15 agosto, 2018

LAS MADRES DE LOS TOREROS

Escribe Javier Villán: “La madre ha nutrido fecundamente la biografía de los toreros y la literatura taurina. Hay casos excepcionales, como la madre de José Miguel Arroyo, totalmente ajena a la vida de su hijo, adoptado por la familia Martín Arranz, a la que Joselito considera sus verdaderos padres. O la de Sebastián Castella, algo lejano y acaso también doloroso. La tradición y la liturgia sitúan a la madre y a la novia o esposa recluidas en casa durante la corrida, rezándoles a todas las vírgenes y a todos los santos, para que nada le suceda al héroe de su corazón.

Escribe Javier Villán: “La madre ha nutrido fecundamente la biografía de los toreros y la literatura taurina. Hay casos excepcionales, como la madre de José Miguel Arroyo, totalmente ajena a la vida de su hijo, adoptado por la familia Martín Arranz, a la que Joselito considera sus verdaderos padres. O la de Sebastián Castella, algo lejano y acaso también doloroso. La tradición y la liturgia sitúan a la madre y a la novia o esposa recluidas en casa durante la corrida, rezándoles a todas las vírgenes y a todos los santos, para que nada le suceda al héroe de su corazón. La primera llamada al terminar la corrida, si no ha habido contratiempo, es para ellas; y si lo hay, también, para disimular la gravedad del percance […] La modernidad no ha dado figuras tan importantes como doña Angustias o la señá Gabriela”.

¿Quién era la señá Gabriela? Pues Gabriela Ortega Feria, nacida en Cádiz, en la calle Santo Domingo, el 30 de julio de 1862, bailaora de tronío y notable cantaora -trabajaba en el famoso Café del Burrero-, que contrajo matrimonio con el diestro Fernando Gómez “El Gallo” y dejó su profesión para ser madre de tres toreros -Rafael, Joselito y Fernando, los Gallo- y suegra de otros tres, casados con sus hijas Gabriela, Trini y Dolores. Nadie cuenta y recita mejor la vida de Gabriela Ortega Feria que su nieta, Gabriela Ortega Gómez:

Los días de corrida, la casa de la señá Gabriela -nombre que en hebreo significa Fuerza de Dios- se llenaba de oraciones, estampas y velás enrizás. Una imagen de la Virgen de la Macarena presidía una de las habitaciones de la vivienda sevillana. Allí, la madre de los Gallo, sentada en su mecedora, con el sonido del reloj rompiendo el silencio de las calurosas tardes de verano, esperaba a que llegaran los temidos y anhelados telegramas. A partir de esta imagen, Rafael de León compuso la copla “Los niños de la Gabriela” que estrenó Lola Flores en 1947.

“Rafaé ya está en Er Puerto,
Fernando se fué a Jeré,
los dos hermanos, por sierto,
con toros de Guadalé.

Pero tengo un cuchillito
que me ronda la sintura;
en Córdoba, Joselito
con seis toros de Miura.

La mare está dormivela…
son tres clavos de amargura
los niños de la Gabriela”.

Doña Gabriela falleció en 1919, un año antes de la trágica muerte de su hijo Joselito en la plaza de Talavera de la Reina, cuando el toro Bailaor, de la ganadería de la Viuda de Ortega, le asestó una cornada mortal en el vientre tiñendo el Gelves con sangre de los Ortega.

Continúa así Villán su repaso materno: “A la madre de El Fundi, Ana Martín, se la ve y se la escucha en los tendidos de Las Ventas preferentemente. Un día la tuve detrás de mí. Era una tigresa que defendía al cachorro sin pararse en razones, con las garras del corazón. Yo quedé fascinado por una dialéctica del agravio que me remitió a las grandes heroínas clásicas. Cuando aparecía por el callejón cierto afamado radiofonista le increpaba a voz en grito para que la escuchara no sólo el aludido, sino cualquiera que no se tapara los oídos en cien metros a la redonda. “¿Qué pasa, que mi hijo no te paga y por eso lo pones mal? Somos pobres y no pagamos a periodistas trincones”. Gran aplauso. Y luego, encarándose con los del 7, los llamaba “hijos de víbora y alacrán”. Eso me pareció un hallazgo de tal calibre lingüístico que cada vez que tengo que insultar a alguien me apropio de esa joya de doña Ana. Y quedo como Dios: fino y original sin ofender a la madre. Hijo de víbora y alacrán, o sea, la maldad suprema”.
FUENTE: GloriaSGrande/Contraquerencia

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