12 septiembre, 2017

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Es patética, y en extraña combinación, inspiradora y edificante la tozudez de casi todos los toreros mexicanos marginados por el inclemente e indolente sistema.

Vetada la “Florecita” por un pseudopolítico, plaza levantada en Ciudad Satélite, los empresarios, en otro acto salvífico y de ejemplar afición –la cual debería ser correspondida en más de un sentido por los sectores que forman la fiesta-, trasladaron su temporada “Feria del Toro” al nimbo del Centro Caballar Los Azulejos, registrado en domicilio de Atizapán de Zaragoza.

Es patética, y en extraña combinación, inspiradora y edificante la tozudez de casi todos los toreros mexicanos marginados por el inclemente e indolente sistema.

Vetada la “Florecita” por un pseudopolítico, plaza levantada en Ciudad Satélite, los empresarios, en otro acto salvífico y de ejemplar afición –la cual debería ser correspondida en más de un sentido por los sectores que forman la fiesta-, trasladaron su temporada “Feria del Toro” al nimbo del Centro Caballar Los Azulejos, registrado en domicilio de Atizapán de Zaragoza.

Pepe López, que en los últimos años apenas ha aparecido muy contadas tardes en aquellas arenas olvidadas de la mano del Creador, se atavió con el terno de sedas y brocados, salió al anillo de esta plaza bautizada como “Conchita Cintrón”, y ante un toro hecho y derecho pastado en los potreros del Garambullo, manifestó y expandió su tauromaquia seria, clásica y artística como si hubiera traído en su currículum más de una centena de corridas consecutivas.

El amo del Garambullo guardó fidelidad y respeto por el toro con edad y trapío, y el diestro de Michoacán al toreo frontal, ético y decente.

Estos hechos en cuyas espaldas vibra un enorme esfuerzo, solamente a elementos sin alma no llegarían a motivar.

Reiterativo como importante y real, pero esto demanda, moralmente, una correspondencia de parte de todos los factores que conforman el espectáculo taurino.

Así como se critica, igualmente se alaba y reconoce.

La gran plaza de la “Ciudad de los Deportes” ya tiene anotada en su historia la cuarta novillada sin caballos de la temporada 2017. Ahora fue el aguascalentense Roberto Román quien llegó el pasado domingo al anillo capitalino y por su desempeño torero y enjundioso, se granjeó el reconocimiento de la clientela, aún escasa, eso sí.

La empresa, tomando seriedad, variedad y categoría, cualidades que lamentablemente no aplica en las temporadas de corridas de toros, ha mercado novillos fuertes, bien presentados que al arribar enteros al episodio muletero ponen a prueba a los actores, empero, por otro lado, les da la hermosa e invaluable fortuna de fraguar su técnica y conocimientos generales referentes en manera directa a la tauromaquia práctica.

Eslabón que no estaba perdido, más bien olvidado e ignorado por el autocomplaciente sistema tauromáquico en México. Útil es, cómo no, y España por años y años ha dado el patrón de esta afirmación, lanzando a sus prospectos a tal plataforma severa pero aleccionadora, y hoy novedosa, tanto para los aspirantes como para los públicos.

Septiembre, llamado “Mes de la Patria”, mes que tiene varias fechas en las que se conmemoran acontecimientos, supuestamente gloriosos, que marcaron el destino de nuestra cada vez más desvirtuada patria. Mes que principalmente se centra en el 15-16, entre cuya madrugada de 1810, oscura y llena de misterios, sin quedarle otro recurso, el culto, extrovertido y rebelde cura de Dolores, desaforada y atrabancadamente, hubo de convocar al pueblo para empuñar las armas y pelear hasta arrebatar el poder al virreinato, eso sí, a costa de mares de sangre y bocanadas apocalípticas de fuego.

Septiembre, mes del “cumpleaños del país”, un país que lamentablemente cada año, como la fiesta de los toros, va perdiendo su genuinidad y su identidad.

Los más poderosos y soberbios medios de comunicación, bastante dúctiles para los altos mandos, en septiembre es cuando mayor fortuna tienen de transculturizar al pueblo, teniendo como armas las expresiones populares –música y tradiciones, entre otras- a las cuales dan insoportable y deformada ruta; ésta, bastante lejana de su legítima esencia.

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