9 septiembre, 2016

REFLEXIONES PARA DESPUÉS DE UNA VICTORIA

El voluble pero increíble ser humano suele reflexionar cuando una guerra termina y hace balance de apoyos recibidos, ayudas prestadas, colaboraciones aportadas y, en una palabra, mover el caletre, la cabeza, el magín, la conciencia y la propia alma para extraer las lecciones necesarias y aprenderlas en mejorar su futuro y todo aquello que emprende.

Ahora, al hilo del análisis práctico y tranquilo, objetivo y en libertad del significado suceso producido en Valladolid, con la presencia de seis generales del escalafón torero con mando en plaza para homenajear, no se olvide, la memoria de un compañero muerto en una plaza en el mismo acto de torear como fue Víctor Barrio, cuyo suceso acarreó una riada de comentarios animalistas, aberrantes, monstruo

El voluble pero increíble ser humano suele reflexionar cuando una guerra termina y hace balance de apoyos recibidos, ayudas prestadas, colaboraciones aportadas y, en una palabra, mover el caletre, la cabeza, el magín, la conciencia y la propia alma para extraer las lecciones necesarias y aprenderlas en mejorar su futuro y todo aquello que emprende.

Ahora, al hilo del análisis práctico y tranquilo, objetivo y en libertad del significado suceso producido en Valladolid, con la presencia de seis generales del escalafón torero con mando en plaza para homenajear, no se olvide, la memoria de un compañero muerto en una plaza en el mismo acto de torear como fue Víctor Barrio, cuyo suceso acarreó una riada de comentarios animalistas, aberrantes, monstruosos, locos y llenos de maldad y odio, deberíamos abrir un período de reflexión. Esa cizaña sembrada es la que hay que combatir y arrancar de la sociedad sin miramientos y con ejemplos palmarios y didácticos como el producido en Valladolid la tarde del 4 de septiembre cuando alboreaba su feria taurina en honor de Nuestra Señora de San Lorenzo.

Aquí solo se ha ganado una batalla en este terrible y extenso frente que la Tauromaquia tiene abierto en canal en tantos y tantos pueblos y ciudades donde el juego con el toro es tachado de obsoleto y sin ningún interés por este grupo, cada vez mayor, de urbanitas que pretenden imponerse por la fuerza del escrache, del insulto y de la violencia hacia los demás y borrar sus costumbres, algunas de ellas ancestrales, de profunda raíz histórica.

Contemplar el lleno total del aforo de la Plaza de Valladolid, ayer el de San Sebastián, y antes Jerez, Málaga o México por donde pasa un hombre divinizado en su torería, realmente apreciado, que ha hecho posible el anhelo de verlo, por tantos y tantos aficionados, junto a sus otros compañeros de cartel, es una prueba evidente de lo que desea quien paga la entrada para acceder a un tendido en cualquier recinto taurino. Torero refulgente, único, especial, señero, tranquilo en ademanes y sometiendo es el capitán general de esta hornada de diestros actuales y como el tiempo todo lo marchita y todo lo aja, llegará un momento en que otro ocupe su sitio y concite la atención de quienes desean ver cada tarde en esa envoltura de luces, colores, lentejuelas y fama un canto a la vocación que fue y que es ser torero.

Las agresiones antitaurinas no pararán por mucho que nos empeñemos en darlas de lado y no prestarlas la atención que merece, sobre todo esos distinguidos hombres de la pluma que escriben en los medios de comunicación y crean opinión en sus lectores y seguidores. Pero por lo menos ahora, hoy, que nos dejen seguir y disfrutar de la grande y emocional fiesta de los toros, arraigada en el pueblo y calidad en el medio rural español donde los hombres siguen celebrando, viendo y aplaudiendo el juego eterno del hombre con el toro.

Es momento de reflexión, de no caer en la autosuficiencia, de pensar que ya está todo hecho, que se ha triunfado para siempre. Y no es así. La lección nos la da la misma Tauromaquia: Una lucha día a día, de esfuerzo, de entrega, de sacrificio y de dureza, sin decaimiento y superando las dificultades y obstáculos en el duro caminar. Otra cosa es engañarnos a nosotros mismos.

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