LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Un verdadero intelectual, escritor sin afectaciones ni rebuscamientos, crudo, directo y cruel, José Vasconcelos, dijo que solamente los libros sacarían de la barbarie a los pueblos.

Para dolencia y frustración de los muy pocos que quisieran que el nivel cultural ascendiera por lo menos un escaño, lamentablemente México no es país de lectores.

En lo que aún se llama patria subsisten muy pocos hombres de cultura pero si bastantes villamelones de ésta.

Publicaciones oportunistas y ridículas, pocas también, pero sí que las hay. A mercachifles del periodismo algunas veces les da por juntar letras y resultan por ahí, a nivel local los más y nacional los menos, algunas publicaciones más producto de las publirelaciones que de un taurinísmo sólido.

Y mientras se desprecian archivos fotográficos taurinos como el de Juan Saucedo, José Reyes o Armando Rosales “El Saltillense”, por mencionar a los más cercanos, y muchos trabajos de investigación, interesantes y con aportaciones profundas se quedan en los escritorios pese a que sus autores limosneen sin desmayo y con fe ciega su edición e impresión, personas con ingenio, voluntad, creatividad y cultura que en aprecio de lo taurino producen y suman cosas para enriquecer la fiesta brava.

Por cortesía del señor José Vaca, hoy copropietario del emblemático hierro de La Punta y el relativamente joven de Vaca Hermanos, cayó a mis manos una obra. Se trata de un libro fotográfico de bella y fina edición, cómodo formato y fácil comprensión para aquellos que tengan el mínimo de sensibilidad hacia las cosas del arte.

Es un trabajo titulado “Arjona, un siglo de instantes taurinos” cuyo prólogo se le encargó al “Tigrillo”, Juan Silveti Reynoso, y en su interior viven gráficas impresionantes petrificadas por ya cuatro generaciones de fotógrafos taurinos de la dinastía, justamente, Arjona: el fundador Agustín González Arjona, Joaquín, su hijo, Agustín, nieto y Pepe, bisnieto. Esta edición se realizó en la Ciudad de México el 2014.

Hoja por hoja, página a página fui sumiéndome en el misterio amplio y ancestral de la tauromaquia, catalizando para ello con el arte de la fotografía taurina.

Cada cuadro de papel es una pleitesía legítima a los instantes únicos e irrepetibles que en su dinamismo alegre y trágico va dejando la fiesta de los toros, desde la pasividad del ganado en el campo, su especial manejo, su etología y su reinado en la naturaleza, pasando por la grave antesala de los actores hasta desembocar en la dramática energía que arrasa las retinas de los públicos en el escenario esplendoroso que comprende un círculo ardiente en donde juegan a cartas abiertas la vida y la muerte.

Formidable y certera selección esta, de un archivo copioso en el que está condensado un siglo de historia taurina.

Sin lugar a la hestiación, tal trabajo es uno de los mejores que se hayan editado de fotografía taurina, y el mejor, con mucha ventaja, que en mis manos he tenido.

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