27 julio, 2021

SOL PARA JOSELITO, SOMBRA PARA LUIS DAVID

Una tarde con colores y olores dispares fue la que se vivió ayer en el coso Monumental de Alberto Bailleres.

El mano a mano inventado entre los hermanos Adame, Joselito y Luis David, transcurrió sobre modos agridulces.

El triunfador fue para el mayor de los congéneres, mientras que para el menor acabó la función cuando su segundo le cogió de manera salvaje dejándolo fuera de lo que apuntaba para una interesante contienda torera. Este cartel no pudo más que para atraer a una clientela menos copiosa que solamente cubrió la mitad del graderío del inmueble de la Expo-Plaza.

Una tarde con colores y olores dispares fue la que se vivió ayer en el coso Monumental de Alberto Bailleres.

El mano a mano inventado entre los hermanos Adame, Joselito y Luis David, transcurrió sobre modos agridulces.

El triunfador fue para el mayor de los congéneres, mientras que para el menor acabó la función cuando su segundo le cogió de manera salvaje dejándolo fuera de lo que apuntaba para una interesante contienda torera. Este cartel no pudo más que para atraer a una clientela menos copiosa que solamente cubrió la mitad del graderío del inmueble de la Expo-Plaza.

Hasta siete rumiantes salieron al anillo completando un encierro carente de uniformidad en juego, trapío y cuajo. Varios animales, anovillados ellos, no hubieran salido en una plaza que pretensiosamente se presume como una de las más importantes de América.

De San Isidro fueron el primero y sexto, éste regresado incomprensiblemente, de Teófilo Gómez el segundo, De Montecrsito el tercero, bravo y noble por lo que mereció el arrastre lento, cuarto y quinto de Los Encinos y el sustituto del sexto de Marrón, cuadrúpedo indigno para cualquier coso que tenga autoridades con autoridad.

Un torito bajito, de modesta caja pero de bellas formas irrumpió en el albero; como el bóvido éste diera cobertura con cierta clase y nobleza de aquella empalagosa, Joselito Adame –al tercio, dos orejas, palmas, palmas y dos orejas en los últimos tres que estoqueó por su hermano-, luego de alternar variadas suertes capoteras con su hermano, construyó una faena inteligente y reposada por ambos flancos, sosteniendo el hacer pese a que, aún en querencia, pronto la mansedumbre obligó al antagonista a salir de los pases con la cara en alto, firmándola no del todo bien con un espadazo tendido y pasado.

Muy gordo estaba el torito tercero, pero con su humilde testa en regular estilo embistió desde su salida hasta el final sin manifestar cansancio. A esta condición el titular de la lidia planteó una faena variada con el capote y derechista con la muleta, hecha con tandas emocionantes que hicieron vibrar los tendidos empero deshonrada por aquella estocada, que si excelentemente ejecutada a un tiempo, trasera y tendida.

Abominable de lámina fue el quinto. En juego no dejó mentir. Malo fue como él solo, sin casta soso de verdad, le cumplió el coletudo no sin hacer muy mal la suerte suprema.

Corto de caja pero bastante bien armado y con cuajo de toro resultó el que cerraría la función. Sus malas hechuras, sin embargo, provocaron las reclamaciones inentendibles del público y el juez, sin firmeza ordenó que se retornara al sitio de donde había salido. En su lugar apareció, pisoteando el reglamento, el segundo reserva, cuando debió salir el primero; aquel fue de Marrón, un becerrote, y feo además, sin embargo el público lo aceptó alegremente y lo consumió a pies juntillas. La colectiva reacción se puede tomar, sin temor, como un ejemplo vivo de que la concurrencia confunde lo que ve con lo que quiere ver. El coletudo, viendo que no presentaba problemas el modesto adversario y sí sosería de aquella que no tiene peligro y aburre, pues pasaba tras la muleta como borrego, hizo una labor afanosa, acaso con el mérito de haberse sobrepuesto a la pesadez que dejó el percance de su hermano, y al puro estilo Aguascalientes feriero, en la que no faltaron las notas de “Pelea de gallos”. Dos orejas ordenó el señor juez muy a pesar de que en la suerte de matar el estoque quedó caído, casi en el barranco del bajonazo.

Poco o nulo crédito se le puede dar a un torero que viene de Europa con varias decenas de corridas en plazas de importancia, ante toros incuestionables y en una fiesta seria, donde el toreo es arte y no artesanía, y ante sus paisanos se desenvuelve delante de un chivo descastado e inadmisible en un coso que presume de ser de primera…

Luis David Adame –silencio en el único que estoqueó- manifestó sitio, personalidad, carácter y dominio de la profesión. Un horrible veleto le soltaron en su primer turno. Corriente de hechuras fue en verdad. Manso además, nada tardó en procurar el calor de las maderas, sin embargo sucumbió su falta de casta ante la sarga mandona del joven, quien bien plantado, seguro y con sitio formidable cuadró su faena llenándola de pases extensos soportados en notado temple. Por encima de las condiciones quedó en este trasteo que prologó con su hermano en una serie de quites y epilogó, lamentablemente, usando mal el alfanje.

Hermoso toro astipuntal, berrendo en cárdeno y de soberbias hechuras salió al nimbo para atropellar espectacularmente al diestro, el cual como réditos quedó sin sentido sobre el albero. Le había adelantado la suerte al recibirlo en los medios con una larga cambiada de hinojos. En pasajes dramáticos lo llevaron a la enfermería de donde ya no salió pues los galenos, en una primera auscultación, le apreciaron cierta lesión clavicular y/o luxación en el hombro siniestro y ligera conmoción cerebral. De la lidia de aquel precioso ejemplar se encargó su hermano mayor quien poco se empleó en el tema quitándose del compromiso sin haber desengañado al astado con una caída, aunque eficaz estocada. Este animal mejor juego hubiese dado si no se hubiera emplazado, ya que duró solo en el anillo varios minutos preciosos y claves…

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