31 marzo, 2019

EN MIGUEL AGUILAR BULLE UN COLETUDO DE ALTA NOTA

Al salir del romántico coso San Marcos de Aguascalientes, que en su graderío dejó ver lleno, un par de aficionados comentaban: ¡Ojalá el ingrato sistema taurino mexicano se sensibilice y sepa aprovechar a este joven Aguilar!

Sí, razón monumental tuvo el breve, pero sustancioso y certero comentario.

Si, desde luego, cuando se independice ese sistema, la cantidad de buenos toreros que puede contar en su escalafón lo que aún nos queda de patria, sería tremenda. Y toreros de talla internacional, competentes como ellos solos…

 Se anunciaron para esta quinta fecha novillos de Villar del Águila, fracción de Xajay, aunque al sumar, aparecieron tres del primer hierro y tres del segundo, conformando un encierro cuajado, hecho, y que en calificación general cumplieron cabalmente a la hora de la hermosa suerte de varas.

Pese a la desuniformidad en tipo de la partida de reses descrita, fueron aplaudidos al aparecer en el círculo el cuarto y el sexto, idéntico premio que recibió el tercero cuando el tiro de bestias llevaban sus despojos al patio de carniceros.

La presentación como novillero ante sus paisanos de Miguel Aguilar, fue lo mejor de la tarde, y de muchas tardes. Con una experiencia ibérica por demás importante, caló hondamente su oficio, recursos, entrega y conocimiento de la lidia. Es lo mejor que en el circo taurómaco del barrio de San Marcos se ha apreciado en varios años. Pese a la ceguedad del juez, quien le hurtó una oreja, fue sacado en hombros en medio de la emoción de una muchedumbre que ha abierto, una vez más, la esperanza de tener un diestro de alta nota.

Para abrir función, dieron suelta a un cárdeno paliabierto y muy encastado que, siempre fijo, embistió largamente y en todo momento buscó la pelea engañando a muchos cuando señoreó el anillo y buscó el sitio que quiso. Con sobrado entusiasmo André Lagravere (silencio en ambos), aunque desunido, toreó de capa con variedad, clavó banderillas desatinadamente y solo en contados instantes logró algunos pases de valía. Poder, mando y son fueron las virtudes que el bicorne demandó y que nunca llegaron, cerrando el acto una estocada tendida.

Apretado de carnes, de buenas pilas y cuajado fue el cuarto. Probón y tosco él, complicó las cosas al chico galo-yucateco, quien no tuvo otro recurso que tornarse afanoso y derribar al oponente de un pinchazo hondo al segundo viaje.

Un primoroso cárdeno plateado, muy bien armado, irrumpió en el escenario en segundo turno. Y diáfanamente embistió en los tres tercios. Pero el joven Pedro Bilbao (silencio y al tercio) no se enteró de lo que tuvo delante. Luego de un duelo bien hecho en quites con Miguel Aguilar, se dedicó a pegar pases, pocos buenos, y a no obligar al adversario a detonar sus cualidades, fastidiando por momentos a los parroquianos.

De estocada caída antecedida de un accidentado pinchazo concluyó la desabrida actuación.

Alto y largo fue el quinto, y al llegar a la muleta fue tras ella paso a paso, así, materialmente. En los primeros tercios se observó a un chaval desconcentrado, ido, ahí físicamente, pero ausente de alma y mente. Al armar la pañosa superó sus complejos y entonces brotaron detalles toreros, finos, arcanos, románticos y, en rara mezcla, de valentía. Si el joven de ensortijado pelo logra realizar una progresión en su hacer, superando al sistema –lo más complejo- en su persona puede haber un coletudo de honda ejecutoria, de esos que dejan huella dorada.

Acertó la muerte del novillo con una buena estocada al segundo viaje.

Feo de hechuras fue el tercero, pero bravo como él solo; alegre y encastadamente se arrancó a los engaños llevando la testa baja, pretendiendo tragarse todo. Y entonces, en consonancia con el adversario, el de Aguascalientes Miguel Aguilar (oreja y oreja) forjó una faena en la que manifestó su oficio, su clase y buen gusto. Trasteo derechista, bien construido, el de él y que culminó con una estocada en decente sitio.

Lo mejor vendría en su segundo, un hermoso utrero entrepelado, muy cuajado y de excelentes forrajes. Fue probón y tardo, pero el aspirante a las glorias taurinas se plantó atinadamente en los medios y le extrajo meritorios pases por ambos puñales. Bastante por encima del cuadrúpedo quedó. Emocionante torería desparramó sobre el nimbo, pisando con pasmosa firmeza el albero, entibando los pedestales de seda y oro, elaborando una sensacional faena en donde parecía no haberla. Paró, templó, aguantó y mandó. Con el público en el puño, se fue tras la toledana y atizó una estocada ligeramente contraria y tendida. Dos orejas habrían sido justas para su exposición de maciza torería, pero el juez, en flagrante robo, no sacó más que un pañuelo…