21 junio, 2021

CUANDO EN MADRID SE ABRÍA LA PUERTA GRANDE (CASI) TODAS LAS TARDES

DAVID MORA Y MALAGUEÑO
Ayer el público de Madrid recompensó a un toro y a un torero. El torero es David Mora (de todo el escalafón quizás el que más se merecía un éxito de este calibre) y el toro se llamaba Malagueño, de Alcurrucén (ya van dos años seguidos que esa ganadería da el premio gordo en San Isidro). A Malagueño le dieron una merecidísima vuelta al ruedo y a Mora dos merecidísimas orejas y lo sacaron por la Puerta Grande de las Ventas. ¡Bien hecho!

Ese y no otro es el Madrid que nos gusta. El que sabe recompensar a toros y a toreros. El Madrid de siempre. El de antes. Un Madrid exigente pero justo que, cada vez, aparece menos.

DAVID MORA Y MALAGUEÑO
Ayer el público de Madrid recompensó a un toro y a un torero. El torero es David Mora (de todo el escalafón quizás el que más se merecía un éxito de este calibre) y el toro se llamaba Malagueño, de Alcurrucén (ya van dos años seguidos que esa ganadería da el premio gordo en San Isidro). A Malagueño le dieron una merecidísima vuelta al ruedo y a Mora dos merecidísimas orejas y lo sacaron por la Puerta Grande de las Ventas. ¡Bien hecho!

Ese y no otro es el Madrid que nos gusta. El que sabe recompensar a toros y a toreros. El Madrid de siempre. El de antes. Un Madrid exigente pero justo que, cada vez, aparece menos.

MADRID HOY
Y es que el de hoy es, por el contrario, un Madrid en horas bajas, alicorto y capitidisminuido, que ha sustituido la exigencia por la más dura intransigencia. En Madrid ya no se jalea sino que se vocifera.

Y aunque algunos no lo sepan y no se lo crean, Madrid no siempre ha sido así. Salvo con los toreros dominadores y mandones (a los que Madrid nunca ha tragado) esta plaza ha sido siempre exigente pero justa.

Eso antes, porque lo que antes era normal hoy se ha convertido en una excepción. Como el premio de la Puerta Grande, de esa Puerta Grande por la que ayer salía emocionante y emocionado David Mora.

LAS PUERTAS GRANDES DE ANTAÑO
Todavía queda algunos aficionados que siguen empeñados en ningunear y menospreciar a los toreros de hogaño con el curioso argumento de la escasez de trofeos (escasez relativa pues a algunos todavía les parecen excesivos los premios que hoy se otorgan) que, según ellos, obtienen los toreros actuales, en especial las figuras, comparativamente con los éxitos y triunfos tan abundantes en los toreros de antaño.

El ejemplo más socorrido es el número de puertas grandes conseguidas, en la plaza de Madrid, por los toreros de antes -los de los años 50 y 60, sobre todo- frente al escaso bagaje que presentan los de ahora. Según eso, los toreros de antes eran grandes toreros no porque lo fueran sino porque cortaban más orejas mientras que los de ahora son peores toreros no porque lo sean sino porque rara vez obtienen el ansiado premio de la puerta grande de las Ventas.

El argumento es artero y falaz. En primer lugar, porque antes los públicos eran, en general, mucho más entusiastas y generosos por lo que se prodigaban más (mucho más que hoy) en recompensar el mérito de los toreros. Lo que no sucede en nuestros días, ya que impera, en algunas plazas, el cicaterismo más exagerado.

Y, en segundo lugar, porque, la mayoría de las veces, son esos mismos aficionados (en Madrid son legión) los que se entretienen (la cosa les debe resultar muy divertida) en reventar los legítimos triunfos de los diestros de nuestros días mediante (¡en eso son unos artistas consumados!) una estratégica colección de pitos, improperios, denuestos, palmas de tango y demás elementos de un repertorio tan amplío como execrable (el execrable repertorio de una “mala baba” gratuita y sin fundamento).

Pero, como aquí los discursos huelgan, vamos a los hechos, Y para hechos, nada mejor que repasar el resultado artístico y en trofeos de una feria de San Isidro de aquellos -por esos mismo aficionados protestantes- añorados años 60 del toreo (y que también nosotros añoramos… pero de otra forma).

En concreto, vamos a viajar hasta la feria de San Isidro de 1966, la de hace justo medio siglo.

EL SAN ISIDRO DE 1966
La Feria de 1966 comenzó el sábado 14 de mayo con una corrida de Benítez Cubero y finalizó el domingo 29 con la tradicional corrida de Miura.

La corrida inaugural la torearon Bienvenida, Manolo Amador y Paco Pallarés. Bienvenida cortó una oreja y Amador tres por lo que la puerta grande se abrió ya el primer día de feria (¡Igualito que ahora!).

