LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Si Leo Valadez se acordara que es mexicano y esa técnica tan sólida que le han enseñado en España la pusiera a disposición de una manifestación artística propia, cooperaría a disolver la españolización de la que está siendo víctima la tauromaquia nacional.

Cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde.

El sábado 7 del mes corriente, en el anillo de Las Ventas de Madrid, el pillo Diego Ventura, en estado puro como jinete, salió para reinventar el toreo a caballo, llevarlo a dimensiones no conocidas y agregarle otro dinamismo inaudito e incorruptible. La crítica y la afición coinciden en que la labor era de rabo, sin embargo al juez le dio por el puritanismo, se puso muy serio y apenas le concedió una oreja, no sea que luego los demás se le quieran subir a las barbas.

En el atlas taurino mexicano anda el mitote del supuesto cambio empresarial en el coso más grande del mundo y, antaño, más importante de América. Sí, parece una quimera pero hasta que por fin, luego de más de dos décadas de agravios a la fiesta nacional, dejará las oficinas del gran pozo de las viejas ladrilleras Rafael Herrerías. En su lugar se sentará Javier Sordo Bringas, ganadero de Xajay, pero antes, exitoso empresario de negocios bastante redituables ajenos a lo taurino.

Todavía los aficionados y los pocos buenos taurinos que le quedan a la fiesta, mantienen la esperanza de que con este nuevo personaje el espectáculo cambie su ruta a un punto cardinal positivo.

Si, aún después de tanto agravio, muchos tienen la fe de que este amo de la finca acotada, que fue de los primeros ganaderos que se inclinaron ante “El Juli” y le acomodaron reses muy a su gusto y contentillo, reavive una fiesta que se encuentra en un lamentable estado, dentro del que, desairando a la cada vez más escasa clientela, se construyen las cosas a criterio de figuras, empresarios y apoderados extranjeros.

Mientras tanto, ya cerca del sufragio estatal aguascalentense en el que se definirá el personaje que se sentará en la silla del gobernador, los dos contendientes con mayores posibilidades de lograrlo hacen lo necesario para aproximarse a la gente “del toro”, sabidos que Aguascalientes es la entidad “más taurina”, aunque no sea la que tenga mayor taurinísimo.

Muy “vivos”, sabidos también del poderoso monstruo monopólico que es dueño de la fiesta en medio México, sus propuestas quedan en líneas de interpretación ambiguas. Ambos sintetizan el proyecto en que van a “defender” la fiesta, no obstante les falta decir si la fiesta mediocre que se padece u otra mejorada y engrandecida; igualmente, no se sabe de quien la vana a defender, si de los ataques externos, que son los menos peligrosos, o de los internos infringidos por los malos y villanos taurinos.

Y todavía, después de tanta vejación, desprecios y maltratos, y de que el soberbio sistema lleva sin derecera la fiesta mexicana –desaprovechando a infinidad de toreros con enorme potencial, entre que imponen a señoritos en carteles cómodos y con torillos a modo-, muchos se están preguntando porque luego de más de cuatro décadas que ningún torero azteca ha podido abrir la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid, sí que lo ha hecho un fibrudo y determinado joven oriundo de un país de mucha menor tradición taurina que la nacional, Perú, cometiendo la hazaña de cortar dos orejas al segundo de su lote el pasado viernes 13. Vaya una lección de la que ojalá tomen nota quienes deban tomarla.

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