31 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Mientras que España “nos forma” los toreros importantes y competentes, los construye desde novilleros y los lleva a la alternativa, algunas veces y por quien sabe que ventajistas razones, México y su irreflexiva, inflexible y soberbia tauromafia se mantiene en sofocante y desesperante actitud contemplativa: La México cerrada aún, ferias con carteles reiterativos, torillos mochos, sin edad sin trapío y sin bravura, vasallaje incondicional y sincero hacia los españoles, marginación despiadada para con toreros que pudieran interesar.

Mientras que España “nos forma” los toreros importantes y competentes, los construye desde novilleros y los lleva a la alternativa, algunas veces y por quien sabe que ventajistas razones, México y su irreflexiva, inflexible y soberbia tauromafia se mantiene en sofocante y desesperante actitud contemplativa: La México cerrada aún, ferias con carteles reiterativos, torillos mochos, sin edad sin trapío y sin bravura, vasallaje incondicional y sincero hacia los españoles, marginación despiadada para con toreros que pudieran interesar.

En lugar de proponer y llevar a efecto un proyecto sólido, sin ventajas para ningún sector de los que forman la fiesta, y con metas fijas y claras, el sistema viciado se ha dedicado a desaprovechar toreros con actitud y cualidades para ser figuras, incluso hasta ídolos.

Uno de esas víctimas del mal entendido e incorregible rubro empresarial es el poblano Jerónimo Aguilar. En la despedida del “Zotoluco”, por allá en el coso de Teziutlán, todavía, luego de tanto desaire, se puso a practicar una tauromaquia distinta y con marcada identidad a un bien presentado lote del hierro de La Venta del Refugio.

En ese tedio y uniformidad de estilos en el que han caído la mayoría de nuestros espadas, resulta gratificante el ver y paladear a un torero que bien pudo haberse colocado en un peldaño dorado entre los de su rango. Variado y con creatividad al empuñar el capote, armó luego la muleta para trazar faenas al puro modo de la escuela mexicana, es decir, sin afectaciones, sin complejos, honda, sentida, diferente en sus formas y con plasticidad.

Alfredo de la Rosa, un hombre que sueña con toros, con su fiesta, con sus ritos y sus misterios, acaba de cumplir cuarenta años de andar por esas plazas de Dios, cámara de video al hombro, para en ella capturar incontables momentos de los que comprende el mundo de la seda, la sangre y el sol.

Quiso alcanzar la gloria primero entre las astas de las reses de lidia; siendo niño torero debutó en público durante el festejo del L Aniversario de “La Petatera” de Villa de Álvarez, Colima. Su afición insoportable, en 1957, le llevó a “titularse” como novillero, nivel en el que actuó aproximadamente en veinte festejos, pasando por varias plazas del interior de la república pero quedando frustrada su presentación en la Plaza México como consecuencias de una cornada severa que le infirió un cornúpeta del hierro de Garabato sobre la arena del coso del barrio de San Marcos de su ciudad natal.

El planeta del dios Taurus es incomprensible y tiene en su rambla distintas y caprichosas veredas. Cuando este hombre taurino se concientizó de que no tenía horizontes despejados como lidiador, se echó la cámara al hombro y se puso a desahogar su afición compilando actos en las dos plazas de la capital hidrocálida, las de los municipios y bastantes también del resto de la patria.

Hoy su videoteca es impresionante y comprende una riqueza cultural de alto, muy alto valor.

Solo espero en Dios que algún organismo, ya gubernamental, ya taurino, se sensibilice y dimensiones semejante obra que por estos 40 años ha construido el popular “Feroz”.
Enhorabuena don Alfredo.

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