26 julio, 2016

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Si antaño los toreros mexicanos se echaban a la mar, cruzaban el Atlántico y llegaban a España para conquistar a los públicos con un proyecto nuevo de torear: el mexicano, que es hibrido, sensacional, novedoso y sentimental en el que el temple era punto central, hogaño nuestros novilleros han de ir y prepararse técnicamente para poder aspirar a forjarse como diestros internacionales, lamentablemente a costa de la desaparición del estilo hondo que distinguió a los ases aztecas.

Si antaño los toreros mexicanos se echaban a la mar, cruzaban el Atlántico y llegaban a España para conquistar a los públicos con un proyecto nuevo de torear: el mexicano, que es hibrido, sensacional, novedoso y sentimental en el que el temple era punto central, hogaño nuestros novilleros han de ir y prepararse técnicamente para poder aspirar a forjarse como diestros internacionales, lamentablemente a costa de la desaparición del estilo hondo que distinguió a los ases aztecas.

“En cuatro meses Mariano, lograste ser matador”; esto dice en una de sus partes el pasodoble que Ignacio Solares dedicó al maestro Mariano Ramos, como honor y acotación del corto tiempo que duró el vástago de Rafael Ramos, charrazo profesional que buriló páginas egregias en el arte en el que se funden las baquetas, los ixtles y los metales, para lograr la alternativa. Su intuición, suficiencia y poder, virtudes cuajadas cuando en charreadas y jaripeos lanceaba y toreaba reses broncas, toscas y malditas, le condujeron rápida y directamente a empuñar la borla de doctor en tauromaquia práctica. Teniendo justamente cuatro meses de novillero, la tarde del 20 de noviembre de 1971 se plantó en el tercio del coso de Irapuato, Guanajuato y ahí Manolo Martínez, bajo las pupilas testificantes de Francisco Rivera Pérez, “Paquirri”, le cedió la lidia y muerte de “Campero”, toro quemado con la efigie ganadera de Santacilia. Sin embargo ese fue el caso de Mariano y no ha de ser el de la mayoría de nuestros aspirantes a figuras.

Hoy ya tiene fecha la alternativa de Luis David Adame, hermano de Joselito, joven que manifiesta cualidades diáfanas para la lidia de reses de casta, sin embargo el ascenso se aprecia precipitado. Su aún muy corta carrera en la página de los novilleros, se está realizando completamente en España. Madrid, Pamplona y Valencia son cosos que ya pisó exitosamente empero le falta madurar como ser humano y como torero; vivir el proceso de una tauromaquia, sus ciclos, sus penas, sus goces, sus bemoles.

El pasado viernes en la ciudad de México, ahí en el mero centro de esta loca capital impuntuales e incumplidos antitaurinos sin antitaurinismo, es decir, sin argumentos para debatir en buen rango intelectual sobre esta tradición de los toros que raya ya en el medio milenio, convocaron a diversas personas de la tauromafia mexicana para, justamente, discutir sobre si debería seguir el espectáculo taurino o no.

Finalmente, según optimistas publirrelacionistas, “ganaron” los “taurinos”, pues hubo abundante presencia de ellos e “hicieron valer sus derechos”, mientras que de los aguerridos animalistas que están en contra del espectáculo hubo poca asistencia.

Sin embargo a los aficionados a los que aún les queda conciencia, les asusta menos este grupo de feroces antitaurinos que ni los propios “taurinos” cuya política para hacer la fiesta causa pavor.

A estas lluviosas alturas aún está por verse de modo oficial quienes conformarán la “nueva empresa” que manejará los destinos de la plaza más grandota del mundo, aunque de ello, algo ya se dijo. Pero, a conocer, hay pocas opciones de que las cosas cambien, pues es nota consabida que el México taurino es manejado por un poderoso, soberbio y empecinado duopolio.

De su política de hacer toros ni se hable: importar figuras y pagarles demasiado caro, despreciar a jóvenes locales con harta torería e imponer señoritos de escasa ambición, repeler a como de lugar al toro con trapío, edad, astas íntegras y bravura, dejar entrar en su lugar al ruedo al torillo manso- menso y no proponer un proyecto sólido para encaminar y llevar a buen destino a los novilleros, entre otras lindezas.

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