17 diciembre, 2016

OPINION: EL TOREO TELEVISADO

Cuando las circunstancias no permiten a los amantes del toreo el ver las suficientes corridas en vivo para saciar el hambre taurina, entonces los aficionados, para satisfacer esa necesidad, pueden ver regularmente en la pantalla las imágenes del toreo de los múltiples festejos televisados.

En este artículo opinaré cuales son para un buen aficionado conocedor del toreo, las principales diferencias entre ver corridas televisadas cómodamente sentado en casa o presenciarlas ocupando una localidad, no tan cómoda, de un tendido de una plaza de toros.

Cuando las circunstancias no permiten a los amantes del toreo el ver las suficientes corridas en vivo para saciar el hambre taurina, entonces los aficionados, para satisfacer esa necesidad, pueden ver regularmente en la pantalla las imágenes del toreo de los múltiples festejos televisados.

En este artículo opinaré cuales son para un buen aficionado conocedor del toreo, las principales diferencias entre ver corridas televisadas cómodamente sentado en casa o presenciarlas ocupando una localidad, no tan cómoda, de un tendido de una plaza de toros.

Un aficionado que asiste a una corrida en la plaza es parte de un público que, con sus sentimientos expresados bien sean con aplausos, silencios o broncas, afecta a lo que suceda en el ruedo desde que los toreros hacen el paseíllo hasta que abandonan el ruedo. Por muy pasivo que el espectador intente ser, con la emoción no puede evitar que se le escape un olé, una protesta, un gesto feliz o amargo, o bien un comentario positivo o negativo compartido con alguna persona cerca de su asiento. Pero no solamente el aficionado que asiste a una corrida disfruta del festejo en la plaza, pues es muy común que vaya a los toros acompañado de otros aficionados, y antes de entrar en el coso paren en una cafetería para tomar un café y dialogar sobre el festejo anunciado, y al salir también entren en un bar para tomar una copa y comentar sobre lo visto en el ruedo esa tarde. O sea que el toreo, al ser un arte vivo necesita de un público presente en la plaza para que sea una realidad artística. Por lo tanto puede afirmarse que el aficionado que asiste a la plaza es parte activa del toreo.

En cambio, el aficionado que presencia las imágenes de un festejo taurino en la pantalla de un televisor no es parte activa del toreo, pues sus buenas, malas o regulares reacciones, si las manifiesta, no afectan en absoluto a lo que suceda en el ruedo de la pantalla. Su papel es neutral y debe conformarse con disfrutar de una manera menos apasionada que en la plaza con lo que está viendo en la pantalla. Ahora bien, el aficionado tiene la ventaja de poder ser más analítico del toreo televisado que cuando lo presencia en vivo, debido a la avanzada técnica de televisar los festejos taurinos. Es de admirar como en la televisión, usando diferentes cámaras, nos presentan las facetas del toreo desde diferentes ángulos, de tal manera que permiten al televidente observar detalles que no completamente los apreciaría viéndolos en el ruedo. Además, para enfatizar los detalles que no pudieran haber sido notados, durante la retrasmisión repiten las escenas a cámara lenta para que se vuelvan a ver. Por ejemplo, si un torero ha sido volteado o corneando al verse en cámara lenta se puede juzgar si el incidente fue causado por un error del torero o bien por una mala arrancada del toro. También, gracias a los comentaristas el televidente se informa de muchos hechos que suceden durante un festejo que el espectador en la plaza de momento desconoce. Los ejemplos serían muchos, pero aquí solo menciono el de la voltereta. Si el diestro volteado es llevado a la enfermería, un comentarista poco a poco informa de la gravedad del incidente y si el torero saldrá o no para lidiar el otro toro de su lote, mientras que el espectador tendrá que esperar a lo que luego suceda en el ruedo para saberlo. Otra cosa que distrae durante los momentos muertos del festejo son las entrevistas que un comentarista hace bien a los diestros para que opinen sobre actuaciones que acaban de efectuar, o bien pidiendo la opinión a taurinos o personas importantes que se encuentran en el tendido. Lo que no puede emitir lo visto en la pantalla es la profunda emoción que se siente presenciado una corrida en la plaza, y es aquí cuando el buen aficionado tiene que de alguna manera crearla recordando sus experiencias de cuando ha estado presente en un coso.

En resumen, aunque el ver toros en la tele ayuda al aficionado a saciar el hambre taurina, parar satisfacerla plenamente es necesario ser parte activa del toreo estando de cuando en cuando presente en una plaza.

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