto?.-

-En todas. Sale siempre a sacar el máximo partido del ganado. Pero aparte de estos sufrimientos – recalcamos- habrá otros ratos de pura satisfacción… Los de las tardes triunfales, que son muchas.-

– Y fuera del ruedo, ¿cuál ha sido el rato más amargo que pasaste junto al matador?.-

-El año último, en la feria de Linares. Al entrar en la población, yo, que conducía el coche, tuve la mala fortuna de atropellar a una pequeña. Resultó con la fractura del fémur. Manolo sacó a la muchacha de bajo el coche intensamente conmocionado. Después se ha portado admirablemente con los familiares de la niña. Y ha toreado un festival a beneficio del Hospital de los Marqueses, donde aquélla recibió asistencia hasta su curación.- FIN…

(*)… Conocido es que en la fecha del mencionado accidente Manolete decía a una de las religiosas- enfermeras… “Aquí se respira tranquilidad…”.-

Y en ese lugar dio su último respiro el 28 de agosto de 1947.

FUENTE: REVISTA EL RUEDO.

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