27 julio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Para aquellos que aún guardan fe taurina y una nueva esperanza cobijaron y pensaron que la fiesta brava se enderezaría con un “cambio” de empresa en la plaza de toros más grandota del planeta, la realidad les habrá de haber dado un impacto rotundo cuando esta “nueva empresa”, quizás con la misma o peor miopía que la anterior, anunció oficialmente el elenco de matadores y criaderos con los que irá construyendo los carteles de la muy próxima campaña que todavía se anuncia como grande e internacional.

La realidad, inflexible se impiadosa, destruye deseos, opiniones, aspiraciones y otras cosas.

Para aquellos que aún guardan fe taurina y una nueva esperanza cobijaron y pensaron que la fiesta brava se enderezaría con un “cambio” de empresa en la plaza de toros más grandota del planeta, la realidad les habrá de haber dado un impacto rotundo cuando esta “nueva empresa”, quizás con la misma o peor miopía que la anterior, anunció oficialmente el elenco de matadores y criaderos con los que irá construyendo los carteles de la muy próxima campaña que todavía se anuncia como grande e internacional.

La realidad, inflexible se impiadosa, destruye deseos, opiniones, aspiraciones y otras cosas.

La fiesta brava en México, no cabe duda, se mueve en el proscenio de los anillos. En los escritorios y por amiguismo, entreguismo, vasallaje e intereses de unos cuantos desairando sólidamente al público y a la afición que todo traga, todo aguanta y todo paga, casi siempre sin reclamar.

La soberbia tauromafia no se anda con medianías a la hora de ofertar el espectáculo protegiendo, para ello, los intereses de los muy pocos que ganan con sus entramados; su política inamovible es la de chiquear figurines, rendir pleitesía a los peninsulares y la de no sacudirse de romances con ganaderías de probada mansedumbre –Teófilo Gómez, Fernando de la Mora, Bernaldo de Quirós y similares-, mientras que en contundente desprecio por las dehesas que aún conservan la bravura como único recurso para mantener la emoción de la fiesta, igualmente margina a toreros que pudieran ser dinamita en carteles creativos, bien combinados, que generen rivalidades y de éstas se desmiembren las pasiones del público, sufrido sector que cada tarde más y más se aleja de esta fiesta a la que no dejan evolucionar.

Así que jóvenes espadas con mucha torería dentro, luchones y tenaces, ya saben, de nada sirve ganar “orejas de oro”, esa presea tan devaluada teórica y prácticamente, tampoco les será de utilidad el fraguar faenas recias y profundas a toros auténticos con edad y trapío ni tener madera como para ser ídolos y exhumar pasiones, tampoco el ser cornados casi de muerte y levantarse gallardamente para seguir en la guerra, pues los espacios que legítimamente les corresponden seguirán siendo para señoritos, indistintamente si éstos son enconados pega pases, o fracasen tres tardes consecutivas o estén enviciados en desligar el toreo, o por más que les den las mejores fechas, los mejores carteles con torillos sin edad ni trapío y para más señas mansos mensos de entra y sal, no evolucionen su tauromaquia y mucho menos detonen como toreros con jalón popular; la poderosa tauromafia nacional se resuelve no en los anillos sino en las oficinas de los que ostentan la ingrata batuta.

En el atlas hay hambre, así de alimentos como de justicia, hay desigualdad, políticos podridos –casi todos-, inseguridad, pobreza, trastornos sociales, enfermedades y millones de calamidades más que flagelan al género humano, tanto a nivel regiones, países y mundo que algo podrían amainar si los distintos sectores y organizaciones enfocaran sus ideas, energías y voluntades hacia ello; sin embargo los “políticos” de Cataluña ya encontraron el recurso para acabar definitivamente y de una vez por todas con las corridas de toros en ese sitio ibérico. Tales grupos trabajan para “aprobar ordenanzas que incluyan la prohibición de espectáculos con toros que incluyan muerte, tortura, maltrato, daños o sufrimiento del animal en público, ya sea en plazas permanentes o fuera de estos recintos”.

“Sin la muerte del toro la fiesta se irá desinflando. Los aficionados dejarán de asistir a esas corridas, que de esa manera no se organizarán, porque la muerte del toro es esencial para los aficionados”. Acaban diciendo…

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