19 marzo, 2018

AURICULARES PARA FLORES Y BILBAO ANTE FORMIDABLES UTREROS DE CORTINA PIZARRO

“Solo los libros sacarán de la barbarie a los pueblos”, sentenció el agudo pensador mexicano José Vasconcelos; y solo la bravura sacará de la crisis a la maltratada fiesta, podríamos afirmar sin temor en estos tiempos en que la tauromaquia se ha convertido en pasarela de modelos que hacen labores estéticas, sin duda, pero ante novillotes venidos a más, y mansos-mensos que asesinan la emoción trágica, esencia natural de esta tradición que prácticamente ha sobrevivido medio milenio en lo que aún llamamos patria.

“Solo los libros sacarán de la barbarie a los pueblos”, sentenció el agudo pensador mexicano José Vasconcelos; y solo la bravura sacará de la crisis a la maltratada fiesta, podríamos afirmar sin temor en estos tiempos en que la tauromaquia se ha convertido en pasarela de modelos que hacen labores estéticas, sin duda, pero ante novillotes venidos a más, y mansos-mensos que asesinan la emoción trágica, esencia natural de esta tradición que prácticamente ha sobrevivido medio milenio en lo que aún llamamos patria.

Fue esta tarde la cuarta novillada de la temporada y en el coso San Marcos se escribió el cuarto lleno hasta los fortines.

Al anillo salió un encierro quemado con la marca de la dehesa jalisciense de Cortina Pizarro, cuyos jóvenes amos mandaron seis reses de buena presencia en general, en puntas, según apreciación visual, -tal como honestamente siempre debe ser-, con la mayoría de ellos presumiendo preciosa lámina. En juego destacaron el segundo y el quinto: “Notario”, No. 109 de 406 kilogramos y “Amigo”, No. 103 con 401 de romana, se leyó en la pizarra. Aquel merecía la vuelta al ruedo a sus despojos y éste el arrastre lento, empero solo se ordenó el arrastre lento para el segundo y nada para el liberado en el sitio de honor; a despecho, las palmas de los entendidos se escucharon cuando el tiro se llevaba al patio de carniceros su cadáver.

De este juez y de los gatos… ni a cual ir de más ingratos…

Un utrero de cortas embestidas y soso, que de inmediato buscó la sombra de la barrera, abrió la función. No obstante, algo, aunque poco, sucedió evitando el total aburrimiento: la obstinación de José María Pastor (división tras dos avisos y al tercio tras petición), quien luego de protagonizar un buen segundo tercio, insistió con la sarga hasta hurtar muletazos de mencionarse, para luego hacer ver sus desatinos terribles con el acero, procurándose dos recados del balcón del también desatinado juez.

Su segundo fue uno de esos bovinos que obligan al presunto lidiador a exponer los recursos y la capacidad de resolución. Demandó firmeza y poder, cualidades que no aplicó el chaval, quien mejor se dedicó a pegar pases, no sin voluntad, es cierto, logrando lo mejor por el flanco diestro. La fiesta actual está terca en formar toreros de poses, antes que a diestros capaces y recios que conserven el sentido heroico que debe imperar en el espectáculo. Terminó el acto, en la no tan afortunada y agridulce tarde para él, de una estocada trasera y tendida.

El segundo ejemplar tuvo clase y nobleza, pero poca fuerza. Y bien que toreó el ibérico Fernando Flores (al tercio y oreja), con tiento, temple y refinado gusto. Muy enterado de las condiciones del ungulado, se plantó en la justa distancia y así, le buriló una faena derechista, lamentablemente maltratada con un pinchazo antes de su espadazo de alta calificación en ejecución y colocación.

Premio grande sacó el peninsular. El quinto resultó también estupendo: fijo, bravo y con clase, siempre se arrancó con claridad a los engaños hasta rayar embestidas de una longitud pasmosa. El extranjero, puesto en el cartel por quien sabe quien -y quien sabe porque motivos-, reeditó su concepto y su sólida técnica, plasmando muletazos nítidos, sin embargo, su expresión plástica es por demás humilde y quedó por debajo del notado bicorne, al cual mató de media estocada, delantera y tendida, aunque de rápidos dividendos mortales.

El tercero de la tarde fue sensacional. Un novillo completo, según jerga ganadera: fijo, noble, de inigualable estilo y con un recorrido interminable, que embistió así o mejor durante toda la faena, por mal hecha que ésta fuera planteada. En la libreta de las notas de Pedro Bilbao (oreja y palmas), anótese la voluntad, el valor y algún destello profundo que dejara con ambos engaños, amén de la entrega expuesta al tirarse a matar, dejando un espadazo tendido; no obstante, quedó totalmente desnivelado ante semejante adversario. Experiencia es de lo que adolece el aguascalentense.

El que cerró plaza remitió cuchilladas en todo instante, defecto que no corrigió dada la ausencia de temple, cualidad que solamente en pocos momentos imprimió el chaval, quien no tuvo otra cosa en su cuenta que la voluntad, bajando el telón con incorrecciones en la suerte suprema.

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