26 marzo, 2018

GUTIÉRREZ BURILA LA FAENA DE LA TEMPORADA

De ladrillo, de adobe y de bloque mandó el encierro el amo de San Martín, Alberto Bailleres; esto para dar curso práctico a lo que fue la quinta función de la temporada en el coso del barrio de San Marcos en la capital aguascalentense, que ahora se vio con el graderío disminuido en público. Lleno en el departamento sombreado y medio aforo en el económico anótese para el registro del inmueble.

De ladrillo, de adobe y de bloque mandó el encierro el amo de San Martín, Alberto Bailleres; esto para dar curso práctico a lo que fue la quinta función de la temporada en el coso del barrio de San Marcos en la capital aguascalentense, que ahora se vio con el graderío disminuido en público. Lleno en el departamento sombreado y medio aforo en el económico anótese para el registro del inmueble.

¡Vaya un destanteo y una sólida desigualdad en tipo y cuajo mostraron las reses jugadas esta tarde! Una catalogo amplio aquello.

En lidia destacaron los dos últimos. Los despojos del quinto, “Buen gusto”, No. 85 de 418 kilos según pizarrón, merecieron la vuelta al ruedo, algo exagerada, ya que han salido durante lo que va del ciclo mejores novillos que no fueron premiados.

Utrero escuálido, por ello pitado justamente al salir al redondo escenario, fue el primero, pero con claridad embistió y el joven Iván Hernández (palmas en ambos) le troqueló una serie excelente de verónicas; rítmico luego fue su muestra capotera emulando a “Calesero”, empero bastante se desmoronó su actuación cuando tomó la pañosa; esto como resultado lógico de sus errores de tiempo y espacio. Si en el amanecer del trasteo el antagonista fue con fijeza, nobleza y clase, él mismo le enseñó a desarrollar manías.

El cuarto fue hermoso de lámina y de notado cuajo, sin embargo tenía en el cuadril derecho una evidente lesión que redundó en que se mermara físicamente a la hora de su lidia. Abrió yendo con calidad y recorrido elevados, aunque se derritió el encanto y tras que el actor se dedicó únicamente a pegarle pases, acabó anclándose en el albero.

Salió el tercer toro, eso era; probó primero y acabó retornándose en las delanteras en busca de las carnes de Héctor Gutiérrez (palmas y oreja), pero éste descifró el penoso asunto con disposición y viéndose airoso para concluir con una estocada contraria y atravesada más un descabello.

Lo mejor de la tarde y de la campaña vino ante su segundo, un entrepelado de veleta cornamenta, bravo, fijo, obediente a lo toques y con clase. Estupendas resultaron las verónicas con las que lo acogió, y superior la firma. Ya armada la sarga llegó una faena progresiva, de firme estructura, en la que interpretó muletazos ceñidos, nítidos y plena de adornos con buen gusto y oportunos. Desparpajado se observó y con la sonrisa en el juvenil rostro entregó una obra que sin temor se puede evaluar como la mejor en lo que va de la temporada. Las orejas del bóvido eran de él, no obstante quedó algo despostillada la faena por un pinchazo antes de que atizara el estoconazo un puntillo tendido.

Vino de paseo el sevillano Alfonso Cadaval (palmas y pitos tras dos avisos). Su primero fue probón, soso y jamás se tragó el engaño. Cierto oficio y buena técnica anótesele al peninsular cuando se desempeñó ante él. Pero se presentó rápido el desencanto. El que cerró plaza, en los primeros tercios, acusó tener un defecto visual, aunque en el bloque muletero fue a más y embistió sin descanso con recorrido y poder. Sin son ni ton anduvo el peninsular y no pasó de lo mediano. Nunca supo hacerse del adversario y en el tendido se escuchó el coro de ¡toro, toro! Para acabarla de sonar, empuñado el estoque se vio más que mal, granjeándose un par de recados venidos del balcón del juez. Por nada se anota el tercer aviso… este español, ya entrado en años como para andar todavía de novillero, uno más del montón que no justificó su inclusión dentro de la temporada.

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