6 febrero, 2017

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Lástima el ser testigo de las carencias morales, económicas y sociales que se asientan densamente en las colonias populares aguascalentenses, en donde los seres más vulnerables son los niños; sin embargo la ciudad capital ya cuenta con un nuevo parque para mascotas. Un hecho que apena si se puede pensar que suceda en una sociedad civilizada y que se anunció hasta con serpentinas, confeti y cohetes la pasada semana en sólida e inaguantable manifestación de la destanteada pirámide de valores que se imponen los desviados y desquiciados animalistas.

Lástima el ser testigo de las carencias morales, económicas y sociales que se asientan densamente en las colonias populares aguascalentenses, en donde los seres más vulnerables son los niños; sin embargo la ciudad capital ya cuenta con un nuevo parque para mascotas. Un hecho que apena si se puede pensar que suceda en una sociedad civilizada y que se anunció hasta con serpentinas, confeti y cohetes la pasada semana en sólida e inaguantable manifestación de la destanteada pirámide de valores que se imponen los desviados y desquiciados animalistas.

Y es un hecho, la gran plaza México ya no se llenará, por lo menos en esta campaña. En un cartel que debería haber abarrotado el graderío del entrañable e histórico inmueble –la despedida del Zotoluco mano a mano con Ponce-, escasa clientela se vio en los departamentos generales. Corrida de triunfo prefabricado.

Para el motivo se mercó una partida de Fernando de la Mora, sólido enemigo de la fiesta brava, la cual haciendo honor a su estirpe y al absurdo concepto de la casta que tiene su dueño, ofreció un juego en la línea de lo soso.

Se soltaron seis bóvidos con trapío un punto debajo de lo que se había venido viendo en las anteriores funciones.

El tercero de Zotoluco hizo honor a su manso linaje, pero éste lo obligó a pasar hasta construirle una faena decente sellada con una estocada muy notada.

Enrique Ponce desorejó a su primero, otro boyuno animal delante del cual se desempeñó desahogadamente entregando una faena con belleza pero huérfana de la tragedia natural que tiene la fiesta y que solamente la otorga el toro bravo.

El cuarto igualmente careció de raza y regateó las embestidas, pero el valenciano, experto en animales descastados, le sacó provecho, nuevamente en una faena preciosita con la que complació a sus incondicionales. El ibérico abusa de la estética y cae en los amaneramientos.

El que cerró la función fue bonito, pero tan manso como un buey con el que se observó en verdad terco pero sin lograr el objetivo, matando defectuosamente.

El domingo la entrada fue similar, cuando igualmente debió haberse llenado la cumpleañera finca taurómaca. En la función hubo dos cosas raras y novedosas: el trapío del encierro y su juego no tan manso, siendo estas dos características sistemáticas representativas del hierro de los herederos de Teófilo Gómez.

En juicio global lo siete ungulados soltados, aunque algunos feos de hechuras, del punto que quisiera vérseles acusaron las características de la edad adulta, plena, cabal. En lidia no fue tan manso, incluso el quinto en la primera parte de la faena amagó con embestidas poderosas, sin embargo le faltó fondo y acabó por rajarse saliendo de los pases manseando claramente; no obstante siendo esta dehesa parte del club, el juez de modo absurdo ordenó la vuelta al ruedo a sus despojos. El Juli estuvo como profesor con él; acrisoló un trasteo merecedor de rabo pero lo mancilló con un pinchazo quedando en dos orejas. Un poderío avasallante exhibió el madrileño e hizo lo que le vino en gana durante una de las mejores faenas que el que esto escribe le ha visto.

Morante, con su segundo, un toro facilote, igualmente cortó las orejas luego de un desempeño con excelsos detalles y lleno de profundos momentos artísticos.

Luis David Adame, confirmante en la función, tuvo un desempeño con desenvoltura; sin nervios practicó un toreo variado, compacto, con carácter y personalidad, propios de un joven que apunta para ser pronto figura del toreo.

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