19 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

La “nueva empresa” que dirigirá el futuro del coso de la colonia Noche Buena, bautizada como “Tauroplaza México S. A. de C V.”, propagó de modo oficial el proyecto con el que abrirá sus trabajos taurinos, ello sin estar presente ninguno de los opulentos socios: Alberto Bailleres y Javier Sordo.

Teóricamente, y teniendo a Mario Zulaica como director ejecutivo, hombre que se ha preocupado más por la imagen de los espadas que hasta hoy ha dirigido, que en la torería de los mismos, el plan se escucha y se ve muy atractivo en el esquema impreso sin dejar de doler la formidable cantidad de extranjeros que quitan espacios a jóvenes nacionales que de verdad valen la pena:

La “nueva empresa” que dirigirá el futuro del coso de la colonia Noche Buena, bautizada como “Tauroplaza México S. A. de C V.”, propagó de modo oficial el proyecto con el que abrirá sus trabajos taurinos, ello sin estar presente ninguno de los opulentos socios: Alberto Bailleres y Javier Sordo.

Teóricamente, y teniendo a Mario Zulaica como director ejecutivo, hombre que se ha preocupado más por la imagen de los espadas que hasta hoy ha dirigido, que en la torería de los mismos, el plan se escucha y se ve muy atractivo en el esquema impreso sin dejar de doler la formidable cantidad de extranjeros que quitan espacios a jóvenes nacionales que de verdad valen la pena: “novilladas sin picadores y novilladas con ellos en lo que suena a una especie de certamen y/o selección”, pero de corregirse nada se habló. Menos de la autocrítica y la contrición y aún menos del propósito de enmienda.

Corregir vicios, despejarse del vergonzante vasallaje, apapachar figurines, marginar jóvenes con afición y virtudes, hacer carteles creativos en donde impere la competencia entre alternantes, fueron puntos esenciales que no se abordaron, y por su puesto el toro ni se mencionó.

Cada tarde hay mayor convencimiento de que el toro de lidia mexicano es el mejor del mundo; es el de más equilibrado trapío, el de mejores hechuras, el de más casta, bravura, nobleza, movilidad y calidad. Sin duda sí que “nuestro toro” es el mejor del mundo; lamentablemente este toro es el que se va quedando rezagado en los agostaderos, es el que muere de viejo encima de sus pastos o va a parar, pasado ya de edad, a los rastros a ser muerto cual bóvido de abasto; ese toro, el mejor del mundo, es el que las figuras abusivas y los figurines no quieren ver ni en pintura y cuando mejor suerte tiene va a ser estoqueado en cualquier pueblo perdido de Dios y por armas de coletudos marginados que han de topar con lo que se les eche por el portón de toriles. Si, ni duda, el toro mexicano es el mejor del mundo, lástima que prácticamente no se lidia en los cosos, toda suerte que el mercado y la tauromafia están enamorados de teofilitos, fernanditos, bernalditos y otros “itos” sofocantes.

Y a propósito del mejor toro del mundo, que existe en México, ya se dijo, aunque no lo vean jugar en los escenarios los aguantadores y pagadores públicos, la semana pasada en uno de los cosos más serios y toristas del planeta, Bilbao, soltaron a un ejemplar que bien pudiera ser lo más acercado a lo que debe ser un toro de lidia. Quemado con el hierro de Alcurrucén, y acaso de casta medida aunque noble y de notoria clase al embestir, apareció en el nimbo para deslumbrar con su trapío, su pelaje berrendo en colorado y alunarado, su hermosa lámina y sus hechuras exquisitas.

Y para lidiarlo se plantó un Diego Urdiales con todo y título de diestro puro pues su tauromaquia es hoy una de las más aseadas de cuantas se practiquen. Clásico, con toreo de fundamento, hizo la faena sobre lineamientos de gran educación taurómaca y como premio izó las orejas mientras que a los restos del burel el tiro de mulas les daban la vuelta al ruedo.

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