20 marzo, 2018

LO HOJEADO EN VIEJAS REVISTAS ESPAÑOLAS…

NACIDO EN ARGENTINA SUMÓ ENCERRONA EN MADRID… “ROVIRA”, el 19 de abril de 1942, vistió por primera vez de traje de luces en la localidad de Olavarría, Rosario, Santa Fe, Argentina. Había recibido la alternativa en Caracas, Venezuela, el 8 de octubre de 1944 y luego, otras dos alternativas; una de ellas en Medellín, Colombia, en diciembre de 1945 y la otra, el 23 de diciembre de 1945 en la plaza de toros de Yucatán, México, sin ser consideradas válidas en España.

El tres de julio de 1949 se encierra en Madrid en la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid, se encerró en solitario. Se lidiaron seis toros del Marqués de Albayda y uno de Manuel García Aleas para el rejoneador Pepe Anastasio. “Rovira” fue ovacionado en su primero; cortó una

NACIDO EN ARGENTINA SUMÓ ENCERRONA EN MADRID… “ROVIRA”, el 19 de abril de 1942, vistió por primera vez de traje de luces en la localidad de Olavarría, Rosario, Santa Fe, Argentina. Había recibido la alternativa en Caracas, Venezuela, el 8 de octubre de 1944 y luego, otras dos alternativas; una de ellas en Medellín, Colombia, en diciembre de 1945 y la otra, el 23 de diciembre de 1945 en la plaza de toros de Yucatán, México, sin ser consideradas válidas en España.

El tres de julio de 1949 se encierra en Madrid en la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid, se encerró en solitario. Se lidiaron seis toros del Marqués de Albayda y uno de Manuel García Aleas para el rejoneador Pepe Anastasio. “Rovira” fue ovacionado en su primero; cortó una oreja, en su segundo; cortó dos orejas, a su tercero; dio una vuelta al ruedo, en el cuarto; fue ovacionado, en el quinto y cortó una oreja al sexto toro que enfrentó, saliendo a hombros de la plaza.

«QUIEN A LOS SUYOS SE PARECE…»… El notable diestro mejicano Silverio Pérez no es un modelo de belleza masculina, precisamente, fealdad que él es el primero en reconocer, como lo demuestra la anécdota siguiente: Vino Silverio a España en el año 1945, pero dominado por la nostalgia de su hogar, regresó a Méjico antes con antes. Cierto día volvía a Madrid con Luis Gómez, «El Estudiante», después de torear juntos en una población de provincias, y como el diestro español le viera preocupado, hubo de preguntarle:

-Pero, hombre, Silverio, ¿qué te pasa? ¿Cómo va esa melancolía?-

-No sé, no sé -contestó Silverio-. No hago más que acordarme de los míos, y para colmo, tengo noticias de que cuento con un hijo más que dicen que tiene mi misma cara. Y agregó compungido: – ¡Pobre niño!.-

EL QUE PAGA, MANDA… En cierta ocasión toreó Mazzantini (1856-1926) con “Lagartijo” en una capital de provincia, y fué el mismo don Luis quien, terminada la corrida, se dirigió a Telégrafos para dar cuenta del resultado de la fiesta a una peña madrileña de amigos suyos. Y junto a su pupitre se hallaba un aficionado que había presenciado la corrida, el cual, alargando el cuello, pudo leer que el diestro había escrito:

“Toros grandes y de poder. “Lagartijo”, regular. Yo, superior. -Luis.”

-Un poco exagerado, don Luis se atrevió a decir el indiscreto.

A lo que replicó Mazzantini:

-¿Va a pagar usted el telegrama? No, ¿verdad? Pues como lo pago yo, pongo lo que quiero.

LO QUE NO SE COMPRA… Mucho se ha escrito de la belleza plástica, de la Innata elegancia que ofrecía la figura física de «Lagartijo» el Grande. Su airoso porte, su gracia naturalísima, grave y reposada, indolente y al mismo tiempo enérgica, le daban un tono con el que rendía a cuantos le contemplaban. Una vez tomó parte en una cacería organizada por su compañero y rival Salvador Sánchez, «Frascuelo», y viendo éste que, a pesar de que él, hecho un brazo de mar, con su flamante traje de campo, tenía menos estampa torera que Rafael, vestido con una guayabera de dril y un pantalón de pana, le chilló, aparentemente furioso:

– ¡Vete de aquí, malaje, que hasta vestido de gañán tienes tipo de torero!.-

ALLÁ POR 1911… ANÉCDOTA… En tiempos de D. Bartolomé Muñoz, se anunció en Madrid una corrida de abono con toros de, si no recuerdo mal, una ganadería navarra. Llegada la hora del apartado, el teniente alcalde encargado de presidir la fiesta y ante las manifestaciones de los profesores veterinarios, quiso suspender la corrida porque los toros no reunían, a su juicio, las condiciones necesarias. Los cornúpetas eran chicos, pero de excelente lámina y, sobre todo, muy bien puestos de pitones.

Don Bartolomé, sin saber qué hacer ante el conflicto de la suspensión, avisó por teléfono á D. Jacinto Jimeno, su representante, por ver si éste conseguí a convencer al presidente de la injusticia que la referida decisión representaba, sobre todo para l a empresa. Y efectivamente, personóse en seguida el Sr. Jimeno en la Plaza de Toros y enterado del asunto, pregunta á los veterinarios:

-¿En qué se basan ustedes para rechazar la corrida?

-En que los toros no tienen la suficiente representación para lidiarse en una corrida de abono.

-¿A qué llaman ustedes representación estando gordos y bien puestos de pitones?

-Sí, pero…

-¿Pero que?… ¿Qué son chicos?

-Sí, son pequeños par a tener los cinco años. ¿Entonces D . Jacinto, con el gitanesco aplomo que le caracterizaba, les contestó:

-¡Yo tengo cincuenta y cuatro años y todavía no he dado la talla! Al mismo tiempo presentaba el certificado del ganadero garantizando la edad de los reses Estos se lidiaron bajo la responsabilidad de la Empresa y en el reconocimiento de las bocas se demostró que cinco de los toros tenían la edad reglamentaria y, uno de ellos, ¡¡¡siete años!!!

Deja un comentario