22 noviembre, 2016

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

El déspota, inflexible e incorregible entramado empresarial “taurino” que ha administrado la fiesta, a veces brava, en México durante más de un par de décadas, no ha producido ninguna figura de arrastre –”Zotoluco” se fraguó en el fango y Joselito en Europa… y ninguno de los dos es precisamente de arrastre taquillero-; en cambio sí que con ahínco y celo se dedicó a desperdiciar infinidad de toreros que por sus virtudes y expresión artística bien pudieron haber llegado a la cúspide.

El déspota, inflexible e incorregible entramado empresarial “taurino” que ha administrado la fiesta, a veces brava, en México durante más de un par de décadas, no ha producido ninguna figura de arrastre –”Zotoluco” se fraguó en el fango y Joselito en Europa… y ninguno de los dos es precisamente de arrastre taquillero-; en cambio sí que con ahínco y celo se dedicó a desperdiciar infinidad de toreros que por sus virtudes y expresión artística bien pudieron haber llegado a la cúspide.

Varios puestos en los carteles que la “nueva empresa” de la plaza, todavía, más grande del mundo se dieron por compadrazgo, amiguismo y parentesco político, pues de otro modo no se podría entender que regresen al coso de Insurgentes toreritos que en la pasada campaña solidificaron petardos hasta en tres tardes, u otros involutivos que por incapacidad se han concentrado en despreciar toros excelentes como para consagrarse, una función sí y otra también, y tampoco que ibéricos del montón roben un lugar a nacionales que valen la pena y merecen el gasto.

A pesar de la marginación, todavía quedan por ahí coletudos que con esperanza de hierro y voluntad intachable continúan practicando el ancestral rito del toreo. Toreros simplemente.

Jerónimo Aguilar, el sobrino nieto del sensacional Jorge “El Ranchero” Aguilar, visitó la sede de CITA –Cronistas e Informadores Taurinos de Aguascalientes- y charló con sus miembros en una velada estupenda, profunda, como es su tauromaquia, y amena en la que habló con las velas desplegadas de sus logros, sus sentimientos, sus fracasos y su sentir todo a cerca de la profesión arcana que en la vida escogió y que le ha dado de todo. Con hablar franco y palabra sencilla y concisa, mantengo, dijo, la ilusión por el toreo; hoy ya no me mueve el interés voraz que me movía durante mis primeros años de alternativa. Disfruto más cada momento y no voy en busca del triunfo a rajatabla como antes lo hacía; tampoco me frustro o me preocupo si las cosas alguna tarde no salieron como se hubiera deseado. Hoy transcurre mi vida torera con mayor tranquilidad y camino en ella de manera más pensante y menos presionada.

Con Rafael Herrerías, anterior empresario del coso de Insurgentes, tuve muchas fricciones – continuó el diestro-; fueron dos principalmente por lo que paró mi carrera y la de otros toreros de mi generación. El defender mi postura a favor de que en los carteles se mantuviera la mayoría de mexicanos, resultó contraria a mis intereses. Herrerías llegó a amenazarme directamente de que pararía mi carrera y cumplió sus amenazas.

En las escuelas taurinas, refiriéndose a otro subtema, enseñan a los chicos las bases del toreo pero lamentablemente todos hacen prácticamente lo mismo; carecen de sello propio y no marcan diferencias.

Al oírle hablar y ver su actitud ante la vida, se adivina que aún dará en aquellos ruedos mucho de su expresión taurómaca artística. No está vencido, no le vencieron jamás; ahí está firme, de pie muy a pesar de las embestidas descompuestas y muchas veces mortales que dan las empresas atrás de los escenarios.

Aplausos para este diestro de corte rotundamente mexicano; torero a son de falsete; torero de honduras inexplicables; torero con aroma de rancho y campo; torero con alma de bronce y carne de águila real.

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