3 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Piedras Negras, hierro legendario y romántico cuyos dueños en lo extenso de su historia, con sensibilidad y alto concepto de lo que es el toro de lidia, se preocuparon por criar bóvidos encastados como único elemento para generar emoción en los redondeles.

En conferencia de prensa el pasado día 18, la empresa “Santa Julia Espectáculos”, anunció que el 17 del mes entrante regresa esta dehesa a Tlaxcala.

Piedras Negras, hierro legendario y romántico cuyos dueños en lo extenso de su historia, con sensibilidad y alto concepto de lo que es el toro de lidia, se preocuparon por criar bóvidos encastados como único elemento para generar emoción en los redondeles.

En conferencia de prensa el pasado día 18, la empresa “Santa Julia Espectáculos”, anunció que el 17 del mes entrante regresa esta dehesa a Tlaxcala. Serán cuatro ejemplares los que se habrán de jugar, y dos de a pie los que se encargarán de lidiarlos: Rafael Ortega, que retorna a los anillos, y José Luis Angelino; mientras que a caballo estará Pablo Hermoso de Mendoza con dos cuadrúpedos de la vacada de Fernando de la Mora, pues solamente a los aficionados pensantes se les ocurre que el équite navarro pudiese enfrentar un lote de Piedras Negras.

Don Pedro Julio Jiménez Villaseñor, hombre entusiasta, inquieto y creativo, lanzó una original propuesta salida de su mente: la de nombrar “reina de los toreros” a una bella jovencita, Areli Adame. Es entonces que en la feria de San Marcos 2017 los diestros participantes tendrán a SGM en algo que pudiera llamarse anteproyecto, pues el plan completo de don Pedro es el de someter a votación a la que será reina del 2018.

Primera corrida del 2017 y, lamentablemente, primera mala entrada en el viejo pozo de las ladrilleras. El público, por factores múltiples, se ha salido de la enorme plaza de la calle Augusto de Rodin de la Ciudad de México. Uno de esos factores es sin duda la falta de bravura en los encierros lidiados.

Función intrascendente vivió el ibérico Miguel Ángel Perera, pese a buenos episodios durante su primer antagonista. Exhibió notada relación con la capa y se manifestó toreando variadamente y con cariño. El de Montecristo fue noble pero carecía de energía; no obstante lo comprendió muy bien el diestro, lo trató con amabilidad y le hizo una faena pulcra y bien construida, no obstante de regular calado en los tendidos por no haber tenido casta el toro.

Su segundo fue un bóvido demasiado tardo al que le luchó abiertamente, pero logrando poco ante un público ya a esas alturas impaciente, quizás por el modesto juego del encierro en general. Como estuvo mal con el acero se tapó entre pitos.

El mejor librado de la tarde fue el aguascalentense Juan Pablo Sánchez. Su primero fue un minusválido al que con un terso y acariciante manejo de la sarga logró “rehabilitar”, hurtándole sensacional cosecha. Por desgracia en un pinchazo antes de la buena estocada, dejó la oreja que había ganado. El quinto embistió con calidad, pero su falta de poder comenzaba a desesperar; no obstante, el joven espada sacó nuevamente el talento, le expuso todo cuanto pudo y en nueva versión sacó agua de una peña, lamentablemente mancillando su labor con el acero y perdiendo la segunda oreja.

Diego Silveti fue puesto en el cartel por la oreja que cortó en el anterior bloque de la campaña y por la excelente manera en que su tío y apoderado Alejandro Silveti lo administra. El denso “pero” es que es un diestro involutivo, de poses y pases, superfluo que no acaba de detonar una tauromaquia de mayor profundidad. El tercero de la función tuvo buen tono de casta; fue con energía y calidad a las telas, sobre todo por el pitón siniestro, pero el guanajuatense no pudo embonarse en el son requerido y solamente le pegó pases sin chiste en lugar de corresponderle con el toreo de dimensiones hondas. En el sexto, más de lo mismo.

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