26 abril, 2017

“EL CEJAS” LLENÓ DE ALEGRÍA EL RUEDO, SERGIO FLORES DE TORERÍA

La combinación sugerida por la empresa para la quinta corrida de la feria provocó que el graderío del coso Monumental se subrayara una buena entrada destarada de tres cuartos.

Fue el día del evangelista Marcos y para el desarrollo práctico del toreo se conjuntó un encierro bien presentado y completado con toros de dos hierros: dos de Los Encinos para la lidia a caballo y cuatro de Julián Hamdan para la de a pie, lamentablemente sin casta según la calificación global.

La combinación sugerida por la empresa para la quinta corrida de la feria provocó que el graderío del coso Monumental se subrayara una buena entrada destarada de tres cuartos.

Fue el día del evangelista Marcos y para el desarrollo práctico del toreo se conjuntó un encierro bien presentado y completado con toros de dos hierros: dos de Los Encinos para la lidia a caballo y cuatro de Julián Hamdan para la de a pie, lamentablemente sin casta según la calificación global.

El caballista de Navarra, Pablo Hermoso de Mendoza (silencio y palmas) sacó, como es su costumbre y como corresponde a su rango de figura entre los jinetes, una cuadra formidable, hermosa y de indescriptible doma a la alta escuela. Es un profesor en asuntos de equitación y la aplicación de este ejercicio en el toreo. Tuvo en escena a dos toros más bien descastados, a los que mató de rejonazos traseros que el público le recriminó, de juego flojo, un tanto más prestado para el lucimiento su primero, sin embargo. A los dos les hizo el toreo ortodoxamente, luciéndose y entregando así la grupa como el estribo de sus corceles y dejando hierros de castigo, banderillas y cortas en sitios decentes, empero es clara una cosa como suma de su actuación: el público ya poco le agradece sus actos, está por demás visto y bien le haría el ausentarse quizás por algunos años de Aguascalientes.

El primero del lote del “Cejas” (silencio tras aviso, palmas y oreja en el de obsequio), un cornipaso cabal, tuvo nobleza y claridad al ser requerido con la muleta pese a que terminó soseando y saliendo con la testa en alto, y el diestro, careciendo del son pleno, se hizo ver con una faena decorosa y reposada dentro de la que ofreció momentos excelentes por el cuerno derecho, el mejor lado que tuvo el bicorne, dando un final embarullado antes de entregarse en la suerte suprema para dejar una estocada muy tendida de retardadas consecuencias, por lo que usó la espada de cruceta hasta en siete ocasiones.

Su segundo fue más noble que bravo; pasó tras la muleta con borreguna docilidad, y por esa falta de las dramáticas sensaciones que solamente otorga la casta, no sucedía nada de interés pese al esfuerzo del diestro; fue hasta la recta final que éste, consciente de ello, puso la sal que faltaba y provocó las palmas de la mayoría. Mejor premio habría tenido si no es que con el estoque se comportó fatalmente.
Siempre animoso, se atrevió a regalar un séptimo; fue reseñado como el primer reserva y venido de la ganadería titular.

El gordo toro dio un pésimo primer tercio, sin embargo, en el episodio de muleta fue a más y aunque tardo embistió con algo de clase y recorrido. La labor del aguascalentense tuvo dos expresiones; en una primera parte ejecutó el toreo templado, bien manufacturado y en el que corrió la mano con gusto, y otra, una segunda en la que temperamental, alegre y decidido escenificó, con notada conexión hacia los tendidos, cuadros más bien dedicados a los de barrio. Ya bien contagiados los clientes con su entusiasta proceder, el carismático coletudo se fue tras el acero y atizó una estocada tendida y pasada insuficiente, asunto que le orilló a empuñar el arma de descabellar, estando muy certero con ella y haciendo estallar la algarabía en las alturas en cuanto se derrumbó fulminado el adversario.

El tercero de la lidia general adoleció de energía y casta y evidenció mal estilo, defecto que el tlaxcalteca Sergio Flores (silencio y oreja) manejando la sarga suave y templadamente corrigió, dando como resultado una faena de menos a más en la que demostró el sólido sitio que hoy posee, aunque no la cerró bien con el estoque por lo que perdió un auricular.

El menos malo del encierro fue su segundo, un cárdeno que tuvo cierta clase y recorrido y al que Flores le impuso ritmo y poder en un trasteo por demás de torero oficioso, imperioso y seguro, dominando, sin ajetrearse, la situación, puntualizando luego sus diligencias con una estocada contraria, pero de excelente ejecución.

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