17 enero, 2017

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Plaza México.
Más de lo mismo y con los mismos. Es la inflexible, irreflexiva y testaruda política taurina del cada vez más españolizado monopolio empresarial mexicano.

En connivencia con “ganaderos” y apoderados de los toreros más cotizados, y la prensa que todo les alaba, principalmente, apuesta por una fiesta brava sin bravura, más divertida, según varios miembros del grupo, pero de espaldas y en claro desaire a un público aguantador, muchas veces ingenuo, y pagador pero cada tarde más escaso.

Plaza México.
Más de lo mismo y con los mismos. Es la inflexible, irreflexiva y testaruda política taurina del cada vez más españolizado monopolio empresarial mexicano.

En connivencia con “ganaderos” y apoderados de los toreros más cotizados, y la prensa que todo les alaba, principalmente, apuesta por una fiesta brava sin bravura, más divertida, según varios miembros del grupo, pero de espaldas y en claro desaire a un público aguantador, muchas veces ingenuo, y pagador pero cada tarde más escaso.

En un despilfarro de entreguismo trazó los carteles de la segunda parte de la, hasta hoy, fallida campaña y entre éstos los del aniversario del gigantesco y preocupante coso.

En cualquiera de las dos funciones, 4 y 5, habrían tenido formidable presencia los coletudos que en el primer capítulo lograron cortar orejas y, lo más importante, convencer al escaso público. No obstante, la empresa, en acto de vasallaje incondicional, evitó en sus combinaciones la competencia, la creatividad y la originalidad y, ¡cómo no!, volvió a complacer a Enrique Ponce, el pinchador de Chiva, y en un mano a mano con “Zotoluco” le pusieron su hierro favorito, Fernando de la Mora, un hombre que se ha declarado enconado enemigo de la fiesta.

Al día siguiente, cinco de febrero, regresa Morante para alternar con “El Juli” y realizar la frustrada confirmación de alternativa de Luis David Adame, tercia que, a gusto del sevillano y el madrileño, enfrentará seis dragones dantescos de Teófilo Gómez.

Antes, el 22 de este mes que aún embiste descompuesto con gasolinazos y amenazas exteriores, estará un Miguel Ángel Perera que torea mucho y muy bien pero que no acaba por llamar la atención de las masas y que no sale de lo mismo, para alternar con un Diego Silveti que se puso valiente ante un serio y hermoso toro en su anterior comparecencia y un Juan Pablo Sánchez que muy bien pudo haber estado como tercero en discordia entre “Zotoluco” y Ponce.

El 29 saldrá el équite Jorge Hernández Gárate para rejonear un astado del Vergel, y a pie, con seis de Los Encinos, Sebastián Castella, Octavio García “El Payo”, torero cada tarde más sólido, y Roca Rey, si es que antes no lo vuelve a tocar un toro, pues su obstinado empeño en vivir entre los trancazos de los adversarios le está causando serios disgustos. El toreo no es eso; por supuesto que la fiesta debe tener drama, pero no es el que pudiera producir un percance, sino la casta, la bravura y la nobleza y el torero que ahoga con arte tales virtudes. El ejercicio de lidiar reses debe de ser primero disfrutada por quien lo ejecuta.

El 12, ya de febrero, se presentará a ratificar título Paco Ureña, torero pundonoroso y oficioso, llevando de padrino a Arturo Saldívar y de testigo a Sergio Flores, el tlaxcalteca que en el pasado bloque enfrentó a uno de los tres toros que sacaron bravura, cuajándole entusiasta y talentosa faena.

Cierra el fascículo anunciado el abusivo jinete Hermoso de Mendoza quien hará el toreo a caballo ante bóvidos de Los Encinos, mientras pisando la arena saldrá Joselito Adame alternando con, supuestamente, con dos de los triunfadores de los carteles oficiales. Y todos los aficionados pensantes se seguirán preguntando en donde quedó Fermín Rivera, el torero más clásico y señorial que México tiene hoy…

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