17 enero, 2017

¡¡¡PUERTA, PUERTA!!!… LO QUE NO VES CON LOS OJOS NO LO INVENTES CON LA BOCA.

ABRIRÉ LA boca… Han pasado ya varios años, conozco muchos de los pormenores de esa tarde, los he buscado, descubierto y rastreado por el coraje que me brotó al escuchar tanta estupidez respecto a la cornada a José Tomás el 24 de abril del año 2010 en la plaza Monumental Aguascalientes, la tarde que el toro “Navegante”, de Pepe Garfias -Santiago- fue el menos culpable del tremendo hachazo que llegó al muslo del torero al no reponer el espacio requerido entre pase y pase por el espada de Galapagar. La culpa fue de él y de nadie más. Desde mi muy personal punto de vista el exceso de confianza por poco le cuesta la vida.

ABRIRÉ LA boca… Han pasado ya varios años, conozco muchos de los pormenores de esa tarde, los he buscado, descubierto y rastreado por el coraje que me brotó al escuchar tanta estupidez respecto a la cornada a José Tomás el 24 de abril del año 2010 en la plaza Monumental Aguascalientes, la tarde que el toro “Navegante”, de Pepe Garfias -Santiago- fue el menos culpable del tremendo hachazo que llegó al muslo del torero al no reponer el espacio requerido entre pase y pase por el espada de Galapagar. La culpa fue de él y de nadie más. Desde mi muy personal punto de vista el exceso de confianza por poco le cuesta la vida. Y no solo eso hubiera dolido, el prestigio de quienes lo salvaron en la enfermería hubiera quedado por los suelos cuando ellos, gracias a su sapiencia y valor para tomar decisiones en millonésimas de segundo se lo arrebataron a la muerte, se vaciaba, la enorme hemorragia le dejaba sin el vital combustible dador de vida.

LA ENFERMERÍA de la plaza Monumental Aguascalientes es de confiar, su instrumental es el indispensable, nunca diremos es un sanatorio de cinco estrellas, sin embargo, las principales figuras en ese lugar, las que alumbran el espacio, tienen nombre y apellido, ya lo decíamos, el equipo humano, como maquinaria relojera, sabe, conoce el lugar que debe de tomar al ingresar un torero con sus carnes abiertas. Dicen -los doctos- que intuyen el tipo de herida causada al ver como el astado coge al diestro, de qué manera cae, los movimientos del herido en la arena, esto les da una vaga idea de la gravedad de lo que posiblemente encontraran al ingreso del lastimado. Eso, eso se llama profesionalismo, dedicación, estudio y amor a la profesión y al puesto taurino. Va algo de lo que he encontrado en mi fisgoneo de aquella tarde abrileña.

EL GRITO es tétrico, es indeseable, es espeluznante… ¡¡¡PUERTA, PUERTA!!!… Exclamación indicativa para que quien se encuentre más cercano al acceso a la enfermería la abra de inmediato, los médicos, desde el burladero donde están, que les da visión total al ruedo, avisan y están prontos a ocupar sus respectivos puestos, un herido llegará en unos instantes. Los pequeños depósitos donde se guarda el stock de suministros médicos para curación, y requerimientos posibles, están perfectamente ubicados por medio de los colores externos de los envases que los guardan, fácil y rápido son localizados por lo mismo.

EN EL caso de José Tomás… La hemorragia era impresionante, nadie podría dudar que la femoral se encontraba mutilada, el pastoso rojo reguero que dejó en su trayecto ruedo-enfermería -video en https://www.youtube.com/watch?v=IrnjTtexQBM- era el manantial por donde la vida se escapaba al de Galapagar, los segundos valían oro pero afortunadamente llegó a buen tiempo a la sala de operaciones donde de inmediato le suministraron cualquier cantidad de sueros, de plasma, otra de las fortunas fue la sabiduría de don Alfredo Ruiz Romero, quien sabiendo la urgencia, y que la anestesia tardaría en hacer su efecto, decidió aplicar sus sabios juicios y, mientras se le aplicaba el sedante y este hacia la acción requerida, tomó con energía -y valor espartano- el bisturí y descubrió las carnes del muslo derecho de José Tomás sin sedante alguno. Esto le permitió arrancárselo a la parca. De dudar en abrir la extremidad sin esperar el adormecimiento anestésico nunca hubieran tenido la oportunidad lógica de ligar las tantas arterias rotas por donde la vida se le iba. Procedió don Alfredo a jugarse el todo por el todo y ganó todas, su prestigio estaba en juego, su valor de tomar decisiones a la velocidad de la luz le permitió salir avante y salvar una vida.

IMAGINO LA impresionante escena en el cubículo sanitario, suceso que sobresaltó a algunas personas que se habían colado y que abandonaron el lugar hablando tontería y media en contra de la actitud del equipo médico, acción con indudable presencia de sabiduría de los doctores que, como ya lo decía, funcionó como máquina de reloj fino, como motor recién afinado. JOSÉ TOMÁS les debe la vida a los doctores Alfredo Ruiz Romero, a Luis Miguel Chávez, a Julio Palma Silva, a Enrique González Careaga, a Juan Carlos Ramírez Ruvalcaba, a Jesús Villalobos Macías, a José Luis Martínez Rodríguez y a María Concepción Quezada Delgado. El resultado de la intervención y recuperación del hispano calló muchas bocas.

LA ANÉCDOTA… La enfermería de la Monumental Aguascalientes cuenta con dos puertas, por donde ingresan los heridos que está ubicada en el área del patio de cuadrillas. La otra da al estacionamiento, concretamente donde en tardes de toros siempre permanecen dos ambulancias de la Benemérita Cruz Roja. Ahí, a unos pasos de los vehículos, Carlos Hernández Sánchez, jefe de los servicios médicos, “lidiaba”, tal y como lo pueden ver en el vídeo sugerido líneas arriba, con Salvador Boix, apoderado de quien era intervenido en esos momentos, y el doctor Rogelio Pérez Cano, médico del mismo espada, quienes, con los nervios a punto de estallar, preguntaban mil cosas como es entendible, temían no se contara con suficiente sangre para las urgentes y necesarias requeridas transfusiones, quizás dudaban de la capacidad profesional de quienes participaban en la operación, solicitaban un helicóptero, que por cierto ya había aterrizado a escasos 50 metros de donde se encontraban, y que fuera trasladado de inmediato a algún hospital o sanatorio con mejor equipamiento.

DON ALFREDO Ruiz Romero, por la premura imaginada, ni bata quirúrgica portaba, así ligaba arterias de todos los diámetros, sus compañeros hacían lo propio y una vez que se estabilizó al torero, la puerta por donde lo habían recibido volvió a abrirse, en esta ocasión ya para trasladar a un hospital, el Miguel Hidalgo, por cierto, propiedad del gobierno estatal, al de Galapagar. El lugar estaba invadido de fotógrafos, periodistas y curiosos que mucho estorbaban las maniobras de manejar la camilla para introducirla a la ambulancia, ahí es donde el personal de seguridad contratado por la empresa, evitaba subiera al vehículo una persona vestido de civil, no imaginaban que se trataba de la mismísima persona que no alcanzó a ponerse bata alguna, desde luego que se trataba del doctor Ruiz Romero.

EL FINITO ya todos lo conocemos, un final feliz con un positivo reconocimiento generalizado, local, nacional y allende la mar, al cuerpo de los médicos, creo que sobran palabras, José Tomás quedó sin secuelas, la muestra es que sigue toreando sin impedimento físico alguno.

Deja un comentario