5 agosto, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Mientras lo que aún se llama México cada día se agringa más (Aguascalientes ya tiene servicio de cremación para mascotas, pero niños de barrios pobres carecen de lo elemental), Teresa Jiménez, alcaldesa de la capital aguascalentense, estructuró una ceremonia en la que reconoció el empeño y los logros de ciudadanos destacados así en el campo del deporte, la cultura, las artes y otras actividades, la tauromaquia incluida.

Mientras lo que aún se llama México cada día se agringa más (Aguascalientes ya tiene servicio de cremación para mascotas, pero niños de barrios pobres carecen de lo elemental), Teresa Jiménez, alcaldesa de la capital aguascalentense, estructuró una ceremonia en la que reconoció el empeño y los logros de ciudadanos destacados así en el campo del deporte, la cultura, las artes y otras actividades, la tauromaquia incluida.

Acto de relumbrón con el que pareció pretender acreditar a “su gobierno” como “taurino”, consciente de que esta fiesta cada vez menos interesante (tarde a tarde son los mismos carteles con los mismos encierros), sigue siendo, de cualquier forma, de importancia medular en más de tres sentidos dentro del círculo social, cultural y económico del estado, ya fuera de feria, no se diga dentro de ella.

Reivindicar y dignificar el espectáculo taurómaco con firme sindéresis y a favor del que paga – una clientela aguantadora formada por aficionados y público-, sin ser absorbido por el viciado y abusivo sistema en el ya muy cercano serial sanmarqueño, aplicando el reglamento a través de su conjunto de trabajo, no admitiendo imposiciones de los ases peninsulares, será su más leal, clara y mejor muestra de que el tema de los toros interesa de verdad a su gobierno.

Si aún queda justicia y dinámica correcta en el manejo del espectáculo taurino mexicano, ya son dos los chavales que deberán de estar en las novilladas de la muy cercana Feria Nacional de San Marcos a llevarse a consecuencias en el coso Monumental de Alberto Bailleres durante abril y parte de mayo.

José María Hermosillo y Javier Castro se acentuaron en lo que va de campaña (cuatro funciones) como dos interesantes prospectos para dar notas subrayadas en lo subsecuente.

La pobreza de funciones menores y la modestia en la lista novilleril, podrían robustecerse con estos nombres y al final de año o principios del venidero quizás estarán pensando en adquirir sus respectivos títulos de matadores de toros… si es que continúan en el camino tomado y continúan brillando en cada tarde que se les proponga.

Ambos poseen la envidiable virtud del arte; sus conceptos del toreo práctico resultan profundos y llevan en las venas el valor más que necesario para encajar las zapatillas en donde sea menester.

Tres orejas de Hermosillo y una de Castro, apéndices bien ganados, los colocan hasta hoy como claros triunfadores de una temporada que cada domingo va en aumento tanto en entusiasmo general como en las entradas al inmueble taurino del barrio de San Marcos.

El lunes de la semana pasada, lamentablemente, la fiesta se puso moños negros pues por la madrugada inició su eterno y sublime desmayo el matador de toros Jesús Solórzano Pesado, vástago de Jesús Solórzano Dávalos, “El Rey del Temple”.

Este hombre fue un diestro clásico que antes que otra cosa buscó, y muchas tardes encontró, la parte profunda del arte, la plasticidad y la estética de las suertes del toreo.

El espacio es muy corto como para ampliar la visión acerca de este diestro dinástico, de cualquier modo quede como muestra la sensacional faena que trazó a “Fedayín” de Torrecilla en la Plaza México durante una función del mes de enero de 1974 y para la cual le inspiraron las musas. A más de haber aleccionado con este trasteo de lo que es el arte de torear, patentizó las hoy célebres y poco interpretadas “fedayinas”, suerte con la muleta que merece explicación aparte.

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