20 marzo, 2017

JAVIER CASTRO, NOVILLERO CUAJADO

El graderío del coso San Marcos de Aguascalientes por nada se llena; solamente insignificantes huecos en sol evitaron el que se hablara de un lleno hasta los fortines.

Así de engalanado el entrañable edificio, se abrió la tarde para que se diera en el histórico círculo la cuarta novillada de la campaña preferial.

Para el asunto, Rosas Viejas mandó una partida de reses de uniforme tipo y de interesante juego. El juicio global se inclina hacia una aprobatoria calificación pues la mayoría de los astados admitieron el toreo, primer galopando abiertamente, yendo luego todos a la cita con los varilargueros, recargando en el peto y finalmente dejándose meter mano en el último tercio.

El graderío del coso San Marcos de Aguascalientes por nada se llena; solamente insignificantes huecos en sol evitaron el que se hablara de un lleno hasta los fortines.

Así de engalanado el entrañable edificio, se abrió la tarde para que se diera en el histórico círculo la cuarta novillada de la campaña preferial.

Para el asunto, Rosas Viejas mandó una partida de reses de uniforme tipo y de interesante juego. El juicio global se inclina hacia una aprobatoria calificación pues la mayoría de los astados admitieron el toreo, primer galopando abiertamente, yendo luego todos a la cita con los varilargueros, recargando en el peto y finalmente dejándose meter mano en el último tercio.

Para el registro de los libros de la jalisciense ganadería, el segundo y el cuarto merecieron discretas palmas de un sector de los aficionados cuando sus despojos eran conducidos al patio de los carniceros.

Juan Pablo Herrera esta tarde manifestó entusiasmo y afición a la hora buena de practicar el toreo. No obstante, aún le queda demasiado por aprender a cerca del son, las distancias y los tiempos de la lidia de reses. Aquellos sus deseos contagiaron a la abundante clientela y no ha pasado desapercibido en esta fecha.

Javier Castro, por su parte, tuvo una actuación sólida, despejada, dejando claro que es un novillero cuajado, como para mayores responsabilidades. Se tasó como un joven de clase, sello y empaque que ya tiene en la cabeza lo que es realmente torear. Los esqueletos que dio a sus dos trasteos fueron diáfanos y de excelente acabado.

El salmantino Chistrian Canano debutó con varilargueros en esta función. Su paso fue más bien deleznable pues le faltó sabor y color.

Un amielado ejemplar dio apertura a la función; fue de aquellos bóvidos que con claridad ofrecen la deliciosa oportunidad de conseguir el éxito, empero el joven Juan Pablo Herrera (oreja y al tercio), sin que el comentario desprecie su entusiasmo vertido en los tres tercios ni desunidos buenos momentos, no pasó de lo regular por la modesta estructura de la irregular faena y a la incorrecta distancia empleada durante ella, terminada que fue de un espadazo caído.

Atrabancada e irreflexivamente abrió su segunda intervención; primero se posó de hinojos en los medios para saludar al adversario, posteriormente intentó conducirlo a varas, y la cosecha fueron dos bárbaros trompicones que afortunadamente no provocaron nada severo en su cuerpo.

Cuadros espectaculares aparecieron en escena, más de relumbrón que de verdad torera.

El novillo, de casta seca, no era dúctil y el chaval, dentro del cuadro de sus naturales y entendibles incorrecciones, estuvo en férrea actitud derramando voluntad y valor, virtudes que el pueblo le agradeció. Para terminar sufrió en la suerte suprema y el juez, muy amable, le dispensó por lo menos un aviso.

Fijeza y nobleza, más que otras cosas, tuvo el segundo ejemplar; atento siempre al engaño, acudió sin resabios tras él mientas el joven Javier Castro (al tercio y oreja) lo manejó con delicadeza por ambos flancos en una faena plástica y de firme diseño, comenzada con variedad durante el primer tercio pero lamentablemente acabada con media estocada luego de haber encontrado hueso en el trayecto el alfanje en el primer viaje.

Sin humillar del todo, pero el quinto ejemplar tuvo fijeza y pasó claro y entero en la mayor parte de un trasteo sensacional, el cual comenzó con variadas suertes al emplear la capa y al que dio fineza y estructura con la muleta en ambas manos, honrando finalmente su hacer al ejecutar estupenda estocada.

Lo probón y resabiado de un astado que no exhibía ni medias embestidas fueron útiles complejidades para que el extranjero debutante Chistrian Canano (división y pitos) demostrara que no ignora los fundamentos del ejercicio tauromáquico. Luego de unos pasajes de ensayo en los que se desenvolvió con eficacia terminó su presentación no sin sudar ácido con el estoque.

El sexto utrero fue de pocas opciones como para el triunfo, sin embargo, esta vez el chaval de Salamanca, España tuvo una intervención descolorida, sin gracia y llenando el anillo de tedio. Nada prácticamente dio de interés y reeditó su pésimo empleo del estoque.

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