27 julio, 2021

CIERTO… LOS TENDIDOS DE LA PLAZA SAN MARCOS EN LA TEMPORADA DE NOVILLADAS SE COLMAN DE JÓVENES Y NIÑOS… ¿Y LOS “VIEJOS” AFICIONADOS “ON´TAN”?

19 de marzo 2019
La creencia es verdadera. Predomina la idea que, por las apariencias, parece no tener espacio para la duda. Se afirma categóricamente que “se acabaron los aficionados viejos”. Dicen las voces con timbre de alarma que no hay sobrevivientes… Y dicen tales voces que los aficionados “viejos”, esos que a través del tiempo sostuvieron “encantados” una estrecha relación con la Fiesta de toros –y el espectáculo-, son cosa del pasado.

CIERTO… LOS TENDIDOS DE LA PLAZA SAN MARCOS EN LA TEMPORADA DE NOVILLADAS SE COLMAN DE JÓVENES Y NIÑOS… ¿Y LOS “VIEJOS” AFICIONADOS “ON´TAN”?

19 de marzo 2019

La creencia es verdadera. Predomina la idea que, por las apariencias, parece no tener espacio para la duda. Se afirma categóricamente que “se acabaron los aficionados viejos”. Dicen las voces con timbre de alarma que no hay sobrevivientes… Y dicen tales voces que los aficionados “viejos”, esos que a través del tiempo sostuvieron “encantados” una estrecha relación con la Fiesta de toros –y el espectáculo-, son cosa del pasado. Dicen las voces que, al notarse su ausencia en los tendidos de las plazas, los aficionados “viejos” no se acabaron, sino que los “echaron”…

La creencia es verdadera. Los creyentes de semejante creencia insisten en que los aficionados “viejos” siguen vivos, pero que, por alguna razón, ya no van a las plazas. Siguen vivos los “viejos” aficionados, pero, contrariados en lo conceptual, y dañada su capacidad de reacción emocional, se muestran impedidos a justificar y a sentir el “renovado frescor de la naciente alborada”. Desentendiéndose del espectáculo, ya no van a los tendidos de las plazas, pues poco les atrae la lujosa luminosidad del nuevo amanecer de la Fiesta moderna. Y se quedan con sus recuerdos.

La creencia es verdadera. Los observadores de tan lamentable “realidad” aseguran que no logró sobrevivir el “viejo” taurino que, habiendo padecido la cruel venganza del tiempo que, despiadado, les evaporó en absoluta sumisión el incienso que un día aromatizó la capillita de su intimidad religiosa, hoy reclaman y protestan despectivamente con su ausencia sobrecargada de indiferencia.

La creencia es verdadera. Cierto es que muchos aficionados de “la vieja guardia” viven aterrados con las modificaciones desastrosas del progreso, un progreso que le ha dado otra faceta al telón del escenario de la Fiesta de toros. Y es que a dichos aficionados “viejos” –luego de hacer sus comparaciones temporales- no les cabe en la mente la idea de que el progreso, siendo sinónimo de transformación, deba sepultar tradiciones y exaltar mitologías extrañas y novedosas.

¿Cuántos aficionados viejos reconocí en los tendidos en las tres novilladas que se han realizado en la plaza San Marcos? Los conté, y me sobraron dedos de una mano.

La creencia es verdadera. Se cree que el aficionado “viejo” que no logró sobrevivir fue aquel que se sintió incapaz de  conmoverse ante un espectáculo que no hacía mucho tiempo todavía le fascinaba al grado de hacerle perder la razón “apasionadamente”. Pedirles explicaciones de su comportamiento a esos “viejos” aficionados sería como preguntarle a las flores por qué de pronto se animan y se alegran aromando al medio, y de pronto se deshoja y marchitan.

La creencia es verdadera. Se cree que no logró sobrevivir el aficionado “viejo” que no pudo impedir que el tiempo despoblara su cielo de los dioses en el cual vivían, sigue extrañando a sus ídolos insepultos que viven solamente en su memoria… Los dioses-ídolos modernos no le interesan.

La creencia es verdadera. Se cree que no logró sobrevivir el “viejo” aficionado que no soportó que la modernidad, la que para ellos poco tiene de desarrollo, y menos de progreso, evaporara las influencias ambientales que traían consigo las “tradiciones”, costumbres a las que el tiempo inmisericorde le ha cambiado sutilmente de acento y de tono.

La creencia es verdadera. Se cree que ellos, los aficionados “viejos, al no sobrevivir, rompiendo los lazos de unión con la “sagrada tradición”, fundamento de su propia religión taurina, hicieron de la Fiesta un caserón deshabitado, quedándole tan sólo el fantasma de la melancolía y la sombra de la nostalgia.

AFICIONADOS “VIEJOS” LES BUSCO EN LOS TENDIDOS DE LA PLAZA SAN MARCOS Y NO LOS ENCUENTRO… ¿ON´TAN?

La creencia es verdadera. Se cree que dejaron de ser aficionados aquellos “viejos” a quienes la Fiesta dejó una marcada e irrepetible impresión, más que una clara idea transmisible a otras generaciones.

Me siento movido a preguntar… Aficionados “viejos. ¿Se han preguntado por qué los aficionados nuevos, los que tienen antes sus ojos la alegría del sol del nuevo día, tienen que lagrimear con sus tristezas?

Me queda claro que el aficionado lo es a perpetuidad…

Me queda claro que el aficionado sabe que serlo es un privilegio y no una aventura pasajera…

Me queda claro que el aficionado sabe que el toreo, al margen de la temporalidad en la que suceda, encierra un tanto un gozo emocional como una riqueza espiritual imperecederos.