26 marzo, 2019

PARECIERA COMO SI EL TRONCO DE LA FERIA SE FLEXIONARA SIN LAS CORRIDAS DE TOROS…

PARECIERA QUE SIN LA ANIMACIÓN DE LA GRAN VERBENA LAS CORRIDAS DE TOROS PERDIERAN EL ACENTO VERNÁCULO QUE LE ES PROPIO.

PARECIERA COMO SI UNA NO PUDIERA VIVIR UNA SIN LA OTRA.

PARECIERA QUE SIN LA ANIMACIÓN DE LA GRAN VERBENA LAS CORRIDAS DE TOROS PERDIERAN EL ACENTO VERNÁCULO QUE LE ES PROPIO.

PARECIERA COMO SI UNA NO PUDIERA VIVIR UNA SIN LA OTRA.

El tópico es obligado: Los aficionados, dados a su gusto de hablar y hablar, expulsan decires que, valga decirlo, poco tienen de juiciosos, y casi nada de reflexivos. Hablan y hablan: les llegó el tiempo de hablar. Y lo hacen, costumbre inveterada, desairando el beneficio del análisis, instrumento de poca utilidad para la construcción de su argumentación.

Hablar de los carteles, dados a conocer oficialmente la noche de ayer, se vuelve una radiante compulsión que se desborda en una vorágine oral salpicada alegremente por la polémica apasionada. Hablan y hablan, y el que no habla es porque está tomando reposo para de nuevo embestir con su arma preferida: La palabra, hablan y hablan…

Lo curioso del caso es que hablan mucho, pero dicen poco. Lo mismo sucede con los niños mimados a los cuales hay que darles gustos con prontitud: gritan; patalean, se emberrinchan; y lloran con escándalo. Esa es su manera de hablar, y con tiranía exigen ser escuchados.

Me gustaría saber qué quieren los aficionados, preferentemente los aficionados sensatos, los aficionados prudentes, los aficionados juiciosos, los aficionados reflexivos, los aficionados analíticos. Los demás, viscerales y entripados, a pesar de sus exigencias, no me invitan a prestarles atención…

Me gusta platicar con los aficionados cuyo nivel de reflexión les permite separar la religiosa esencia taurina, sobrecargada con el mágico ritual que envuelve al arte mismo, de la lógica del mercado y de los intereses comerciales. Me gusta platicar con esos aficionados; me atraen porque son callados, y de pocas palabras. dicen mucho, hablando poco. Mis oídos no fueron capacitados para escuchar las palabras pronunciadas con estridente y jubiloso entusiasmo… Un “viejo” aficionado -por eso me gusta platicar con aficionados “viejos”- me dijo un día que la verdadera ciencia taurinas siempre permanece muda, y que solo la escuchan los que intuyen la sinfonía del misterio y la musicalidad de la magia.

Hay ruido en la calle. Se oyen voces, se escuchan exclamaciones, los aficionados hablan y hablan sin parar, pero ¿qué opinan los aficionados que no hablan al respecto de los carteles expuestos a la opinión pública? Que las combinaciones anunciadas no ponen en entredicho el alto relieve del famoso ciclo de festejos… Que el nombre de Aguascalientes rebasará fronteras, y que su popularidad seguirá creciendo como las montañas infladas con toneladas de palabras. Anuncian cantidad y calidad, y eso le gusta al aficionado. Las opciones diversificadas son más interesantes que la uniformidad de los colores.

En fin, se escuchan voces. Son las de los que, sintiéndose aficionados, hablan y hablan sin parar…

Prefiero guardar silencio; y callado saber que me encanta admirar la Fiesta de toros como un hecho de interés popular, como un hecho folclórico cuyo argumento es a la vez, en algún grado y simultaneidad, repetición e innovación, conformismo y espontaneidad, como un acontecimiento que, como vieja reliquia, se mantendrá en vida en un espacio cerrado al que sólo abre la creatividad…

Prefiero guardar silencio para recordar que me place el aroma añejo del folclor que recoge los restos de toreo antiguo y su entorno, sobre todo cuando lo hace sobreponiendo las supersticiones, costumbres, historias y tradiciones que sobreviven como anhelos perdidos… ¡Me gusta la Feria Nacional de San Marcos, y me gustan sus corridas de toros…!

Si, en silencio me gusta creer en lo que creo, y sentir lo que siento, y guardar silencio cuando no debo de hablar…

Hoy… Hoy prefiero callar.