3 abril, 2017

MARCOS REDIMIÓ LA TARDE

El añoso edificio taurino del barrio de San Marcos de la ciudad de Aguascalientes otra vez abrió sus rejas para que se diera la sexta novillada de la temporada.

El cartel publicitado atrajo a un público abundante que hizo tres cuartos de entrada; para el motivo se ofreció un encierro de El Grullo, dehesa tlaxcalteca de cuyos feudos llegaron seis novillos de irregular tipo pero que en evaluación general fueron buenos, sobresaliendo los corridos en primero (palmas en el arrastre), segundo (palmas en el arrastre), cuarto y sexto lugares. Todos, además, empujaron claros en la suerte de varas por lo que la calificación para el criador fue de aprobatoria.

El añoso edificio taurino del barrio de San Marcos de la ciudad de Aguascalientes otra vez abrió sus rejas para que se diera la sexta novillada de la temporada.

El cartel publicitado atrajo a un público abundante que hizo tres cuartos de entrada; para el motivo se ofreció un encierro de El Grullo, dehesa tlaxcalteca de cuyos feudos llegaron seis novillos de irregular tipo pero que en evaluación general fueron buenos, sobresaliendo los corridos en primero (palmas en el arrastre), segundo (palmas en el arrastre), cuarto y sexto lugares. Todos, además, empujaron claros en la suerte de varas por lo que la calificación para el criador fue de aprobatoria.

Los más ingratos yerros los interpretó el juez quien admitió que el jalisciense Román Martínez convidara al vástago de Jorge de Jesús “El Gleason” a clavar banderillas, saliendo éste al círculo vestido de civil. Posteriormente, en el mismo novillo (segundo de la función), tras que ya había remitido desde su terraza los tres avisos, ordenó, “por respeto al público”, según él mismo avisó por medio del amplificador del sonido local, que lo matara el primer espada, en el caso, Rodolfo Mejía “El Tuco”. Aquellos “numeritos” parecieron más de un alegre jaripeo que de una novillada en una plaza con el rango que tiene, se supone, el coso San Marcos. Increíble de creer haya sucedido todo aquello y sin sanciones para nadie…

La tarde iba en la orilla peligros del desbarrancadero, hasta que en el sexto apareció el madrileño Marcos, joven espigado, de empaque torero, clase y buen gusto a la hora de poner en práctica la tauromaquia y todo cambió para bien del público, de la tarde y de la fiesta brava. Marcada y positiva presentación en esta tierra del chaval formado taurinamente en la escuela de Cuenca, España.

Después de una labor capotera abierta de hinojos prácticamente en el eje del anillo, y con más afán que buenos resultados “El Tuco (al tercio y silencio tras aviso), hizo venir al escenario una faena de modesto son y en la que no calculó correctamente la distancia de un bien armado utrero que expuso muy buen pitón derecho. El aire interpuesto hizo su labor para que el trasteo, en el que plasmó detalles de notada profundidad, no llegara a detonar y que acabó con una estocada caída en el segundo viaje.

Provocó lástima en su segundo, ante el cual salió sin proyecto, sin idea y sin propósito claro. El toreo no solamente es de valor y deseos, sino de inteligencia y recursos. Toda la tarde se la pasó volando por el aire en penosas y absurdas escenas tras de las que acabó desmadejado yéndose finalmente a un nosocomio en el interior de una ambulancia cuando terminó la corrida. Las malas condiciones que de por sí traía el bóvido, se calcaron aún más por sus erráticas maneras de proceder teniendo la sarga en manos, engaño con el que no supo ni que ni como dar solución a lo que se le presentó. Bajó el telón a su actuación desafortunada en medio de una pesadilla cuando empuñó el estoque.

Con un popurrí de suertes capoteras, embarulladas las más, un segundo tercio repelido por el respetable, y sentadito en una silla, muleta en manos, abrió su mediocre actuación el tapatío Román Martínez (pitos luego de los tres avisos y silencio), despreciando la nobleza y calidad de su oponente y preocupándose más por interpretar instantes de relumbrón que por bien torear. Luego vino el naufragio en la suerte suprema y los reclamos, justos, de la clientela.

Hermoso novillo le soltaron en su segundo turno; largo y bien cortado, astinegro, de fino pelo y además encastado y demandante con el que no pudo. Desacoplándose con la capa, clavando banderillas con escasa gracia y manejando la muleta sin mando se le fue la tarde, sin saber cómo llevar a más las virtudes del antagonista. Luego de pecar de ocioso se observó nuevamente ineficaz en la suerte de matar.

Descastado fue el tercero, un animal provisto de un par de cuernitos por demás discretos e inaceptables en un recinto taurómaco que se precie de tener categoría. Ante él, Marcos (palmas y vuelta al redondel tras petición) se manifestó obstinado, entercado pues, tratando de lograr sujetar al tres añero, asunto que no logró pues en cada pase éste se iba muy largo pero buscando el patrocinio de las tablas y desatendiendo absolutamente la tela. Luego de un pinchazo de deshizo de él con una estocada trasera.

Lo mejor del ibérico se apreció en el sexto, otro buen ejemplar que tuvo nobleza y clase aunque luego de varias series terminó saliendo soso con la testa arriba. Frías fueron las verónicas interpretadas, pero calientes, hondas, extensas y templadas las tandas muleteras. Con fineza, ritmo y casi exacta colocación hizo el toreo de calado. La respuesta del público no se hizo esperar como pleitesía al desempeño torero del espigado chaval que de no haber sido porque su espadazo quedó francamente trasero, había izado las orejas. De cualquier modo la actuación ha sido una de las mejores en lo que va de la campaña.

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