10 abril, 2019

ARRASTRE LENTO

HAY DE NUEVO ALEGRÍA EN EL CORAZÓN DE LOS AFICIONADOS DE AGUASCALIENTES.

HAY UN NOMBRE QUE SE APROXIMA A LA CELEBRIDAD: “MIGUEL AGUILAR”.

Escandalosa metamorfosis…

HAY DE NUEVO ALEGRÍA EN EL CORAZÓN DE LOS AFICIONADOS DE AGUASCALIENTES.

HAY UN NOMBRE QUE SE APROXIMA A LA CELEBRIDAD: “MIGUEL AGUILAR”.

Escandalosa metamorfosis…

Una de las impresiones fulgurantes de mayor densidad, súbitas, sorpresivas y arrebatadoras, ante las que me haya conmovido, han sido las vividas tanto en la contemplación del toro de lidia, como la excitación de las corridas de toros.

Era niño, y del toro me impresionó su poder magnético, su notable corpulencia, su atractiva y amenazante arrogancia seductora, su mirada inexpresiva, y su elegante silencio. ¡Qué no me cautivó del toro!

Era niño, cuando en los corrales de la plaza de toros San Marcos la vi a través de las ventanillas poniéndome de puntitas, y dando nerviosos saltitos: me paralizó inmovilizándome, queriendo huir; vi dos astros repletos de una intensidad legendaria que los hacía temibles. Eran dos pitones que brillaban con incendiaria presencia luego de haberse pulido en el adormecido aire campirano de la dehesa.

Y en España también se ha dejado ver el de Aguascalientes

Era niño, cuando fui a la primera corrida de toros, con docilidad bestial quedé atrapado por el aromado aire de su ambiente, perfumada envoltura de un misterio inexplicable; olores intensos, colores brillantes, brillos diamantinos, sangre teñida en drama, belleza sin explicación, timbres marciales, pasos dobles en fanfarrias, sol y sombra enfrentados, embrujo al que nunca he podido darle definición.

Era niño, su indumentaria, primor de artesanía, correspondía al príncipe que con sus proezas y hazañas me hizo vivir los primeros estragos de las sensaciones novedosas. Nunca antes había padecido alguna delante de un cuadro cualquiera. Gozo embelesado en la contemplación deleitosa y sorprendida del iris fascínate del toreo.

Era niño, toro y torero. Sin yo saberlo, y teniéndole miedo y admiración al ungulado, me inscribí en el noviciado. Sin yo saberlo, aunque sabiéndolo el destino, luego de la primera vez que vi un toro de lidia, y la primera corrida de toros, me subí a la barca de la fantasía, mi vida dio un giro, y fue el viento incontrolado el que la empujó hacia un caprichoso navegar en el agua incierta de los mares, y en el vapor de la ilusión pues, aunque en diferente forma, vapor y agua son la misma cosa.

Era niño, cuando conocí la fantasía que pare ilusiones. Era niño. Cuando era niño conocí la FIESTA DE TOROS.

Era niño, y quería ser grande. Con sorpresa y asombro, viéndome al espejo, me atormenta la metamorfosis.

Alejado de la niñez, envejecido el ánimo, desanimada la esperanza, he tenido que soportar los lamentos de los aficionados cansados en su peregrinar de luto. Vestidos de negro no encuentran la manera de evitar que a la Fiesta de toros la recubran con palas de tierra, y la depositen en el campo donde se multiplican las fosas.

Alejado de la niñez, envejecido el ánimo, colapsada la esperanza, he tenido que luchar contra los brujos que en la oscuridad dan luz a la envidia, brujos que, comandados por el tortuoso delirio de los que se sienten guías de la humanidad, vengativamente se muestran intolerantes con las estrellas de la armonía, la tradición y el respeto.

Alejado de la niñez me siento triste. Alejada de su niñez la Fiesta se siente otra, se siente triste, ve que su cuerpo, tal y como la piel de los humanos cuando llegan a adultos, se está derrumbando a pedazos.

Alejado de la niñez he perdido la capacidad de escuchar, y ya no logro percibir con claridad la voz de la Fiesta que ruega, suplicante, que no la desnuden ni despojen de su vestidura poética-romántica toda vez que sin ésta se siente desprotegida, desamparada, luciendo diferente, TAL Y COMO LA MUJER QUE AL LEVANTARSE SE LA MIRA OTRA SIN LA MASCARILLA DEL MAQUILLAJE.