31 julio, 2021

“EN EL TOREO NADAD EN NUEVO, Y LO “VIEJO” ASOMBRA SOLAMENTE CUANDO SE CONVIERTE EN NOVEDAD

“EN EL TOREO NADAD EN NUEVO, Y LO “VIEJO” ASOMBRA SOLAMENTE CUANDO SE CONVIERTE EN NOVEDAD

(Gracias a todas aquellas amables personas que se mostraron complacientes en el día de los “Pepes, entre los cuales me incluyo).

Ayer por la noche, con la intensión de prolongar la celebración “contradictoria” de los llamados “Pepes”, obediente a su llamado, fui a su “cueva” para darnos el abrazo que en cálida reciprocidad muestra nuestro afecto mutuo. ¿Contradictoria”? ¿Habrá acaso otro adjetivo para calificar la acción que alaba el milagro de la “vida”, pero que la “mata” con tan abusiva multiplicación de brindis intensos y desordenados? Para que el siempre amable lector tenga una idea de lo que quiero decir, el huésped de su “cueva” tiene la milagrosa cualidad de convertir el agua en vino, de tal suerte que cuando se agota el líquido espirituoso, ante la súplica de los comensales, le basta una palabra para que se consume el milagro reproductor… “No estamos en Caná, dice mi amigo el huésped, pero el eco de su voz, resonante e imperativo, trasmite la orden, y el vino no falta”… Y así fue…

Me gusta visitar a mi amigo –también se llama José, y en consecuencia le decimos Pepe-. Me gusta su “cueva”, una pequeña habitación con olor a melancolía y sabor de nostalgia, habitada por miles de recuerdos. A mi amigo Pepe lo conozco desde que se plató la eternidad en la memoria, cuando estoy con él tengo la impresión de conocerlo desde el principio del tiempo.

Al margen del afecto que da sentido a nuestra amistosa relación, el anciano -prefiere que así le diga y no le llame viejo pues la ancianidad merece respeto no así el término viejo- sabe que cuando acudo a él lo hago buscando calmar los adoloridos arrebatos de soledad y tristeza,…

Suelo visitarlo al caer la tarde, de tal suerte que con el arribo diario del apesadumbrado manto de la noche que cubre mis expectativas emocionales ha sido él quien, por la gracia de la palabra erudita y experta, corre el velo de las sombras dejando ante mis azorados ojos el luminoso panorama de la emoción y la esperanza…

Recuerdo una de las tantas visitas que le hice. Me llevó a su “cueva” la inquietud espiritual, esa que atormenta sin dejarnos, pero que acaricia cuando da el sí al propósito de enmienda… Fue una pincelada breve, sorpresivamente brillante y reveladora la que, luego de escuchar la dulce voz y serena del afable veterano que retrata en su ajado rostro el inexorable deterioro que obsequia el tiempo, se dibujó en mi imaginación el perfil de la tranquilidad.

Cuando entré a su dormitorio estaba hurgando con esmerada laboriosidad la multitud de libros, de fotos, de pinturas, y de carteles. Se afanaba febrilmente en localizar, según lo dijo al percatarse de mi presencia, un recuerdo que le hablara al oído, y le “gritara” al corazón. Con pesar se da cuenta que cada día le resulta más difícil encontrarlos, y que los chillantes perfiles de su existencia se van emborrando toda vez que progresivamente entre en inagotable deterioro, y aunque no le teme al futuro incierto, no deja por ello de experimentar perturbadora emoción.

Para halagarlo quise conversar, y sin pensar en nada especial le pregunté. ¿Qué hay de nuevo mi dilecto anciano?

Me miró con fijeza, mirada tierna, mirada dura, mirada sobria, mirada delicada.

-“Si me preguntas por lo nuevo, es entonces que ya conoces lo antiguo…”.

Luego de un razonable espacio silencioso se rehízo en la palabra para afirmar sin titubeos.

-“Si algún día encuéntralo antiguo en el toreo sabrás que lo viejo –antiquísima realidad- adquiere valor solamente cuando tiene interés novedoso.

Desistiendo en el afán de encontrar lo que tiene años buscando categórico insistió.

-“PEPE, SIEMPRE TEN PRESENTE QUE LOS RECUERDOS MUERTOS NO SIGNIFICAN NADA”.

Estoy seguro de que mi amigo, tocado por la natural decrepitud orgánica, hubiera sido el más grande de los aficionados, –tal vez hasta hubiera adquirido el grado de maestría- si en el momento decisivo no hubiera callado. Ayer guardó silencio, y hoy nadie le escucha… Ayer su rostro sonreía, y hoy su rostro dibuja melancolía.

-“Lo que pasa Pepe, dijo, es que la Fiesta mexicana es deprimente. Causa lástima el infructuoso empeño de los aficionados que se afanan en encontrar el recuerdo para que, tocado por la suave brisa de la novedad, pueda perdurar por encima de todas las repeticiones del toreo…

-“EN EL TOREO, exclamó con la suavidad del temple de los ancianos, YA NADA ES NUEVO, Y SI ALGUNA NOVEDAD SE PRESENTA, ESA PUDIERA SER LA AGRADABLE SORPRESA DE HACER “NUEVO LO VIEJO”

En monólogo reposado remató su reflexión: -“Pepe, EL GESTO SUBLIME DE LOS TOREROS “VIEJOS”, Y QUE LLENÓ DE ASOMBRO A SUS CONTEMPORÁNEOS ES AN SOBERANAMENTE ATRAYENTE QE HOY EN LAMODERNIDAD PUDIERA LA COMUNIDAD RECIBIRLO CON LOS BRAZOS ABIERTOS.

EN EL TOREO NADA ES NUEVO, Y LO VIEJO ASOMBRA SOLAMENTE CUANDO SE CONVIERTE EN NOVEDAD.