9 enero, 2017

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Los supuestos “abogados de bestias”, hoy llamados pomposamente animalistas, son los más profundos y contundentes ignorantes, justamente, a cerca de la zoología, etología, funciones y relación de los animales con el humano.

Por siglos, entre los amantes del equino, que son millones en el Atlas, e incluso más allá, se ha tragado a pies juntillas el mito de que el caballo es el ser más noble sobre la faz de la tierra; sin embargo, según la ciencia etológica de este cuadrúpedo, sí, de importancia suma en gran parte del desarrollo e historia del hombre, es vengativo y jamás se le olvida quien le hizo daño.

Los supuestos “abogados de bestias”, hoy llamados pomposamente animalistas, son los más profundos y contundentes ignorantes, justamente, a cerca de la zoología, etología, funciones y relación de los animales con el humano.

Por siglos, entre los amantes del equino, que son millones en el Atlas, e incluso más allá, se ha tragado a pies juntillas el mito de que el caballo es el ser más noble sobre la faz de la tierra; sin embargo, según la ciencia etológica de este cuadrúpedo, sí, de importancia suma en gran parte del desarrollo e historia del hombre, es vengativo y jamás se le olvida quien le hizo daño.

El caballo, en su hábitat natural, es depredado, no depredador, por ello desarrolló enorme capacidad para, en su huida, correr a considerable velocidad. Esto le otorgó el beneficio de supervivencia.

Perseguido por animales salvajes que le comían en sus diferentes etapas evolutivas, hoy conserva aquel instinto de escapar.

Científicos estudiosos de la zoología han afirmado incluso que jamás al caballo se le doma totalmente; en su mente quedan residuos de su naturaleza defensiva, por ello es que al sentir por primera vez algo sobre su fuerte dorso, repara, patea y se azota dramáticamente.

Lo que el hombre logra es someterlo.

Su campo visual no le alcanza para ver lo que hay en su grupa, y muchas veces, cuando siente algo precisamente en esta zona, patea peligrosamente. En virtud de ello los hombres de a caballo saben que no es del todo recomendable colocarse así porque sí atrás de un caballo.

La pasada semana en un coso duranguense el rejoneador Emiliano Gamero pasó por detrás de su preciosa cuadra estando ésta colgada en el exterior del remolque de traslado; en cierto momento uno de los equinos, váyase a saber el motivo exacto, le tiró un par de patadas salvajes que por fortuna no encontraron objetivo.

La reacción de Gamero fue la de dar varios azotes al cuaco con una reata u objeto similar. Esto mientras era viedograbado con un teléfono móvil por un reportero improvisado cuyo material de inmediato corrió por las redes sociales, pasando hasta más allá posteriormente.

Cabría primero el consultar a un maestro en doma a la alta escuela que método cabría en casos como ese. Quizás el que utilizó Gamero no fue el mejor pero sí que a las sensibleras mentes les resultó inhumano; sin embargo, lo cierto es que el equino por su puesto requería de una lección correctiva. La patada de un caballo puede llegar a matar o, en el menor caso, provocar lesiones muy severas… soy testigo de ello.

De cualquier modo, de ninguna manera pretendo justificar la acción del jinete a tema, empero se les olvidan los malos tratos que gran parte de los équites dan a las caballerías: fuetazos a granel en las carreras, severísima fractura solo por ganar puntos al colear, espuelazos salvajes, frenos hirientes, mataduras y un extenso etcétera.

Su peor hierro no fue la zurra que ejecutó al tordillo palomo, sino el haberse disculpado públicamente por ello…

La empresa de la Plaza México en alta traición a la fiesta, a la creatividad, a la inventiva y a la generación de competencia, sorprendió con la estructura de la segunda parte de la campaña; no por lo novedosa de ésta, sino por su testarudez que parecía ya no tener otra dimensión: 4 de febrero, “Zotoluco” mano a mano con Ponce ante seis leones de Fernando de la Mora; 5 de febrero, Juli, Morante y Adame con seis dragones de Teófilo Gómez…

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