30 julio, 2021

DESGRACIADO ENCIERRO DE SAN ISIDRO

FOTOGRAFIAS POR: PEDRO JULIO JIMENEZ LOPEZ
Los más poderosos detractores de la tradición taurina mexicana, que ya ronda el medio milenio, son los mismos que forman parte de su delicada vértebra.

Unos de los más grandes enemigos de la fiesta brava son los amos de la dehesa aguascalentense de San Isidro, de cuyos pastos remitieron a la Monumental de Alberto Bailleres, un encierro bien presentado, con varios toros de primorosa lámina, pero descastado de verdad todos. Aquello fue una tediosa peregrinación de bueyes.

Los más poderosos detractores de la tradición taurina mexicana, que ya ronda el medio milenio, son los mismos que forman parte de su delicada vértebra.

Unos de los más grandes enemigos de la fiesta brava son los amos de la dehesa aguascalentense de San Isidro, de cuyos pastos remitieron a la Monumental de Alberto Bailleres, un encierro bien presentado, con varios toros de primorosa lámina, pero descastado de verdad todos. Aquello fue una tediosa peregrinación de bueyes.

No fue una tarde de mala suerte ganadera, que va, es la costumbre de los patrones del criadero el producir bóvidos sin raza, pero esta vez se les paso la mano…

En atención a eso, el desilusionado público, que cuajó casi la media entrada, despidió con sonoros pitos en el arrastre al primero, cuarto, quinto y sexto bureles.

Lo único que merecidamente aplaudió el desencantado cotarro, fue el desempeño en banderillas de los tres actores durante el juego de los tres primeros astados, cuando cada titular invitó cortésmente a sus alternantes. Oficio, facultades, recursos y disposición desparramó la tercia en cada par.

Abrió el sofocante torrente de mansedumbre un toro desesperante que, con solides tremenda, encajó las pezuñas en la corteza arenosa y fue imposible extraerle un pase. Muy consciente, como inteligente y profesional que es, el diestro tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata” (palmas en ambos) sintetizó las cosas y lo despeñó de una estocada de sobresaliente preparación y ejecución.

Otro perfecto manso se soltó en cuarto turno, y apenas pisar la arena, se afianzó a ella reciamente. No había como sacar provecho y el diestro, luego de haber cuajado un acertado segundo tercio, comprimió el asunto y se deshizo de él rápido y bien, según otra estocada bien ejecutada y colocada en decente sitio.

El granadino coleta David Fandila “El Fandi” (vuelta tras petición unánime de oreja y palmas) propuso todo su oficio y su vehemencia logrando extraer más que decoroso partido a otro ejemplar de compacta mansedumbre al que finalmente le sumó una faena de menos a más, hecha con muletazos auténticamente hurtados. “De la nada” hizo que surgiera el trasteo al que adornó con la corona al modo de una buena estocada.

Con avasallantes facultades físicas adornó el morrillo del quinto, otro buey que formó el grupo, y al que por más lucha que le hizo, fue imposible que le arrancara ya no digo una tanda, un solo muletazo de mención.

Al tercero apenas sí se le enseñó la almendra, y por ello pasó al último tercio con cierta movilidad, pero con escaso chiste. El diestro Israel Téllez (palmas tras aviso y palmas), por su parte, hizo suyo lo poco aprovechable del antagonista y realizó una faena decorosa, tanto al usar el engaño rosa como el púrpura, manteniendo en todo instante su entusiasmo en ebullición, aunque sudando luego en la suerte suprema.

Para cerrar el aburrido festejo, el de Uriangato luchó sin alcanzar el éxito. Aquel sexto fue, para no variar, descastado hasta el hartazgo y no sirvió para nada.