28 agosto, 2018

A “MANOLETE” LE HA MATADO UN TORO.

Justo hace setenta y un años y por estas mismas horas (escribo entre las 10 y las 11 de la noche) trasladaban a Manolete en camilla desde la enfermería de la Plaza de Toros hasta el Hospital de los Marqueses de Linares donde se iba a consumar el drama.

Un drama que, como las tragedias griegas, tuvo coro de protagonistas: aquel torero joven, aquel ganadero amigo, aquella madre dominante, aquella novia, aquel apoderado y sobre todo, el público, aquel público.

Justo hace setenta y un años y por estas mismas horas (escribo entre las 10 y las 11 de la noche) trasladaban a Manolete en camilla desde la enfermería de la Plaza de Toros hasta el Hospital de los Marqueses de Linares donde se iba a consumar el drama.

Un drama que, como las tragedias griegas, tuvo coro de protagonistas: aquel torero joven, aquel ganadero amigo, aquella madre dominante, aquella novia, aquel apoderado y sobre todo, el público, aquel público.

La última temporada de Manolete en España fue un verdadero calvario por la inquina de algunos periodistas y la inquina de los públicos azuzados por aquellos periodistas. Unos públicos entretenidos siempre en derribar a sus propios ídolos (el viejo deporte nacional). Manolete pensaba retirarse al final de temporada pero lo que encontró fue la muerte en una plaza de pueblo a manos de un toro de Miura. El, de quien decía que ganaba más que nadie, pero que siempre dio más, mucho más, de lo que los demás merecían.

La entrega de Manolete fue proverbial, todas las tardes, en todas las plazas y con todos los toros. En la historia del toreo nunca, nunca, se había dado un caso parecido. Su concepto del toreo era además tremendo, tanto por absoluta entrega como por su perfecta y novedosa técnica. Por eso, todos los toreros le siguieron; Parrita su discípulo, Luís Miguel su joven oponente, Pepín quien elevó a categoría de arte el toreo del diestro de Córdoba, todos… Mejor dicho, casi todos, pues muerto el mito, hubo quien aprovechó la ocasión para ganar en los púlpitos la pelea que no había podido ganar en los ruedos. El problema es que esas tesis mezquinas -seguidas al pie de la letra- fueron y son el dogma donde se han ido formando las sucesivas generaciones de aficionados que, desorientados, hace tiempo que han dejado de entender lo que realmente pasa en los ruedos.

No importa, porque todavía hay toreros -no todos, pero si los suficientes- que tienen como referente al Monstruo, en su toreo y en su ética. Ellos son los que mantienen vivo su recuerdo.

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