29 diciembre, 2018

LAS TARDES QUE VI A “CHAMACO”… Y VIEJAS ANÉCDOTAS.

MIS ABUELOS paternos vivían en la ciudad de Guadalajara, obviamente no eran raras mis visitas a la capital del estado de Jalisco, desde luego que iban de la mano dos “sablazos”, el permiso para asistir a la plaza más torera del mundo, “El Progreso”, y por supuesto que el dinero para comprar mi boleto de entrada.

MIS ABUELOS paternos vivían en la ciudad de Guadalajara, obviamente no eran raras mis visitas a la capital del estado de Jalisco, desde luego que iban de la mano dos “sablazos”, el permiso para asistir a la plaza más torera del mundo, “El Progreso”, y por supuesto que el dinero para comprar mi boleto de entrada. Por aquellos años su servidor “estudiaba” el sexto año de primaria en el Distrito Federal -aun así ya soñaba con hacerme torero- y tuve la fortuna de estar presente la tarde del 13 de enero de 1957, se lidiaron toros de Pastejé y Cabrera. Rafael Rodríguez fue ovacionado en el primero, recorrió la circunferencia en ambos turnos; “Chamaco” dio la vuelta al ruedo en su primero y fue ovacionado en el segundo. Fernando de los Reyes, “El Callao”, fue cogido al entrar a matar en su primer enemigo y pasó a la enfermería. El sexto fue despachado por Rodríguez sin mayor suerte.

YA DE regreso a clases en la capital nacional, el 17 de febrero de 1957, se dio el “milagro” de estar presente en la Plaza México, fecha en la que se anunció la despedida de don Fermín Rivera, con los de Torrecilla, el maestro potosino lidió a “Clavelito III” y a “Juan Pirulero”, la confirmación de Antonio Borrero “Chamaco” y don Manuel Capetillo de testigo. Y si digo que mi asistencia fue milagrosa se debe a que quien me llevó fue un carrancista de hueso colorado, mi tío el Ing. Adolfo Villaseñor Norman, Constituyente por el estado de Zacatecas, y recordemos que don Venustiano, durante su mandato presidencial, prohibió los festejos taurinos. Quizás la presencia de mi pariente se podría excusar con el pretexto de que el segundo apellido de Capetillo era Villaseñor.

“CHAMACO YA había actuado en nuestro país, fue en El Toreo de Cuatro Caminos el 7 diciembre de 1956, dentro de la “Feria Guadalupana”, testigo de la primera alternativa que Fermín Rivera otorgó a Fernando de los Reyes “El Callao”, con toros de San Mateo y Jesús Cabrera… ¡Bonitos recuerdos señor don Simón!… Y nos vamos a otras cosas.

CUATRO FRASES

DE PEDRO Romero, a un muchacho que aspiraba a ser lidiador:
-Vaya usted despacio, que hay mucho camino y, por correr, puede cansarse a la mitad.

DE FRANCISCO Montes, al preguntarle en una ocasión qué era preciso para matar recibiendo:
-Estar sereno.

DE JUAN León, comentando la lidia que hicieron los toros de una corrida:
-Hay toros que salen a llevarse el dinero de la temporada.

DE «BOMBITA», al torear una corrida bajo la lluvia:
-Lo peor es que el agua borra lo mismo lo bueno que lo malo que hacemos.

LAS COSAS POR SU NOMBRE
ENCONTRÁNDOSE RAFAEL «El Gallo» -en cierta reunión durante una temporada que pasó en Lima- cuentan que le preguntó una señorita de la buena sociedad:

-¿Es verdad, maestro, que es usted supersticioso?

-Yo, no. Señorita- contestó Rafael.

-Pues dicen que cuando ve usted un tuerto, un espejo roto, un paraguas abierto en su habitación o un sombrero encima de la cama, no torea a gusto.

-No, señorita, no es cierto- insistió Rafael.

-Pues, entonces, eso que le pasa a veces en la Plaza, ¿no es superstición?

-De ninguna manera, señorita. Eso… ¡Es miedo!

LAS HABAS SE CUECEN EN TODOS LADOS.
JULIO DE 1963… Sabido es que cuando se otorga una alternativa, la concede el diestro alternante de más antigüedad. Sin embargo, en Sevilla, el que hizo doctor a John Fulton fue José María Montilla, pese a que con ellos actuaba César Faraco, ocho años más antiguo que el diestro cordobés.

¿USTEDES LO entienden? Nosotros, tampoco. Según noticias, semejante anomalía sucedió por imposición de cierto poderoso personaje. Que raro, en lo taurino no hay tranzas… ¡¡¡Conocidas!!!

LOS PETOS.
Aunque relativamente moderna la implantación de los petos, para proteger a los caballos de los picadores, la aspiración a establecerla es muy antigua, pues ya en 1870 el escritor catalán Rosendo Arüs y Arderius (fundador de la biblioteca pública de su nombre en Barcelona) escribió esto en su periódico taurino Pepe-Hillo: «Lo que repele y aleja a muchos de las Plazas de toros es el cruento y casi siempre repugnante sacrificio de los caballos de los picadores, único «pero» que puede hacerse a la Fiesta. No comprendo cómo no se ha ideado dotar a los pobres animales de una coraza de ligero metal acolchonado que, resistiendo el empuje del cuerno, salvaguardase al infeliz caballo de la cornada, sin menoscabar en lo más mínimo la ejecución de la suerte.»

… Nos Vemos.
Mi correo es… pedrojuliojmazv@hotmail.com

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