En la corrida del Santo, con toros de Osborne, solo obtuvo trofeos Antoñete (una oreja) que resultó herido de levedad, saliendo sus compañeros de vacío. A la postre, gracias a la televisión la corrida se convirtió en emblemática e histórica. Fue la tarde de Atrevido.

El lunes, aniversario de la muerte de Joselito, volvieron los éxitos de puerta grande. Diego Valor cortó 3 orejas y abría la de las Ventas que, por lo que estamos viendo, se abría en aquellos años con enorme facilidad. El martes, gran lío. El Cordobés también le cortó dos orejas a su primero y pudo abrir la ansiada Puerta Grande, pero le abroncaron tanto en su segundo toro (6º de la tarde) que renunció a salir por ella.

El miércoles, 18 en la confirmación del Inclusero, Litri, que sustituía a Antonio Ordoñez, cortó una oreja en cada toro y Andrés Vázquez dos del sexto, Hubo pues doble salida a hombros por la puerta grande de las Ventas que, como se ve, no se cerraba nunca.

La cosa cambió al día siguiente con los antaño temidos pablorromeros pero que entonces ya sólo eran temidos por su flojedad de remos y por llevar las caras a media altura. El Inclusero cortó, pese a todo, una solitaria oreja.

Otra solitaria oreja cortaría el Pireo en la corrida de Baltasar Ibán del viernes día 20. Una ganadería que, entonces se disputaban la figuras.

Los éxitos volvieron el sábado 21 con los de comerciales y algodonosos toros de Alipio Pérez Tabernero. Paco Camino y Tinín cortaron una oreja cada uno pero el Viti hizo doblete en un toro saliendo por la puerta grande.

El domingo, sin embargo y con los toros de Torrestrella, solo Manolo Amador pudo cortar una solitaria oreja.

Lo mismo ocurrió el lunes con los Juan Pedro Domecq. Antoñete cortó oreja a su primero, mientras que Aparicio y Camino se conformaron con ovaciones y vueltas al ruedo.

El martes 24, con toros de Felipe Bartolomé (Santa Colomas remezclados, según Clarito) Antoñete cortó 2 orejas y Tinín, una. El Cordobés tuvo mala suerte pues aunque cuajó un toro, falló a espadas.

Pero el miércoles 25, se produjo la clásica explosión (clásica entonces) con los tres espadas a hombros. Litri y El Viti desorejaron cada uno a uno de sus toros mientras Puerta cortaba una oreja en cada uno de los suyos. Los toros eran de Garzón.

Ni el jueves 26 ni el viernes 27 hubo trofeos y eso que torearon Camino, El Cordobés y Raúl García, la primera tarde, y Ostos, Puerta y Fuentes, la segunda.

Pero el sábado 28, penúltima de feria, Antonio Bienvenida y Curro Romero se las vieron mano a mano con un excelente encierro de Antonio Pérez (los “AP”). Los dos salieron a hombros tras cortar, cada uno, dos orejas en uno de sus toros.

Finalmente, con los miuras de cierre, el domingo 29, se las vieron Bienvenida, Ostos y Murillo que no pudieron obtener ningún trofeo. Miura siempre ha sido Miura.

BALANCE FINAL
En una feria de 15 corridas de toros (no hubo novilladas y los rejoneadores actuaban de uno en uno como prólogo o epílogo de las corridas “formales”) se cortaron 36 orejas y se abrió la Puerta Grande en ocho tardes. Dos de ellas por partida doble y una por partida triple. Lo que no está nada mal.

Todavía se lidiaba un toro terciado y de poca edad que, por tanto, tenía mucha más movilidad que el galafate gigantón y cornalón, muy baqueteado y manoseado, o sea, muy correoso que ahora tanto gusta y que sólo excepcionalmente (como Malagueño) embiste con repetición y ritmo. Un toro que, en general, transmite muy poco y obliga al torero a ponerlo todo de su parte.

El público, el aficionado, era quizás mucho más entendido que ahora. Desde luego, era mucho menos dogmático, los pinchazos en lo alto se valoraban igual que una estocada buena y mejor que una estocada mala y aunque ya la prensa empezaba a arrear con cánones y tópicos, la baraja de toreros, de estilos de toreros, era amplía y se podía triunfar manejando conceptos muy diferentes. La diversidad de estilos era un valor apreciado y valorado por la afición. Al contrario, de lo que hoy ocurre ya que por mor de los talibanes que tienen secuestrada ideológicamente a la plaza, triunfar resulta casi imposible para la mayoría de los toreros.

Madrid ya no es lo que era.

Lo peor es que, tal y como están las cosas, difícilmente lo volverá a ser.

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