13 diciembre, 2016

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

En la extensa historia universal de la fiesta han habido figuras que no han sido maestros y maestros que no han sido figuras.

El pasado viernes a las seis de la tarde con cuarenta y cinco minutos, en un nosocomio de Aguascalientes, inició su eterno y divino desmayo Manolo Espinosa.

Hombre profesionista –se tituló como arquitecto- y culto, es uno de los que he escuchado mejor hablar de toros.

Heredero de los secretos de su progenitor, “El Sabio de Saltillo”, sabía usar las latitudes de la tauromaquia práctica y rara ocasión se le veía ahogado o desentonado con la geometría del toreo. Maestro y torero para toreros.

En la extensa historia universal de la fiesta han habido figuras que no han sido maestros y maestros que no han sido figuras.

El pasado viernes a las seis de la tarde con cuarenta y cinco minutos, en un nosocomio de Aguascalientes, inició su eterno y divino desmayo Manolo Espinosa.

Hombre profesionista –se tituló como arquitecto- y culto, es uno de los que he escuchado mejor hablar de toros.

Heredero de los secretos de su progenitor, “El Sabio de Saltillo”, sabía usar las latitudes de la tauromaquia práctica y rara ocasión se le veía ahogado o desentonado con la geometría del toreo. Maestro y torero para toreros.

Luego de más de quince años de luchar alegre y entusiastamente con el cáncer, finalmente sucumbió vistiendo a la nación taurina con ropones catafalco.

Alguna ocasión en una conferencia dijo certeramente: “los que alcanzan el título de figuras, son aquellos que logran entender a la mayor parte de los toros que enfrentan en su vida”…

Mientras tanto continúa la triste historia de las famélicas entradas en la Plaza México.

El sábado, al ser rechazado el encierro de Barralva por una supuesta falta de trapío, soltaron uno de La Joya y cinco de Santa María de Xalpa para conformar un encierro cuajado, serio, hermoso, bien rematado y descastado, soso y sin esencia brava.

Fermín Rivera, diestro puro, con honda educación taurina y egregia disciplina profesional, toreó ostentosamente con la capa a su primero, y pese a que éste regateaba sólidamente las embestidas, no evitó el que se le observara la sedosidad y temple de su suntuoso y señorial hacer, amén de su también calma torera pasmosa.

Su segundo fue un toro melocotón, pasador pero incoloro, inoloro e insulso al que le cumplió sin enfadarse ni enfadar.

El segundo fue aplaudido al aparecer en la circunferencia; fue noble empero adoleció de poder. “El Payo”, viendo y concientizándose de las modestas opciones, lo dio buen trato y hurtóle con el capote formidables detalles y con la muleta le cumplió toreramente. Su segundo fue un toro de sosería increíble y a la mayor brevedad se deshizo de él.

Por su parte Diego Silveti, un apapachado de la soberbia tauromafia, recibió al tercero decorosamente para enseguida ejecutar gaoneras no sin fruncirse en cada una de ellas. Armada la muleta se dio el frentazo con el sentido que desarrolló el adversario, pero al que le luchó plausiblemente.

Cerró plaza un toro soberbiamente precioso, astipuntal, bien armado, de paradigmático trapío y con apenas 469 kilos, es decir, quedó validado que poco o nada tiene que ver la romana con la presencia del toro de lidia.

El vástago del “Rey David” se puso francamente valeroso y le formó una faena deshilvanada, sin estructura, con pases aquí, allá y más allá, dado que el burel, luego de amagar con ser espectacular al inaugurar el trasteo, se guarneció en las maderas. De cualquier modo, muy dispuesto el espada, bastante dio de su parte y fue, también es real, sobrevalorado con una oreja.

Y volvieron a las andadas el domingo. No hay función en que no estén los abusivos ases ibéricos unidos al nombre indeseable de Teófilo Gómez.

Este llamado “ganadero” mandó un encierro, raro en él, bien presentado y, común en él, soso, descastado, sin bravura, pero “muy dejado”.

Morante de la Puebla salió inspirado y buriló un trasteo de indescriptible estética y profundo arte a su segundo. El premio fue lo de menos, dos orejas, pero al juez se le alcanzó la puntada de ordenar el arrastre lento.

Por tener influencias confirmó Gerardo Rivera, y Manzanares no vivió su mejor tarde.

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