7 abril, 2019

LA HISTORIA NO ES MÁSCARA, LA HISTORIA ES UNA REALIDAD REVELADA, CONTADA Y PROYECTADA AL FUTURO ALABANDO EL PASADO

Hace no más de media hora -hoy domingo 7 de abril; una de la tarde y piquito-, rumbo a la plaza de toros San Marcos volví a encontrarme con don Jesús, viejo conocido que gustando hablar de lo que está en el ramaje del tronco de la Fiesta de toros transmite su raro gusto por hacerlo. La plática fue breve, pero como suele suceder, lo conversado con mi apreciado amigo fue motivo de reflexión.

Hace no más de media hora -hoy domingo 7 de abril; una de la tarde y piquito-, rumbo a la plaza de toros San Marcos volví a encontrarme con don Jesús, viejo conocido que gustando hablar de lo que está en el ramaje del tronco de la Fiesta de toros transmite su raro gusto por hacerlo. La plática fue breve, pero como suele suceder, lo conversado con mi apreciado amigo fue motivo de reflexión.

Me invitó un cafecito; lo gustamos a un costado del viejo coso. Entre sorbo y sorbo me comentó que le había parecido interesante la columna Arrastre Lento publicada el día de ayer sábado. “Don José, es raro encontrar reflexiones diarias como la que usted publica, sus comentarios me parecen motivadores de curiosidad, y ponen a pensar, por eso me siento movido a preguntarle: ¿Qué tan cierta es la “Historia” de los toreros?

-“Don Jesús, qué le puedo decir, acaso lo que en realidad tiene sentido es que el hombre, con tendencia genética a la nostalgia, a través de la cultura -la que se desprende de la “Historia”- se inventa a sí mismo construyendo su propia imagen. Se hace a sí mismo, aunque en ocasiones no se apegue a la realidad histórica… Todo es posible. Me queda claro que el medio taurino modifica la Historia, la deforma y la precisa a su antojo, a su conveniencia, y a su interés. Ajustándolo a los sentimientos de grandeza, el taurino hace del torero un mito, y al mito y a la Historia alaba con el inspirado y ennoblecido recurso de la prosa fácil y en ocasiones de la poesía con aires de fantasía. Y gusta el taurino a construir mitos dejándolos a la perpetuidad envueltos en el celofán del recuerdo inventado. Y el taurino se satisface con el reposo y la dicha de sus propias nociones, algunas reales, y otras supuestas…

No sé si aceptó mi discurrir, pero don Jesús me dejó hablar, fue cuando le comenté que a Pedro Romero, a Costillares, a Pepehillo, a Frascuelo, a Lagartijo, y a tantos y tantos que fueron realidad, finalmente el taurino los reconstruye. No me dejará mentir don Jesús, pero usted está al tanto que la cultura taurina toma sus personajes de la Historia, los mitifica, y les canta en encantado verso y en recia prosa desprendidos de la inspiración.

-“Estoy de acuerdo con su punto de vista don José, comentó don Jesús, hay la tendencia a destruir, modificándolas, realidades, variantes que le dan a la Historia un tufo de mentira, un aire de exageración, y hasta la convierten en poesía, poesía encarcelada en la recitación, recitación que se convierte en rima de fantasía.

Volvimos a coincidir, por lo cual permitió que la palabra saliera de mi boca. –“No me dejará mentir don Jesús, pero a tal grado llega la exaltación maniática de los taurinos de hacer otra Historia del Historia que los personajes reales si pudieran verse a sí, se colapsarían en el asombro pues sería desconocidos para sí mismos”.-

-“¿Qué tan real, me cuestionó don Jesús, es el retrato que la historia reproduce de Gaona, de Armilla, de Garza, de “El Soldado”? ¿Qué tan fidedigno es el óleo mental de “El Calesero”, de Rafelillo, de Capetillo, de Huerta, de Martínez, ¿de Rivera?

No hubo respuesta, pero de nuevo coincidimos en puntos clave, quedamos de acuerdo que el taurino, obediente a sus instintos emocionales y a sus tendencias poéticas, a través del discurso de la cultura oral se siente empujado a darle una dimensión de grandeza a su pasado, y entre evocaciones extremas experimenta el hambre de rehacerlo. Alabándolo, el taurino proyecta su inclinación a renacer.

Quedamos de acuerdo: hay nombres mitológicos que se imponen a la realidad, se rebelan a la Historia, y la poesía, en complicidad con la inspiración, le da ritmo, sonoridad y cadencia nueva al encanto viejo, y entre ritmos y canciones algo modifica la realidad. Y crece el mito, y se modifica la Historia. Quedamos de acuerdo.

Quedamos de acuerdo: lo ideal es que la Historia no nos cuente historias modificadas. Quedamos de acuerdo: el taurino teme estar solo, y su existencia la auxilia con la evocación de fábulas enmascaradas con el maquillaje nuevo del rostro viejo… Quedamos de acuerdo: la cultura taurina moderna tiene marcada tendencia de querer igualar a la torería actual con la grandeza de los heroicos titanes que asumieron la paternidad del toreo, y eso no se vale.

Quedamos de acuerdo, la Historia es mentira si no le da a cada quien lo suyo. La Historia no es máscara, es una verdad revelada, contad y proyectada… Quedamos de acuerdo…

Y nos despedimos, fuimos al sorteo, a recoger unos boletos, y a vernos a las seis de la tarde en la plaza que registrará otro lleno impresionante.