5 agosto, 2021

ARRASTRE LENTO

LA FIESTA DE TOROS MEXICANA DE NOCHE.

Extraño título para una reflexión que no aspira a convertirse en un cuento macabro, policíaco, tenebroso y con remate de espanto. La frase fue compuesta letra tras letra, hilvanada meticulosamente como lo hace el artesano de sastrería; la componen inquietudes e interrogantes que me asaltaron en la larga noche de anoche, noche en la que, como en otras tantas, el sueño no quiso asistir puntual a su nocturnal cita diaria.

LA FIESTA DE TOROS MEXICANA DE NOCHE.

Extraño título para una reflexión que no aspira a convertirse en un cuento macabro, policíaco, tenebroso y con remate de espanto. La frase fue compuesta letra tras letra, hilvanada meticulosamente como lo hace el artesano de sastrería; la componen inquietudes e interrogantes que me asaltaron en la larga noche de anoche, noche en la que, como en otras tantas, el sueño no quiso asistir puntual a su nocturnal cita diaria.

Dudé, y creí exagerar. No debo hacer afirmaciones que pueden parecer inconexas con la realidad. ¿ES REAL QUE LA FIESTA DE TOROS MEXICANA VIVE DE NOCHE? En la somnolencia creí escuchar una voz, decía que la noche es una anciana con cara del color de los cabellos negros, y decía que al toreo mexicano lo recubre cabelleras torcidas, extravagantes, esas que en la desordenada decrepitud sin poderlo evitar se precipitan al cementerio. Dudé, y creí exagerar.

¿El toreo mexicano en realidad es tan anciano? Dudé, y creí exagerar. Me resistí a creer que el toreo mexicano esté dando pasos en medio de las tinieblas que enmudecen el alma, y la voz seguía con su discurso ahogado, y seguía hablando de la “reluciente” opacidad del espectáculo en México, “así sucede” –insistía- cuando huye la fe que es luz y esperanza, y la confianza se agota.

Me resistí a creer que el toreo mexicano –espectáculo- habite en la negrura frialdad de la noche, enmudezca y calle. Me parecía insoportable la idea de que la Fiesta de toros mexicana palidezca en los brazos de la noche, y que en ella se convulsione… ¡NO!… Que no, que no puede ser posible que la Fiesta mexicana esté ayuna de color, de brillo y de luminosidad. Creí exagerar, aunque mis temores, lejos de confundirse con la nada, no hacían la graciosa huida, y se hacían presentes… ¡NO!… Que no, que no puede ser posible que el espectáculo se siga hundiendo más y más en las tinieblas de la noche enterrada. ¡NO!… Que no…

Y la voz seguía con su ahogado discurso, “entiende, decía, que un espectáculo que mal dibuja su deformidad en los ratos en los que los ligeros relámpagos de la luna centellean entre nubarrones pardos acusa tormento y espanto; sus perfiles macabros hablan ya de la noche eterna en la que habrán de vivir las sombras que entre la incertidumbre vagan con demencial arrepentimiento.

Pero creí que la voz pretendía consolarme: AGUASCALIENTES ES UN OASIS… Es un accidente excepcional para la Fiesta misma, pero recuerda que en la geografía nacional la Fiesta vive una crisis tan acusada que la renovación de espectadores y aficionados es mera fantasía… Rumorando y en timbre ronco creí entender que me decía: LA FIESTA DE TOROS EN MÉXICO ANDA SIN CABEZA, Y CON LOS OJOS VENDADOS, JUGANDO A UN JUEGO SIN LUZ, TAL Y COMO SI LO PRACTICARAN EN UNA LARGA NOCHE DE INVIERNO, Y SIN PRIMAVERA QUE SE ADIVINE.

Por fin pude dormir, y entre sueños quedé convencido que el toreo mexicano, visto como un ejercicio público de prolongada historia, a pesar de lo viejo que es, necesita conservar el virginal concepto de lo fresco, de lo reciente, de lo nuevo. Me quedó claro que LA RENOVACIÓN DE AFICIONADOS ha sido la tendencia natural de la Fiesta, y el asombro su corona: LA RENOVACIÓN es la novela eterna de las historias viejas, y los asombros nuevos.

RENOVARSE O MORIR.