31 julio, 2021

JUAN PABLO Y FERMÍN, LOS PREMIADOS EN EL SENTIDO Y EXITOSO FESTIVAL CONTRA EL CÁNCER

Cuando la tauromaquia, sus sectores administrativos y su público, se injertan a causas nobles, humanas y caritativas, el resultado es, invariablemente, exitoso.

Todo, o casi todo, sale positivo pues las energías en amalgama de nobleza reclaman.

Ayer por la noche -a las ocho se hizo el paseíllo- en el antañón coso San Marcos se realizó el festival que la fundación del matador de toros Manolo Espinosa en contra de la terrible enfermedad que es el cáncer, se echó a cuestas, y el resultado fue exitoso artísticamente, pues en la arena se vieron cosas buenas, y el económico no deberá ser menos, dado que el graderío del inmueble casi se llenó de un público taurino solidario y de buen corazón.

Cuando la tauromaquia, sus sectores administrativos y su público, se injertan a causas nobles, humanas y caritativas, el resultado es, invariablemente, exitoso.

Todo, o casi todo, sale positivo pues las energías en amalgama de nobleza reclaman.

Ayer por la noche -a las ocho se hizo el paseíllo- en el antañón coso San Marcos se realizó el festival que la fundación del matador de toros Manolo Espinosa en contra de la terrible enfermedad que es el cáncer, se echó a cuestas, y el resultado fue exitoso artísticamente, pues en la arena se vieron cosas buenas, y el económico no deberá ser menos, dado que el graderío del inmueble casi se llenó de un público taurino solidario y de buen corazón.

Poniéndose decoros y mezclando a ello gusto y felicidad, el équite de moda, Emiliano Gamero, ante un novillo de medio juego del hierro de Manuel Espinosa, se propuso entregar una intervención variada y de mejor que de regular nota de la cual hubiera sacado mejor premio que los aplausos, de no ser porque pecó al matar con un rejón claramente trasero.

Astado muy fuerte fue el segundo, desembarcado por responsabilidad de la dehesa de San Pablo, cárdeno de pelaje y que en el último tercio demandó a Fabián Barba una labor sin respiro ni comodidades; el coletudo, consciente de esto, se desempeñó con todo el afán de lucir, y lo logró en la mayor parte de las derechistas series; no obstante, algún trofeo se diluyó en el momento en que pinchó antes de que encontrara la muerte de su contrario con una estocada delantera; en cambio salió al tercio.

Cosa rara en Juan Pablo Sánchez, recibió al tercero, éste criado en los feudos de Los Encinos y de buena presencia, con aprobadas verónicas. Una vez haberle palpado la docilidad y fijeza y cierta clase al débil cuadrúpedo, se ocupó en una práctica taurómaca correcta para entregar un episodio muletero de buena nota, terminado con tres cuartos de acero tendidos que, de cualquier modo, por lo hecho con los engaños, no evitaron que en su diestra levantara el primer trofeo de la función.

De la vacada de José Julián Llaguno se escogió para esta ocasión a todo un toro; bien armado, mejor cortado, largo y alto lo fue el animal. Con poder embistió desde el buen quehacer capotero de Arturo Saldívar, hasta la primera parte de la faena de muleta, misma a la que el actuante puso variedad y ganas no desmereciendo pese a que el burel se comenzó a anclar en el suelo, por el sello y ardor, además, que siempre sostuvo el diestro empeñado en triunfar con el merecimiento de una oreja, trofeo que sin embargo no le llegó dado el pinchazo señalado previo a su insuficiente estocada y un descabello.

A Diego Silveti, en su turno, le correspondió enfrentar a un ejemplar de la vacada de Pozo Hondo. El bóvido iba entregado al engaño púrpura, pero era por demás tardo y concluyó quedándose parado en el escenario. En vista de la inconveniencia, el de la dinastía Silveti no pudo hacer más que manifestarse dispuesto, acabando, luego de hacerle la lucha, con una estocada atravesada que el público le refutó.

Bajó el telón el joven espada Fermín Espinosa Díaz de León, “Armillita IV”, quien se vio en el redondel con un gordo novillo de la divisa de San Pablo, mismo que se prestó para el toreo, empero pronto, muy pronto sacó a lucir la sosería. Pese a esto, al diestro se le vio una empeñosa faena, de esas que además llevan el exquisito y cristalino trazo de quien nace con arte. Como concluyera su obra de una buena estocada, es que el segundo auricular de la función fue a ser empuñada por su derecha mano.

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