31 julio, 2021

JAMÁS SE PIERDE LA QUERENCIA…

ARTURO REZA Buck es otro de los ex habitantes de “la casa de la risa”, cómo burlonamente llamamos en México a los manicomios, esos lugares que no quisiéramos existieran en ningún país, y es que a este hombre también le dio en su juventud la chifladura de asistir diariamente a la plaza San Marcos con la idea de llegar a ser una figura del toreo por la influencia de amigos cómo del entonces becerrista Enrique del Valle Macías “El Chino”, hijo de don Rodrigo quien hace muchas décadas vistió de luces en la compañía de otro debutante llamado Alfonso Ramírez Alonzo, (*) posteriormente apodado cómo “Calesero”. ¡Ni más ni menos!

POR LOS genes paternos de Arturo, afortunadamente, había cloruro, yoduro o bromuro de plata, material predominante para hace

ARTURO REZA Buck es otro de los ex habitantes de “la casa de la risa”, cómo burlonamente llamamos en México a los manicomios, esos lugares que no quisiéramos existieran en ningún país, y es que a este hombre también le dio en su juventud la chifladura de asistir diariamente a la plaza San Marcos con la idea de llegar a ser una figura del toreo por la influencia de amigos cómo del entonces becerrista Enrique del Valle Macías “El Chino”, hijo de don Rodrigo quien hace muchas décadas vistió de luces en la compañía de otro debutante llamado Alfonso Ramírez Alonzo, (*) posteriormente apodado cómo “Calesero”. ¡Ni más ni menos!

POR LOS genes paternos de Arturo, afortunadamente, había cloruro, yoduro o bromuro de plata, material predominante para hacer los rollos y placas fotográficas, olvidándose de capotes y muletas, en cuanta oportunidad se le presentaba “corría la legua” al lado de sus amigos maletillas cámara al hombro, para beneplácito de ellos, y así obtener casi de inmediato las gráficas logradas momentos antes, las revelaba en algún oscuro y tétrico cuartucho de las humildes casas donde permitían a los muchachos vestirse de luces… Luces que “alumbraban” menos que una mortecina veladora por la empobrecida ropa tan llena de remiendos y zurcidos tanto que parecieran parches sobre parches y más costurones. Era la guerra de las vacadas y/o novenarios, la verdadera escuela que sirvió de formación de muchos excelentes toreros de antaño.

LA TARDE de ayer se dio el milagro de volver a charlar con él, ahora habitante del norte de Texas, y me dio gusto puesto que recordar esas viejas andanzas, las que siempre se disfrutan siendo jóvenes, cuando la ilusión inclusive mata al hambre, al sueño, al dolor y se nutre con el otro tipo de alimento que es estar en un ruedo vistiendo un terno verde y mugre, el verde tono de mil batallas y lo sucio producto solamente inestabilidad económica para darse el lujo de contar con uno más. Antiguamente para lavarlos se debía de desmontarlos de todo a todo, descocerlos, asearlos y volver a unirlos. en solo una noche era misión imposible.

ARTURO TIENE por aquellos rumbos muchos años, está ávido de los aconteceres taurinos de su tierra, de ponerse al día sobre todo de esas dinosauricas amistades de las cuales desgraciadamente le tuve que dar infinidad de malas noticias, los años pasan y poco a poco nos vamos yendo, de broma le contaba que a muchos de nosotros ya nos ven la punta de los zapatos, que estamos pisando la raya para dar el paso definitivo a ese lugar donde nos indicaran si tomamos el elevador “que baja” o pasamos a engrosar la lista “de angelitos”.

HACE AÑOS vivía más cerca de Tijuana y por supuesto que se le facilitaba el camino y asistía a las corridas, ahora su hábitat es más lejos y menos los festejos en aquella frontera, por lo mismo hasta por teléfono “le notamos” la cara de sorpresa al conocer -para él- “las nuevas” ya viejas noticias. A pesar de todo está ilusionado en retornar a sus terrenos, en el próximo abril, para disfrutar la Feria de San Marcos desde sus inicios.

YA NO encontrara a muchos de nuestros mutuos amigos, la vida tiene leyes y una de ellas es, precisamente, la que por estas fechas recordamos los mexicanos, la muerte. No solo la de don José Guadalupe Posada, la verdadera, la que nos indica que nuestro ciclo ha terminado y debemos de partir… Pero ya lo decía líneas antes, en lo alto o en lo bajo encontraremos amigos para seguir hablando de toros, tanto así que si llegamos a los infiernos no nos preocuparemos en los entrenamientos de salón, cornudos dicen hay muchos y hasta con largo rabo, sobre las nubes seriamos incapaces de solicitar “orejas y alas”.

DESEAMOS PUES el tiempo se le pase volando a este volado amigo de siempre, que se porte bien para que quien manda en casa le permita, aun por pocos días, revivir esos tiempos en que el mundo nos lo comemos a puños.

UN ABRAZO Arturo y pronto… Nos Vemos.

(*)… En el acta de nacimiento original de don Alfonso su segundo apellido está escrito con “z”.

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